Esta es una crónica de varias voces, un relato oral de un día histórico: la movilización de mujeres del 8 de marzo de 2020. Un reclamo compartido: seguridad e igualdad, con la potencia de la voz de miles de mujeres que tomaron las calles ese día. Esta crónica en 7 tiempos incluye las voces de periodistas, economistas, sociólogas, publirrelacionistas, para contar una sola historia: el día en que las mujeres dijeron basta en un país que registra la muerte de 10 mujeres al día y con altos niveles de desigualdad social y económica.

1. Todas las voces contra el silencio

Ana Karen García, periodista: Desde un día antes, mis amigas y yo no podíamos parar de hablar sobre la marcha. Nos quedamos de ver afuera del Metro Revolución para ir todas juntas. Para casi todas ésta no era la primera marcha a la que acudíamos, pero sin duda no pudimos evitar sorprendemos al llegar y ver a tantas mujeres, tantos carteles, tantos pañuelos y tantas voces que sonaban como una sola. No habíamos visto algo igual.

Isamar R. Escobar, periodista: Al 20 para la 1 fue la hora en la que nos quedamos de ver un grupo de amigas y yo en el Metrobús Plaza de la República. Caminamos con una energía emocionada. Un par de ellas estaban temerosas porque era su primer marcha y no es para menos tener miedo tras las coberturas tan atroces que se suelen hacer respecto a las marchas.

La primera parada fue en el Frontón México. Pasamos entre ríos y ríos de mujeres a saludar a una amiga e integrarnos en su contingente, pero yo tenía prisa por llegar a la esquina de la información (Balderas y Reforma) donde finalmente estaba el contingente al que nos íbamos a unir: #SoroRosa. A lado esperaban las mujeres de #PUM (Periodistas Unidas Mexicanas), ese colectivo que el año pasado hizo cimbrar las estructuras de los medios de comunicación machistas. ¡Mi mero mole!

Encontré a un par de amigas y colegas, nos abrazamos y nos felicitamos por estar ahí. Entre que nos contamos de qué manera se iba a cubrir, les conté que preferí no hacerlo para mi periódico porque el tema de feminismo me pone muy radical, muy activista y me dan ganas de quemarlo todo. Así que sólo iba a tomar fotos, videos.

Foto EE: Eric Lugo

Valeria Rojas, periodista: No me había sentido tan valiente como me sentí en la marcha y con el grito de esperanza del 8M. Un acto esperado por años por muchas mujeres, como mi madre de 60 años, y el latido de revolución para otras, como mi sobrina de 13 años. Y como yo, quien a modo de “suerte”, como todas las que estábamos ahí presentes, hemos sobrevivido a este México.

Mientras caminaba me llenaba de preguntas: ¿cómo llegamos hasta este punto en el que tenemos que pedir que no nos maten? ¿Todas hemos sido violentadas en algún punto de nuestras vidas? ¿Y si en alguna de esas veces no hubiera salido librada? Algo tiene cambiar a partir de hoy, me decía a misma.

Patricia Amador, socióloga: La euforia por salir a caminar comenzó un par de días antes del 8 de marzo. Quería salir a manifestarme por mi hija, por mis primas, mis amigas, por todas las mujeres que conozco y las que no. Días antes me sumé a un contingente sumamente organizado, éramos cerca de 200 mujeres. Se habían hecho playeras para distinguirnos y así caminar juntas. Comenzamos a llegar al punto de reunión, el Monumento a la Revolución, en punto de las 12:30. El acceso desde el metro estaba imposible. La euforia brotaba por todos lados. Las consignas subterráneas hacían vibrar el corazón.

Con playera puesta, y como pudimos, fuimos acomodándonos alrededor del monumento con dirección al zócalo de la Ciudad de México para comenzar la caminata. En el contingente había mujeres de la tercera edad, niñas y niños, una carriola y una embarazada. El sol estaba durísimo, pero el ánimo no decaía. Consignas por aquí, por allá. Pañuelos verdes y morados por doquier.

Ana Karen García, periodista: Tomé la línea café y ahí estuve prácticamente sola en el vagón. Cuando transbordé en Chabacano para llegar a Revolución comencé a ver mares de mujeres y entre ellas uno o dos pares de hombres. Incluso en los vagones mixtos. Desde ahí ya muchos grupos de mujeres llenaban todos los vagones con bailes y canciones de unión. Los colores verde y violeta opacaban todo el anaranjado característico del metro capitalino.

