Los escombros de los inmuebles que cayeron con el sismo pueden representar un problema ambiental para la Ciudad de México y sus habitantes si no se manejan adecuadamente. Junto con los materiales pétreos como ladrillos, concreto y recubrimientos de yeso, van artículos tales como muebles, electrónicos, químicos varios, medicamentos, entre otros que de no seguirse los protocolos oficiales contenidos en las normas ambientales para su manejo, pueden afectar la salud de los capitalinos y dañar el medio ambiente.

“Es muy necesario que la Ciudad de México cuente con un plan de manejo de escombros para casos de contingencia”, dijo Constantino Gutiérrez Palacios, dado que se asienta en una zona de alta actividad sísmica. De esta forma, las autoridades de la ciudad no tendrían que implementar medidas emergentes que pueden contravenir las normas ambientales dispuestas para el manejo de este tipo de residuos y que buscan disminuir su impacto en el ambiente.

Un plan así implicaría contar con los sitios apropiados para la concentración de los escombros. El almacenaje temporal o permanente de estos residuos en un lugar no adecuado permitiría que los lixiviados —el líquido que se desprende de la concentración de desechos— se filtraran a los mantos freáticos, contaminándolos. Por ello es necesario seguir también los protocolos para seleccionar, pese a la emergencia, cuáles materiales pueden ser reusados y cuáles deben ser menejados de forma que no afecten al ambiente, abundó Gutiérrez, ingeniero ambiental de la UNAM.

Sobre los edificios que deberán demolerse por presentar daños estructurales mayores debido al sismo, Constantino Gutiérrez señaló que estas operaciones controladas deberán observar los procedimientos de la norma ambiental NADF-007-RNAT-2013.

Gutiérrez formó parte del grupo de trabajo de la norma ambiental NADF-007-RNAT-2013, emitida por la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) de la CDMX el 26 de febrero del 2013 para el manejo de residuos de demolición y construcción. Dicha norma describe los protocolos con carácter obligatorio para la disposición de este tipo de residuos.

En una situación normal, esta norma ambiental indica que los residuos resultantes de una construcción o demolición deben ser separados en el sitio según la clasificación dispuesta por esta regulación. Metales, maderas, papel, cartón, vidrio y otros elementos deben separarse de los materiales pétreos como concretos y grava. El paso posterior a la diferenciación de los escombros in situ, es el transporte de cada grupo a las plantas de reciclaje o de disposición final, según puedan ser reutilizados o no.

En la ciudad sólo hay un centro autorizado por la Sedema para el reciclado de materiales pétreos derivados de la construcción y la demolición, la planta privada Concretos Reciclados. Existe otro lugar autorizado para el manejo de estos residuos, el Centro de Transferencia Cuemanco. Para la disposición final, es decir, el confinamiento de estos materiales, la Sedema cuenta con 14 centros autorizados para este fin, todos están ubicados en el Estado de México.

Esta norma ambiental es aplicable exclusivamente para la Ciudad de México y establece sanciones para quienes no observen su cumplimiento. Dada la emergencia, derivada de una falta de planeación para estas situaciones, el experto recomendó que las autoridades deben, en la medida de lo posible, hacer la separación dispuesta por la norma ambiental para luego enviar los materiales a las plantas de reciclaje correspondiente. La logística propuesta contempla que las vías en la ciudad deben despejarse lo más pronto posible, los escombros de los derrumbes se transporten sin separar a un sitio donde, con maquinaria y bajo la supervisión de personal experto en clasificación de residuos, se separen los materiales para luego enviarlos a los centros de reciclaje.

Debido a que la Ciudad de México se asienta sobre un área de fuerte actividad sísmica, el investigador considera que el gobierno de la ciudad debe contar con un protocolo para manejo de escombros. Al ser cuestionado sobre una experiencia similar en el mundo, Gutiérrez ejemplificó con el caso de las Torres Gemelas. La remoción de escombros en el sitio del siniestro llevó a las cuadrillas de trabajo poco más de ocho meses, durante los cuales se hizo la separación adecuada de los residuos de construcción para su posterior aprovechamiento.

