Buscar
Opinión

Lectura 4:00 min

Las campañas ya

main image

Miguel González Compeán | Columna invitada

Miguel González Compeán

La complejidad que vive Morena en estos momentos debe ser muy alta. Como sugería Ortega y Gasset en la Rebelión de las Masas, el hombre común ha abandonado el respeto y la prudencia frente al conocimiento y ha banalizado las jerarquías y las maneras en las que accedemos a ellas. En Morena todo es un arreglo con alguien o alguienes; un agandalle (con dinero, conexiones o influencias legales o no, que importa) o el uso de trampas o travesuras, en medio de una pésima legislación estatutaria de ese partido, que permite cualquier cosa menos construir institución y liderazgo interno.

En Morena el liderazgo y el poder, siempre proviene de fuera. No es que eso no sea fácil en cualquier partido en el gobierno, pues es fácil que dirima el poder y, por lo tanto, es una tentación permanente. En Morena, sin embargo, hay demasiados “afueras”. Está AMLO, por supuesto; está la presidente Sheinbaum; están los líderes de fracciones dentro de las cámaras y afuera están también los gobernadores. 

Todos tienen buenas razones, para que alguien les deba el favor y así construir una red de influencias, pueriles, mezquinas e improductivas, pero que pueden hacer un favor. Insisto, nada que no conozcamos, pero el discurso mega incluyente, la banalización de jerarquías, conocimientos y el uso ad nauseam de que cualquier tonto o ignorante, tiene derecho, aunque sepamos que tirará el agua con todo y niño, tiene a Morena en problemas.

Para gobernadores, el día de hoy, hay más de 260 aspirantes listos para tomar la estafeta de la sucesión. Algunos nombres son reconocibles y hasta son conocidos en algunas regiones de sus estados, pero ninguno brilla por su liderazgo, su profundidad de pensamiento o las soluciones que propone para los problemas de su localidad y de sus diversos municipios. Que el pueblo decida, aunque sea una soberana pendejada y complique peor el problema. O mejor aún, que el pueblo decida, peor jamás le haré la obra, porque es una pendejada.

Todos los aspirantes, en el fondo, se apuntaron en esa lista precisamente porque saben que no van a ser, pero quieren un pedazo de aquello. De la lana de la campaña; un puesto de elección popular, como consolación; un puesto en el gabinete del gobierno como pago a sus esfuerzos y eficaz trabajo en tierra, presumiendo que ellos llevan los apoyos sociales y están consiguiendo más; en fin: denme algo.

Aquí la palabra que inunda este escrito y la vida nacional es la de “denme”. En Morena todo está construido alrededor de la visión de lo que cree cada uno que vale y, por lo tanto, exige que le den. Está construido alrededor de la dadiva, dada descarnada e impunemente a cambio de votos o favores. Esta construida alrededor del financiamiento temporal de campañas y movilizaciones pedidas al narco o a empresarios ambiciosos e interesados a cambio de lo que te voy a dar nada más gane. De nuevo no es que no exista aquí y en todo el mundo cierto tipo de arreglos e intercambio de favores o dadivas económicas, el problema es que en Morena este es el objetivo, no es en el cambio que eso surgirá como consecuencia de construir o desarrollar, mejorar, crecer y que la IP gane. No, está el trueque vil de lo que haya. En efecto, es el signo y no hay legislación estatutaria, ni liderazgo que pueda orientarlo o administrarlo. Será tarea del poder crudo ordenar tanta ambición llena de ignorancia, que se siente con derechos y que lo expresa con amenazas de rompimiento. Lo que nos espera, de aquí hasta las elecciones. Nada más, pero nada menos, también.

Temas relacionados

Miguel González Compeán

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Últimas noticias

Noticias Recomendadas

Suscríbete