Bajar del metro tomaba su tiempo. Éramos demasiadas. Al llegar y encontrar a mis amigas comenzamos a marchar, desde las 2 de la tarde y hasta las 4. El camino fue hermoso y totalmente tranquilo. Gritamos, cantamos, lloramos y nos abrazamos, no sólo entre nosotras, sino entre muchas mujeres más que no conocíamos.

Foto EE: Eric Lugo

Isamar R. Escobar, periodista: Al cuarto para las 2 nos acomodamos por contingentes y comenzamos a marchar. Ahí estaban Carmen Aristegui, al pie de la esquina de la información haciendo su trabajo; más adelante, la mamá de Gael García y Camila Sodi, Natasha Dupeyron y las chicas del grupo de música indie Ruido Rosa. Todas mezcladas en la marcha.

Me dispuse a usar de terapia la marcha. Grité las consignas, las sentí, mi piel estaba chinita, tomé fotos, iba callada, quería escuchar todo. Mis sentidos estaban más despiertos que nunca.

Belén Kemchs, periodista y fotógrafa: Mujeres, colores, imágenes, consignas, revolución y unión son las palabras que llegan de inmediato a mi cabeza cuando pienso en la marcha del 8 de marzo en la CDMX. Llevo años asistiendo a este recorrido y nunca antes había sentido la energía tan encendida en busca de justicia y libertad.

Isamar R. Escobar, periodista: Mujeres con hijas y hasta señoras de la senectud estuvieron a los costados de la marcha con carteles demostrando el apoyo y el orgullo de que se están tomando las calles. La marcha fue tranquila, pero quienes iban fuera de los contingentes se veían angustiados. El movimiento impone.

Rosalba Delgado, internacionalista: “Y retiemble en sus centros la Tierra”. Estremecedor. No alcanzo a reconocer todo lo que percibo y siento. Es imponente.

Llegamos temprano, muy temprano y ya había muchas mujeres en la explanada del Monumento a la Revolución. Morado, negro, blanco, verde. No puedo prever cómo va a ser y si vamos a lograr hacer una marcha concurrida que refleje el nivel de frustración y necesidad de hacer que las cosas ocurran. Tal vez muchas tuvieron miedo de venir o realmente no somos tantas. La valentía de las redes sociales se diluye en el mundo real. Encontramos a nuestro contingente, nos saludamos y esperamos que inicie. Falta media hora.

Marisa Real, economista: El #8M2020 fue mi primera marcha feminista y fue uno de los sentimientos más fuertes y conmovedores que he experimentado. Por primera vez en mi vida me sentí comprendida. Era increíble ver a tantas y tantas mujeres unidas por un solo motivo: justicia.

Se podía sentir el hartazgo que todas llevamos cargando, pero sobre todo el apoyo entre mujeres.

No podía evitar sentir un nudo en la garganta cuando todas coreábamos al unísono el “Mujer, escucha, esta es tu lucha”. Me encantó encontrarme con conocidas, o con mujeres famosas, como actrices o influencers, y darme cuenta de que esta lucha no tiene distinción de edades ni niveles socioeconómicos.

Foto EE: Eric Lugo

2. Una multitud paralizada

Rosalba Delgado, internacionalista: Ya son las 3:30 de la tarde. No nos hemos movido ni medio metro. No puede salir nuestro contingente de la explanada. Por los costados se empezaron a integrar tantas más que los del centro no teníamos forma de salir. De atrás gritan a coro que avancen. Las de adelante gritan que lo están intentando pero que por favor no empujen para que salgamos en orden y sin lastimarnos. Me doy cuenta de que a pesar de lo abrumador y multitudinario, no me siento en peligro. Todas me cuidan. A todas las cuido.

Patricia Amador, socióloga: Quince minutos, media hora, una hora. No avanzábamos. El sol se sentía cada vez más fuerte, estábamos ansiosas con caminar… y nada. La idea era “Avancemos, avancemos, avancemos”. Pero nada. Así por casi una hora. Nunca en una marcha me sentí tan nerviosa, atrapada, sofocada, claustrofóbica. Las niñas estaban nerviosas, inquietas. Decidimos salir y tratar de caminar por los costados.

