Si bien las ambiciones políticas de los burócratas son válidas, la conducta chapulín en México deja entrever que la perpetuación en los distintos cargos de elección popular está regida por lealtades partidistas, y no por la herramienta de evaluación que debiera ser el voto de los electores, opina el Centro de Investigación para el Desarrollo, AC (CIDAC).

Este think tank expone que el chapulinismo es síntoma del secuestro de la democracia desde la partidocracia.

Se les llama chapulines a aquellos funcionarios que piden licencia de su puesto actual para competir por un cargo de elección popular o pasar de un curul o escaño federal al ayuntamiento, o al Congreso local, o a la gubernatura o viceversa.

El CIDAC menciona que mientras en las elecciones del 2012 hubo hasta 220 legisladores federales chapulines, en el 2015 serán por lo menos más de 60, sin contar a aquellos legisladores locales que pretenden migrar a la Legislatura federal.

Para este centro, los comicios plantean una dinámica perversa que funciona como una reelección de facto, pero hacia una posición de poder distinta, y no necesariamente determinada por el buen desempeño de un candidato.

Es así que el sistema electoral vigente crea distorsiones que permiten fácilmente largas carreras legislativas o en la administración pública, sin ser necesaria la rendición de cuentas por la vía del voto.

El grupo de analistas observa que si bien la reforma político-electoral del 2014 pretendió paliar esto con la reelección legislativa y las candidaturas independientes, el diseño de estas herramientas introdujo incentivos todavía más perversos para premiar a la estrategia política.

El think thank argumenta que a partir del 2018 la reelección, en los términos en los cuales está planteada, funcionará como una simulación con candados partidistas y las reglas excluyentes de las candidaturas independientes hacen de la figura un mecanismo de élites con acceso a amplios recursos económicos y red de apoyos políticos.

El sistema electoral mexicano, como opera en la actualidad, consolida a una especie de aristocracia de políticos que no necesita desarrollar suficiente experiencia en la oficina , destaca el CIDAC.

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