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El ultimo jueves de gatos

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
A veces, incluso vivir es un acto de valentía. Séneca
Bien dicen que es complicado esos aterrizajes forzosos en las segundas oportunidades, nunca sobran las palabras en un diálogo entre dos o circular, como se suceden las mañaneras, o el sano intercambio en los disgustos naturales, del desconocimiento de los temas antes del abordaje.
La mentira se retrata a pesar de la opacidad del espejo, la honestidad se prueba con hechos y es de ida y vuelta, la madurez no llega con los años, ni con los daños colaterales de las experiencias vividas; porque el aprendizaje es individual.
Generaciones en crisis de valores, en la permanente ociosidad del arrinconamiento de lo sustantivo, superficiales cual burguesía donde el oportunismo y el descanso lejos de la quietud se contraponen.
Precisamente huimos frente a una realidad detestable, aunque la lucha es sorda, las resistencias con evidentes, frases sin sentido, nubes semejantes que nublan las condiciones cual ejemplo de exigencias prematuras, en la inteligencia de sabernos incluidos en el último jueves.
Una buena charla entre tres, desde los primeros años, la orfandad de uno, el mayor, en ese despliegue mediático de alborotar los sentidos, y darle gusto a lo prioritario, caminar en piso firme, sin distractores, con los pormenores de un menú, desde el asoleamiento en el balcón, discutible y discutido, hasta los gatos que reclaman su espacio.
Sin duda estamos más politizados, las encuestas y tendencias de los actores políticos, son parte de la orden del día desde el amanecer, los encabezados de las primeras planas de los principales periódicos son parte del otro menú, ese que sacude nuestros estados de desánimo, porque además las responsabilidades son todas a la vez.
No es suficiente en la mayoría de los casos un solo lugar laboral, hay que buscarle en la maraña de los problemas, nos programamos a cumplir simplemente y el extra, aunque no haga diferencia, suma en ese recuento de aspiraciones y ascensos.
Llegarán pronto las otras campañas, nos las de vacunación contra el sarampión, que por cierto aniquiló los márgenes de maniobra epidemiológica en el país, sino las políticas, en la cursilería de cargar un bebé, abrazar a una persona de la tercera edad y la sonrisa fingida que de poco sirve en tiempos de tempestades económicas.
Nos queda poco para pensar, en esos planes a corto plazo sin reclamos, sin tiempo para pausas o treguas, porque la poesía en la lírica del cuento corto puede asistir el último jueves de cada mes, acompañados de felinos desde el corredor, pero el día a día aniquila inseguridades.
Terrible la costumbre de recurrir a la hipocresía política en México, el desarme del lenguaje moral, y las pocas excepciones en la neutralidad de no arrimarse a esa izquierda quizá rebasada por una derecha pueblerina, donde los cuestionamientos nos deben objetivos y resultados, donde no se le puede ayudar a las alianzas.
Hay aspiraciones de reaccionarios en el partido de mayoría hoy, que teme perder también privilegios, sin domingos por las trincheras, nada podemos hacer contra el enemigo gigantesco, la rutina junto a la ansiedad y el tedio que abruma.
ENTRE LÍNEAS
Hay discurso de uno y otro lado, golpeando la inteligencia de los protagonistas, unos a favor de la verdad y los demás, en ese maquillaje a granel, que poco abona para conocer la realidad, la contaminación es evidente en las aguas nacionales, y se debe buscar el buque petrolero con sanción ejemplar a los daños irreversibles a ecosistemas.