Nuestro contingente se partió en varios pedacitos. La idea de caminar juntas se disolvió. Yo me quedé con un grupo de 20 compañeras aproximadamente. No había señal de celular. Tratamos de caminar por los costados. Ahí también estaba saturado. Pero ahí corrían y empujaban chicas encapuchadas, vestidas de oscuro, con botes de pintura y globos llenos de “algo” que no supimos qué era. Se veían bastante organizadas. La gente gritaba a su paso “no más violencia”. Había humo, se escuchan rumores de que la cosa estaba fea por Bellas Artes. Sentimos miedo, cansancio, decepción. Nos convencimos de que estaría difícil llegar al zócalo.

Las jacarandas de la Alameda Central. Imagen de la crónica fotográfica de Santiago Arau de las movilizaciones feministas del 8 de marzo de 2020 en la Ciudad de México. Foto: Santiago Arau
Las jacarandas de la Alameda Central. Imagen de la crónica fotográfica de Santiago Arau de las movilizaciones feministas del 8 de marzo de 2020 en la Ciudad de México. Foto: Santiago Arau

3. Petardos, humos, explosiones

Isamar R. Escobar, periodista: A la altura del Hemiciclo a Juárez se escucharon petardos, golpes, gritos y por instinto corrimos. En instantes gritaron “¡Tranquilas, tranquilas, es humo, no es gas!”. Nerviosas nos volvimos a integrar a la ruta y al estar frente al monumento, rodeado por seguridad pública, se le reprochó a los policías: “¡Ojalá así nos cuidaran, ojalá así nos cuidaran!”. Los puños bien apretados y con enojó vibraban hacia el cielo.

Ana Karen García, periodista: Al llegar al Hemiciclo a Juárez todos los contingentes se detuvieron porque los cuerpos policiacos femeninos estaban amurallando el paso para pasar Bellas Artes y seguir hasta el zócalo. Abandonamos el contingente y decidimos caminar hacia otras calles para ver qué sucedía y con el objetivo de llegar al punto final.

Mientras caminábamos escuchamos un sonido parecido al de una explosión y vimos salir algo que parecía humo, así que nosotras y la mayoría comenzamos a correr. Paramos y comenzamos a ver a muchas mujeres con ojos llorosos, preguntamos si necesitaban algo, pero nadie sabía lo que les habían lanzado, así que tampoco sabíamos cómo actuar. Ellas nos contaron que fueron los cuerpos policiacos.

CRÓNICA FOTOGRÁFICA: Así marcharon las mujeres contra la violencia en México el 8 de marzo de 2020 

4. El zócalo bloqueado

Ana Karen García, periodista: Caminamos alrededor de una hora y media por calles paralelas intentando llegar al zócalo, pero cada vez salían más y más policías. Ahora también hombres. Entre forcejeos, aventones, gritos e insultos, los cuerpos policiacos nos contuvieron a todas las mujeres que nos quedamos atrás y que no pudimos llegar a la plancha del zócalo.

Decidimos regresar a casa. En el camino nos acompañaron muchas otras mujeres, niñas y niños que también optaron por irse al no poder pasar, adentro de los vagones las canciones y los bailes volvieron a hacerse presentes.

Escuchamos de lejos a una niña decir a sus padres: “Entonces el paliacate es para que se protejan si les avientan cosas y para que no les vean sus caritas y ellas pelean porque están enojadas y si no, nadie las escucha”. No pudimos evitar llorar un poco.

Nunca vi tanto amor y tanta furia juntas.

Rosalba Delgado, internacionalista: No sé si somos medio o un millón de mujeres ahí, gritando juntas “¡Ni una menos!”, sólo sé que después de marchar casi 5 horas, los disturbios fueron los menos y lo menos relevante. En todo caso, el objetivo no era lastimarme a mí ni a ninguna de nosotras. No sentí miedo. Sentí su frustración. Lloré con ellas. No podemos pasar al zócalo, no hay paso. La información es confusa. No cabe un alfiler en Reforma y Avenida Juárez. Siguen volando drones. Si alguien piensa que esta marcha no tiene eco, que no servirá para nada y que la cobertura mediática será objetiva, entonces no conoce en lo más mínimo el fenómeno ni a las nuevas mujeres mexicanas.

