Los verdaderos ganadores del pasado debate presidencial fueron en primer lugar, la Maestra Elba Esther Gordillo y en segundo lugar, el Presidente Felipe Calderón. En un nada despreciable tercer lugar, quedó la famosa edecán del IFE cuyo nombre prefiero olvidar. Permítame, querido lector, explicarme. Por estrategia, a ninguno de los candidatos que representaban a un partido grande le convenía debatir con Gabriel Quadri. Sabían que tenían mucho que perder y prácticamente nada que ganar debido a la considerable distancia que existía en las encuestas entre el último lugar y los demás competidores.

Así, el candidato de Nueva Alianza pudo explayarse en sus propuestas y tirar uno que otro golpe sin recibir respuesta de los demás debatientes. También tuvo el camino libre para promocionarse como el candidato ciudadano.

Irónicamente, de los tres candidatos Quadri es el menos ciudadano. Precisamente es el más encadenado a intereses corporativistas: aquellos creados por la maestra, que créame, son muchos. Con la engañosa actuación de Quadri, Nueva Alianza quizá mantenga su registro. Ese logro permitiría que la maestra disponga, otra vez, de capacidad para negociar con el próximo gobierno un abundante botín en forma de puestos para colocar a sus alfiles, buscando obtener cierta influencia y mucho dinero (público) en el próximo sexenio. Por supuesto, olvídese de una Reforma Educativa (que mucha falta hace). Los más afectados, como siempre, serán los verdaderos ciudadanos, especialmente quienes pagan impuestos y matriculan a sus hijos en escuelas públicas. En el nuevo escenario, parte de esos impuestos irá a parar a las arcas del negocio político de la señora Elba Esther (el partido Nueva Alianza) y los hijos de las clases mayoritarias seguirán recibiendo una educación de pésima calidad.

El segundo lugar lo obtuvo el Presidente Felipe Calderón. Su nombre tampoco se mencionó en el debate, a pesar de que el país está hundido en una crisis de seguridad que su gobierno ha sido incapaz de contener y que afecta a todos los mexicanos. Decenas de miles de muertos no son suficientes para que los candidatos se tomaran en serio tan importante tema y se ocuparan únicamente en señalar los aciertos y los errores que ha tenido la actual administración en ese rubro. Pero sobre todo, faltó que explicaran qué harán ellos, de llegar a la presidencia para solucionar el problema de fondo. Privatizar Cárceles, Mando Único de Policía y crear una Policía de Clase Mundial fueron algunas de las medidas poco novedosas que propusieron los candidatos. Por supuesto, esas propuestas aisladas son insuficientes para resolver un problema de seguridad tan complejo como el que aqueja a México.

El fenómeno del narcotráfico en nuestro país ha alcanzado niveles alarmantes. Ya dejó hace mucho de ser un problema de Seguridad Pública, para convertirse en mucho más. Es también un problema económico que ha afectado a los pequeños, medianos y grandes empresarios. También es una lacra social, de educación y de salud, que afecta a las familias mexicanas. Lo es también en el ámbito internacional, porque lastima la imagen del país frente al resto del mundo. Pero lo más grave, es que los grupos armados del narcotráfico ya retan de manera abierta al Estado Mexicano, al punto de que existen zonas en el país en donde no está claro quién gobierna. Estamos hablando de un fracaso en el mantenimiento de la soberanía nacional y en el ejercicio de la función más elemental del Estado: la protección de los ciudadanos. La solución de ese problema tan complejo requiere de una combinación de medidas que lo atajen en sus distintas fuentes de manera conjunta y vinculada. Se necesita un paquete de seguridad, no ocurrencias simplistas y desarticuladas.

El tercer lugar lo obtuvo la edecán, a quién próximamente le lloverán propuestas para volver a posar por una buena cantidad de dinero. Todo gracias a la falta de sentido común que alguien (quien sabe quién) no tuvo.

La desmedida atención que recibió el ya famoso escote es un reflejo alarmante respecto a lo que verdaderamente interesa a los votantes. Es de esperar que la próxima edición de Playboy pueda saciar su curiosidad morbosa.

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