Un centro especializado en manejo de residuos

El maestro Gutiérrez y su equipo de trabajo presentaron un proyecto a la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (SECITI) para el manejo de residuos de la construcción y demolición, desarrollado entre 2016 y 2017. El proyecto contempla la creación de Centros Integrales de Residuos de la Construcción (CIREC), en los que los escombros pétreos podrían ser procesados para ser reutilizados como grava y arena. También se generarían en estas plantas elementos estructurales como vigas y columnas para su uso en la construcción. Las pruebas realizadas con materiales creados a partir de estos procesos son seguros para edificaciones de un nivel. Conforme la investigación avance y las pruebas así lo confirmen, estos materiales podrían ser útiles para construcciones de más niveles. La planta también podría producir tabiques y prefabricados con métodos que tengan un impacto menor en el ambiente a diferencia de las formas convencionales. Por lo pronto, estos materiales producto del reciclaje son útiles para ser usados en banquetas, guarniciones y bases de caminos.

La creación de una planta de este tipo tendría un costo de entre 80 millones de pesos y 100 millones de pesos sólo para la infraestructura. El monto no contempla la adquisición de los terrenos donde se asentaría. Para que su operación sea costeable, Gutiérrez y el equipo que encabeza recomiendan que la planta funcione bajo el esquema de una empresa mixta, donde el gobierno de la CDMX y la iniciativa privada; de esta forma se tendrían las condiciones necesarias para garantizar que los productos elaborados en la planta tengan un mercado. Actualmente, los elementos de construcción elaborados con material virgen y con agregados reciclados tienen el mismo valor. Para hacerlos más atractivos al mercado, el Gobierno de la ciudad deberá implementar políticas que agreguen valor a los materiales resultado del proceso de reciclaje.

¿Cuánto escombro generó el sismo del 19 de septiembre?

Sobre el volumen de los escombros que se han generado hasta el momento a partir de los inmuebles dañados por el sismo del 19 de septiembre de este año, el investigador calcula que se encuentran en el orden de los 250,000 metros cúbicos. Explica que debido a las diferentes conformaciones y densidades de los materiales, es necesario expresar el volumen en metros cúbicos en vez de en una unidad de peso.

Los escombros resultantes del devastador sismo de 1985 se concentraron en un área cercana al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: el Bordo de Xochiaca. Este tiradero, asentado sobre lo que fue el lecho de un lago, fue clausurado para tales fines por las autoridades del Departamento del Distrito Federal en 1987. En el 2000, el gobierno del Distrito Federal inauguró en el lugar la Alameda Oriente, obra realizada aprovechando parte de los escombros de los derrumbes de 1985.

A pregunta expresa sobre si el Bordo Poniente, relleno sanitario clausurado en el 2012, sería un lugar adecuado para la disposición de los escombros resultantes del sismo de la semana pasada, Gutiérrez señaló que si bien el relleno cuenta con las condiciones necesarias, no está contemplado por la normativa vigente de la Ciudad de México como sitio autorizado para tal efecto, además de que en los terrenos ahora funcionan una planta de composta y una de biogas. Sobre si la población que circunda el relleno sanitario clausurado se vería afectada, el experto dijo que si los residuos no se manejan conforme a los protocolos existentes, el ambiente se podría ver afectado por las partículas de polvo de los materiales.

El equipo de Gutiérrez, en colaboración con otros expertos, trabaja actualmente en un censo de los inmuebles colapsados y dañados por el sismo, para hacer un inventario fidedigno del volumen de residuos de construcción que generó este evento catastrófico y presentar a las autoridades capitalinas un plan de apoyo para el manejo de los mismos.

luis.martinez@eleconomista.mx