Patricia Amador, socióloga: La idea de bailar y cantar juntas en la plancha del zócalo exigiendo “Ni una más” estaba cada vez más lejos. Del contingente de 200 quedábamos 3. Decidimos no avanzar más, tomamos Reforma y decidimos caminar al metro para irnos. ¿Qué pasó? ¿Por qué no pudimos llegar? ¿Quién nos hizo esto? ¿Por qué no hay una sola fotografía de la plancha del zócalo a reventar? Si no cabía ni un alfiler. Si éramos miles por todos lados.

Foto EE: Eric Lugo

5. El zócalo ardiendo

Isamar R. Escobar, periodista: Al llegar a la calle 5 de Mayo un grupo de encapuchadas comenzó a golpear las bardas que impedían avanzar, a romperlas y a tratar de abrirnos paso. Todas expresamos un “¡Sí me representan, sí me representan!”.

Entre las que pudimos avanzar, lo hicimos al paso y grito de “Ni una más, ni una más” hasta recorrer todas las consignas que toda feminista de hueso colorado se sabe. Desde la del patriarcado hasta las que citan a pendejo no, mujer escucha, América Latina feminista, el violador eres tú, somos malas, podemos ser peores y otras más... Al llegar a la plancha del Zócalo todo se sintió tenso.

Foto EE: Eric Lugo

Isamar R. Escobar, periodista: Agua teñida de rojo y mujeres en el suelo, estaban simulando la sangre, los nombres de las desaparecidas en el suelo, las bardas atascadas de cartulinas y carteles con mensajes reclamando justicia y que nos cuiden o por lo menos que no nos maten, que no nos violen, que no nos acosen, que no nos hostiguen. Que nos respeten.

Hombres que solo estaban estorbando, provocando o no sé qué hacían. Por lo menos vi 7, a todos se les pidió de muy mala manera que se retiraran y se fueron moviendo.

Al estar en la plancha nos sentamos a tomar agua y a compartirnos los dulces y barritas energéticas que traíamos. Nos medio presentamos y la gran mayoría se despidió. Yo no me quería ir y avancé con mi amiga Karen hacia la puerta de Palacio Nacional.

Eran las 6 de la tarde. Se estaba metiendo el sol, la puerta estaba bien custodiada por policías, la mayoría mujeres, y bomberos. De la nada comenzaron a volar las bombas molotov y fue cuando decidí moverme.

Plancha del zócalo de la Ciudad de México. Imagen de la crónica fotográfica de Santiago Arau de las movilizaciones feministas del 8 de marzo de 2020 en la Ciudad de México. Foto: Santiago Arau
Plancha del zócalo de la Ciudad de México. Imagen de la crónica fotográfica de Santiago Arau de las movilizaciones feministas del 8 de marzo de 2020 en la Ciudad de México. Foto: Santiago Arau
Foto EE: Belén Saldívar

6. Vivas nos queremos

Rosalba Delgado, internacionalista: Harto machismo en redes (hombres y mujeres). No les deseo nunca que sean esas personas quienes tengan que marchar el próximo año con una pancarta y el nombre de su pariente asesinada para sentir empatía. La energía es de desesperación pero también de evolución; de cambio.

El patriarcado no se va a caer, lo vamos a tirar, ¡por nuestros ovarios!

Vine por mí, por mis mujeres, por mi hija. No estoy sola, somos todas nosotras. Vine por mi hijo, porque sea parte de la solución y no del problema. Por fin tienen una cara, por fin escucho en vivo sus voces. Hago lo mejor que puedo para que todas vivamos sin miedo. Tú y las hijas de aquellos que hoy se indignan por una pinche pared rayada, por una marcha de miles de mujeres hartas y por que “no son las formas”. Es hasta por ellas y ellos, los que no entienden que no entienden.

Foto EE: Eric Lugo

Yuriria Pavón Vieyra, publirrelacionista: Para llegar a la victoria hay que ganar muchas batallas, este #8M y #9M, miles de mujeres en México nos unimos como nunca, el referente más importante en la historia de nuestro país, porque estamos cansadas, hartas y gritamos basta. Marchamos exigiendo justicia, pero esto es apenas el comienzo, el camino es largo pero ya ha sido labrado.

