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Opinión

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Truman Capote y sus cisnes: de traiciones imperdonables y rupturas deliciosas de ver

La serie Feud: Capote vs the Swans cuenta la historia detrás de Answered Prayers, la novela póstuma de Capote, un modo de caer de sentón desde la cima del Olimpo

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OpiniónEl Economista

Concepción Moreno

Existe el mito de que los artistas usan drogas, alcohol o cualquier sustancia que altere sentidos para que la musa baje y los inspire. Esa apreciación es falsa en casi todos los casos. Los artistas con problemas con el trago normalmente beben para huir de su obra. Y es que crear es frustrante, cuando un escritor, por hablar de escritores porque a eso vamos, se sienta a escribir con todas sus notas y buenas (o malas) intenciones, suele descubrir que la tarea es inabarcable, que no está a la altura, o las notas no sirven, o los lápices no están bien afilados, la musa no baja ni después de cinco horas sentado ante la computadora. Mejor otro día, olvidémoslo por hoy. Venga un mal vodka con jugo de piña.

Estoy generalizando. Alguien me dirá que Bukowski solo escribió borracho y que Francis Scott Fitzgerald es el ejemplo perfecto del autor bon vivant que escribía siempre con el estómago y el vaso lleno. Será, pero estoy pensando en Truman Capote. ¿Capote bebía para ser escritor? No, bebía para olvidar que nació con los hados en su contra. Abandonado en la infancia por una madre cazafortunas, el niño Truman nunca acabó de superar la etapa edípica. Buscó a su madre en cada mujer que conoció.

Cuenta la biografía que Capote decidió ser escritor desde los ocho años. Empezó a escribir y a publicar muy jovencito, comprendió pronto la disciplina de sentarse y trabajar todos los días hasta lograr a la perfección lo que su imaginación le planteaba. También la bebida apareció temprano en su vida. Un toma y daca: te doy seis horas de escritura pero me das doce de fiesta.

Pobre Capote, acabó con el cerebro y el hígado hechos puré. Pero, si le creemos a la serie Feud: Capote vs the Swans (disponible en Disney+), al menos murió escribiendo. Nunca terminó su última novela, de la que sólo se encontraron fragmentos inacabados entre sus pocas pertenencias. Esa última novela inconclusa es Answered Prayers (disponible en español en Anagrama) y la historia de su origen es digna de un cuentos capotesco.

Feud fue una serie que dedicó dos temporadas a explorar pleitos famosos del showbiz. La primera temporada narra la rivalidad legendaria entre Joan Crawford y Bette Davis. La segunda temporada cuenta la caída en desgracia de Capote por culpa de Answered Prayers. Eh: por culpa de su imprudencia, el alcohol y su ego, además de su desesperación.

Capote creó para sí mismo este personaje frívolo e ingenioso que logró subir de clase social porque sabía chismes y cómo contarlos. Trumancito: cagado bufón que hace reír a los ricos de sí mismos. Mejor: de sus vecinos y compañeros de cofradía, que mientras la maledicencia no lo toque a uno siempre resulta chistosa.

Sólo por el placer de su compañía a Capote lo subían en vuelos privados para ir a St. Moritz, Venecia, Barbuda. Venga, cuéntanos otra. Venga, sírvanme más y denme otro Valium. En Feud retratan esas veladas aderezadas con confituras químicas y peligrosas. A pesar de su gran éxito literario, Capote nunca fue rico pero sí muy famoso y su calidad de lenguaraz sin piedad le permitió ascender al Olimpo rápido.

Por supuesto, todo era una ilusión. Cuando llegó el clímax a Capote lo bajaron de sentón desde esa cima.

En las últimas dos décadas de su vida el escritor orbitó un grupo de mujeres de sociedad, las últimas divas de la café society de Estados Unidos. Maniquís de gusto impecable, amas del mundo, dueñas de sí, inteligentes e impenetrables diosas del hielo: nunca fuera de lugar, nunca delatándose a sí mismas. Alcohólicas, adictas a las pastillas, todas pésimas madres y conocedoras cínicas de su calidad de esposas trofeo. “The Swans” las llamaba Capote: sus cisnes.

Mujeres como Gloria Guinness, Babe Paley, Slim Keith, CZ Guest, Joanne Carson, Mona von Bismarck. Nombres que ya no dicen mucho pero que durante las décadas de la posguerra eran protagonistas de toda revista de moda y prensa rosa existente. Eran la realeza pero mejores: más modernas, más guapas, mejor vestidas. Y más ricas. El jet set: conquistaron los aires con sus propios aviones. Vamos a esquiar a Gstaad y a cenar en París. Sus maridos, poderosos todos, pagaban lo que fuera para mantenerlas en la vitrina mientras ellos se cogían a la starlet del momento.

Aventureras y cazadoras de oportunidades, las cisnes podían pasar de exquisitas y divertidas a crueles en la misma frase. Capote era así también. Se conquistaron mutuamente.

Truman, amigo de todas, perrito callejero que sigue a quien le dé de comer. Los perros no son muy selectivos con sus amos y Capote, tan brillante y escurridizo en todo escenario, no entendió su calidad de mascota. Uno diría que el final de Capote fue una venganza pero ni siquiera. Sólo fue una conclusión triste y solitaria.

Feud: Capote vs the Swans sigue la relación del escritor con estas damas de sociedad. Al centro, la de Capote (interpretado nota por nota por Tom Hollander, la actuación más sólida en una serie llena de ellas) con Babe Paley (una Naomi Watts impecable). Babe y Capote, amistad como ninguna, nada se interponía entre ellos. Ambos se abrazaron cuando se reconocieron mutuos; seres delicados y brillantes metidos en una orbe de jade que aislaba su amor de cualquier intervención. Verdaderas almas gemelas, Feud cuenta lo doloroso de esa ruptura.

Pero, ¿qué pasó? Les digo que Capote sobreestimó la importancia de su rol en el teatro guiñol de esa gente. A finales de la década de los sesenta el escritor recibió un cheque gordo por su siguiente novela, la cual Capote llevaba años tratando de escribir. En algún momento anunció que el esperado libro se llamaría Answered Prayers y sería su gran legado literario, su mejor obra.

Y sin embargo, la escritura no fluía, pero el vodka y el Justerini & Brooks sí. Pedía prórroga tras prórroga, la editorial se impacientaba. Capote vivía de una novela que no existía más que en su cabeza.

Entonces sucedió. En la serie ponen la idea en boca de uno de los amantes de Capote. Cuando regresaban en metro de una velada con los cisnes, el novio en turno le hace entender que ahí está su historia: esas mujeres, ese mundo que conoce como nadie porque ve frente y backstage al mismo tiempo. Porque conoce el chisme y también la verdad. A veces las revelaciones divinas son en realidad maldiciones. “Más lágrimas se han derramado por las plegarias atendidas que por las que quedan sin respuesta”, como dijo santa Teresa de Jesús, frase que Capote escogió como epígrafe de su novela.

Para gran escándalo, Capote publicó en la revista Esquire un adelanto de la Answered Prayers titulado “La Côte Basque”. En el texto, de manera muy descarada y apenas disfrazada, cuenta al dedillo hechos que nunca debieron salir de la mesa y los aposentos de la gente bonita con la que se codeaba tan a gusto. De pronto todo lo que Truman sabía de sus amigas estaba ahí para que cualquier hijo de vecina pudiera leerlo. Las desnudó sin que hubiera un diseñador de modas y un gran fotógrafo a la mano como justificación. Las mostró al mundo y a sí mismas como de verdad eran.

“Soy escritor, ¿qué esperaban?”, dice Capote en una escena de Feud. El perro que muerde a su dueño normalmente acaba sacrificado. Todas las puertas que se le habían abierto gracias a esas relaciones se cerraron. Ya no era admitido en los salones, ninguna invitación más a cenar: apestado de por vida. No importaron las llamadas, los ramos de flores enviados, las cartas compungidas. Lo que había hecho Capote era imperdonable. Lo más doloroso es que destruyó su amistad intocable con Babe y el costo lo pagaron los dos. Truman sin Babe no era él mismo. Babe sin Truman era la encarnación de la soledad. Pero la traición es el más nefando de los pecados.

Lo peor: a pesar de todo, la novela no le salía. Answered Prayers le estaba costando la vida y ni siquiera podía terminarla. En Feud, Jack Dunphy (Joe Mantello en una actuación sin estridencias), pareja de Capote durante años, hace un último acto de amor: internarlo para que dejara de beber y de drogarse. Le salvó la vida por unos años. Por un tiempo Capote pudo escribir, al fin la novela avanzaba. Quizá sea cierto que una mente clara sea la mejor arma de la creatividad.

No duró mucho. En la casa de California de su amiga Joanne Carson, Truman Capote murió de falla hepática y sobredosis de todo tipo de sustancias. Tenía apenas 59 años.

Entre sus papeles nunca se encontró el manuscrito de Answered Prayers. Aunque Capote derribó puentes y se aisló de todos los que lo querían de forma sincera, hubo quien tuvo el amor de buscar entre sus cosas y creer que entre ellas todavía quedaba literatura. De manera póstuma la editorial, de la mano de Dunphy y el editor Joseph M. Fox, publicó lo que se encontró de la novela, apenas tres capítulos, uno de ellos “La Côte Basque”.

Feud: Capote vs the Swans, al final deja como epílogo un último performance: una parte de las cenizas de Capote fueron subastadas, se vendieron por más de cuarenta mil dólares en 2016. Never a cheap whore, darling.

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