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La visa que desnuda impunidad

Miguel González Compeán | Columna invitada
Mi ejercicio profesional me ha llevado por 2 tratados internacionales que México ha firmado: el TLCAN y el ASPAN (Acuerdo para la seguridad y la Prosperidad de América del Norte). El primero bajo la directiva de Carlos Salinas, el segundo bajo la dirección de Vicente Fox. Aunque muy distintos los dos, algunas cosas se aprenden del estilo de gobernar y, sin duda, de enfrentar a los otros, por parte de Estados Unidos.
En el TLCAN, era frecuente que cuando las cosas se ponían muy duras para nosotros, salíamos con el eficaz san Benito de que no estábamos entendiendo y que, por lo tanto, pedíamos un receso y tratábamos de acomodar las cosas fuera de la mesa. Entonces (1990-1992) eso era aceptable, para el 2004 cuando la negociación ya tenía un tiempo andando y me encargue del capítulo de seguridad, cuando quería aplicar la misma salida, las delegaciones de Canadá y Estados Unidos, me respondían en español: “Miguel ya hablamos español todos, si quieres te traducimos o te explicamos en español” y adiós truquito de la Tepito. En 15 años los equipos de negociación se habían hecho mejores y. más contundentes con México, porque sabían en donde nos dolía y en donde éramos capaces de ceder.
Ese detalle de saber quién es tu socio y contrincante y haber construido a lo largo de años comunicación en niveles menores de la administración de aquí y de allá, se sabía muy bien en la secretaria de comercio de nuestro país.
Cuando llegó AMLO, toda esa gente, todo ese conocimiento acumulado por años, toda esa capacidad de entender de verdad a Estados Unidos y a Canadá se tiró por la borda. Corrieron a 90% de los mandos medios de esa secretaria y, por lo tanto, México como país se quedó mudo, ciego y sordo respecto de Estados Unidos. ¿Por qué no digo que la SER tenía esa experiencia? Bueno porque la agenda diplomática tiene su propia lógica y complejidad. La comercial y económica sabe qué intereses están detrás de cada cosa que surge, después, diplomáticamente.
Es un poco como trabajar en un restaurante. La cara que tenemos del lugar siempre es el amable mesero que nos llena la mesa y el oído de halagos y sugerencias para pasarla mejor (SRE). En la cocina están los ingredientes, el chef entendiendo lo que pide la gente y porqué, revisa pedidos y acomoda los ingredientes; esas eran las tareas que ahora creen que deberían saber por adelantado en nombre de la soberanía de ambos países y su debido respeto y cuidado, es un equívoco, como casi todo en este gobierno y en la 4t.
Que la soberanía de México dependa de la visa de un cualquiera, que lo más que ha llegado hacer es a manejar los dineros de campañas, acomodar sus negocios y ser famosamente ambicioso desde muy jovencito. Para millones de mexicanos no es más que el hijo de AMLO y para el resto es un desagradable, poco agraciado, incapaz de articular un discurso él sólo y un cínico rapaz.
Bien dice Estados Unidos que la visa es un privilegio que aquel país puede otorgar o no. Cuando se tiene la modesta experiencia por la que yo he pasado, Estados Unidos le dio un golpe brutal a la 4t, después de muchas consideraciones y evaluación de nuestras fortalezas, pero sobre todo debilidades. Lastimó severamente la opinión del publico sobre Andy. Hoy 60% cree que algo malo hace para no tener la visa. Pone en duda, el liderazgo de la cámara de diputados: Andy era el candidato del padre y de la presidente. Y, por si fuera poco desnuda la impunidad de la que vive Morena y de la que todos se aprovechan para hacerse ricos con dinero del erario, de la delincuencia organizada o del huachicol.
En el incomprensible esfuerzo cotidiano de hacerlo todo mal, México está sordo, ciego y mudo ante los Estados Unidos y a modo de estampita de la virgen de Guadalupe usan la palabra soberanía para defender lo indefendible. En medio de ello, los Estados Unidos están logrando su objetivo: tener agarrado, de ya saben dónde, a México para el T-Mec. Logran un discurso interno para su población y clientela de poner en orden a México. Desnudan a Morena que, por supuesto no les cae bien, ni pueden aceptar sus políticas, en particular de seguridad y con una visa hacen temblar a la clase política nacional. La presidente sólo puede hacer listas y gritar soberanía defendiendo a un impresentable, en vez de al país. Cuando se cocina, no se le puede tener miedo al fuego. Querían jugar en grandes ligas, pues aquí tienen, ni para las infantiles han podido. Nada más, pero nada menos también.