Las imágenes para quienes no estuvieron ahí fueron devastadoras pero vivirlo fue distinto, hubo disturbios, sí, pero era un grupo muy claro de infiltradas que generaban miedo y después seguían avanzando. Los contingentes gritaban “¡Fuimos todas!” y no, no lo fuimos pero, si no, ¿quién y cuándo nos escuchan? ¿Qué harán para parar los feminicidios?

En toda mi vida, he asistido a varias marchas y jamás viví lo que este domingo, mujeres aguerridas, plurales, heterogéneas. Me quedo con eso, mujeres que marcharon con sus familias, igual veías jóvenes y mujeres maduras, niñas, todas viendo por la otra. Así es como debería ser.

El mayor orgullo de este #8M2020, la unión de que juntas podemos hacer mucho más, que solo agredirnos y juzgarnos.

CRÓNICA FOTOGRÁFICA: Miles de mujeres tomaron las calles de la CDMX pidiendo seguridad, igualdad y justicia, por Belén Kemchs y Rosalba Delgado

Marisa Real, economista: Me sentí invencible y aprendí a nunca más ser invisible. En el ambiente se podía oler la valentía que todas portábamos.

Estoy segura que el #8M2020 marcó historia, y aunque es un largo camino para lograr la igualdad de género y acabar con la violencia de género, sé que vamos bien, vamos juntas porque hoy ya no estamos solas. Hoy somos una misma, sin miedos y más fuertes y valientes que nunca, listas para levantar la voz cuando sea necesario, porque no: calladitas no nos vemos más bonitas.

Foto EE: Elizabeth Albarrán

7. Una movilización que no va a parar

Valeria Rojas, periodista: Podría decir que nos tocó de todo: los cuellos de botella que nos mantenían a paso lento, los estruendos que nos ponían alerta, las huidas que nos hacían sentir acorraladas, las fumarolas de extintor que lanzaban los granaderos, el derribo de vallas que nos llenaba de poder con el grito de “¡Fuimos todas!”.

Los choques emocionales que dividían en una delgada línea a la violencia y la protesta. Cuando se sacaba a los hombres que se cruzaban por el contingente, mientras se escuchaba a una decir “No violencia”, otra respondía “Claro, cuántas veces nos han enseñado que ‘calladitas nos vemos más bonitas’”. Entonces comprendí todo.

Belén Kemchs, periodista y fotógrafa: No puedo dejar de destacar que este movimiento que invita al despertar de la conciencia multigeneracional es abanderado por las jóvenes que no sólo marcharon ese día, sino que tienen ya una jornada larga de tiempos forzados que nos invita a la lucha feminista.

Este 2020 debe ser recordado porque incluso las jacarandas se unieron al unísono de: “¡Vivas nos queremos!”.

Isamar R. Escobar, periodista: Mi experiencia fue sorora, con todo el sentido de esa palabra. Regresé con esperanza y con mucha fuerza emocional para romperlo todo si es necesario. Se mezclaron mis emociones pero reafirmo mi ideología feminista. El regreso a casa fue el mismo de siempre. Con miedo: estaba cayendo la noche y yo iba sola. El camino es largo pero ya estamos en él.

Mariana Ampudia, bruja, feminista y periodista: Ya han pasado muchas lunas desde que me definí a mí misma como feminista. Fue en la época en la que participaba en la Comuna Libertaria en Guadalajara. Sandra, mi bruja favorita, fue mi mentora en este y muchos otros temas de justicia, derechos e igualdad. Con ella y con mi otra bruja, Ana, fui a la Marcha de las Putas en el 2011. Éramos unas 200 mujeres marchando en minifalda, en el corazón de una ciudad tremendamente conservadora y machista.

A la vuelta de casi una década, el domingo pasado en la Ciudad de México, me vi rodeada de decenas de miles de mujeres (y unos contados hombres, de los contingentes mixtos) clamando esa misma justicia, derechos e igualdad que todavía no nos llegan, pero que ya se exigen a gritos, sumando tantas voces que las paredes retumban y nos devuelven las demandas: ¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos! ¡No somos una, no somos cien, pinche gobierno cuéntanos bien!

Y que tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista.