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Ucrania: Democracia en guerra y lecciones para México

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OpiniónEl Economista

Están por cumplirse cuatro años del inicio de la invasión rusa a Ucrania y una pregunta sigue vigente: ¿qué ocurre con la democracia cuando un país vive bajo la amenaza permanente de la guerra? En particular, ¿qué pasa con las elecciones, ese mecanismo que solemos considerar el corazón de la vida democrática? Aunque Ucrania no ha celebrado comicios desde el inicio del conflicto, su experiencia ofrece claves relevantes para comprender los retos democráticos actuales, también para México.

Ucrania cuenta con un sistema semipresidencial. En condiciones normales, la ciudadanía elige al presidente mediante voto directo, con posibilidad de segunda vuelta, y al Parlamento a través de un sistema mixto. Tras la invasión de febrero de 2022, el país decretó la ley marcial. Su Constitución prohíbe expresamente la celebración de elecciones bajo estas condiciones, con el fin de garantizar la seguridad del electorado y la integridad del voto en un contexto marcado por ataques armados, ocupación territorial y millones de personas desplazadas.

Pero si no hay elecciones, ¿cómo evalúan los ciudadanos a su gobierno? Aquí las encuestas cobran relevancia. Estudios del Kyiv International Institute of Sociology (KIIS) y del Razumkov Centre muestran que el presidente Volodímir Zelensky mantiene niveles mayoritarios de confianza, pese al desgaste natural del conflicto. Durante 2024 y 2025, entre 57 % y 60 % de la población declaró confiar en Zelensky, superando de forma consistente a quienes expresan desconfianza.

Ese respaldo no se extiende al conjunto del sistema político. Las mismas mediciones muestran que partidos políticos, Parlamento y sistema judicial registran bajos niveles de confianza, lo que evidencia una separación clara entre la figura del liderazgo y la percepción ciudadana sobre las instituciones. Este contraste conduce a una pregunta central: ¿la democracia se reduce únicamente a votar periódicamente? El caso ucraniano sugiere que no.

¿Y qué ocurre en México? Aunque en un contexto muy distinto, la confianza institucional también es un tema central. De acuerdo con la ENCIG 2023, del INEGI, los partidos políticos, el Congreso y el sistema de justicia se ubican entre las instituciones con menor confianza ciudadana. En contraste, la figura presidencial registra niveles de aprobación superiores al 75 %, mientras que la Marina y el Ejército superan el 80 % de confianza. El Instituto Nacional Electoral mantiene niveles superiores al 55 %. Estos resultados coinciden con mediciones de la OCDE, que ubican a México con confianza moderada en el gobierno federal, pero con brechas importantes frente a otras instituciones.

Estos datos muestran que, tanto en Ucrania como en México, la democracia enfrenta un reto común: la confianza ciudadana se concentra en ciertas figuras, mientras otras instituciones presentan desgaste. Por ello, lo que ocurre en Ucrania no es un asunto lejano. Nos recuerda que la democracia no se sostiene solo con elecciones, sino con instituciones creíbles, estado de derecho, liderazgo legítimo y ciudadanía informada.

En un momento en que México debate el rumbo de su sistema electoral, observar experiencias extremas como la ucraniana invita a una reflexión necesaria: Si la democracia puede resistir una guerra, ¿estamos haciendo lo suficiente para fortalecerla en tiempos de paz?.

“Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de la autora.”

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