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Tecnología

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Menos reglas y más data centers: la visión de Musk, Altman, Huang y Zuckerberg sobre la IA

Los principales líderes tecnológicos llevaron el mensaje de que la inteligencia artificial requerirá más infraestructura, energía e inversión y los países que retrasen su adopción corren el riesgo de quedarse atrás. Sin embargo, mostraron matices sobre uno de los temas que más divide a gobiernos y empresas: hasta dónde debe llegar la regulación.

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Foto: Archivo AFP

Rocio Melgoza Delgado

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser únicamente una carrera por desarrollar modelos cada vez más avanzados. Energía, centros de datos, empleos, regulación y la capacidad de los países para adoptar la tecnología formaron parte del debate que reunió esta semana a algunos de los principales líderes tecnológicos con ministros del G20 en Carolina del Norte, Estados Unidos.

Durante el encuentro G20 Innovation Ministerial, organizado en Chapel Hill, el gobierno estadounidense presentó ante representantes de las principales economías del mundo su apuesta por una regulación menos intervencionista de la IA, mientras figuras como Elon Musk, Sam Altman, Jensen Huang y Mark Zuckerberg expusieron su visión sobre lo que viene para esta tecnología.

Aunque hubo coincidencias en que los gobiernos deben facilitar su desarrollo y preparar la infraestructura necesaria, no todos hablaron de los riesgos de la IA en los mismos términos.

Mientras Musk y Huang cuestionaron una regulación basada en amenazas potenciales y advirtieron sobre el peligro de frenar la innovación, Altman reconoció que existe una preocupación justificada por los riesgos. Zuckerberg, por su parte, puso el foco en otro desafío: la enorme cantidad de trabajadores especializados que será necesaria para construir la infraestructura que demanda esta carrera tecnológica.

Estados Unidos pide al G20 evitar nuevas reglas para la IA

El debate ocurrió mientras Estados Unidos busca convencer a los miembros del G20 de adoptar un enfoque de menor intervención regulatoria.

Michael Kratsios, asesor tecnológico del gobierno de Donald Trump, planteó los llamados “Principios de Carolina”, bajo los cuales los países reservarían nuevas regulaciones para situaciones realmente novedosas relacionadas con la inteligencia artificial, en lugar de crear un marco completamente distinto para cada avance tecnológico.

La postura estadounidense parte de la idea de que los responsables políticos no necesitan abordar cada innovación de manera aislada ni considerar cada nueva tecnología como un problema regulatorio sin precedentes.

El planteamiento llega además en un momento de fuerte competencia internacional por la IA, con Estados Unidos y China disputándose el liderazgo tecnológico, mientras Europa ha seguido una estrategia regulatoria más estricta.

Musk cuestiona el modelo regulatorio europeo

Elon Musk fue uno de los participantes que defendió un entorno con menos restricciones.

El empresario, al frente de compañías como Tesla y SpaceX, sostuvo que las nuevas tecnologías deberían ser “legales por defecto”, en lugar de partir de la premisa contraria.

Musk puso como ejemplo a la Unión Europea, cuyo nivel de regulación, aseguró, ralentiza el desarrollo de nuevas tecnologías.

Su intervención también puso sobre la mesa uno de los grandes cuellos de botella que acompañan al crecimiento de la IA: la electricidad.

Los centros de datos necesarios para entrenar y operar modelos avanzados consumen grandes cantidades de energía y Musk advirtió que podría producirse una importante escasez de capacidad eléctrica. En su opinión, esta situación podría representar una ventaja para China dentro de la competencia tecnológica.

El empresario calculó además que la inteligencia artificial podría incrementar entre 20% y 30% el tamaño de la economía mundial, aunque el alcance real de esa transformación dependerá, entre otros factores, de que exista infraestructura suficiente para sostenerla.

Jensen Huang: la IA debe verse como infraestructura

El presidente ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, llevó el argumento de la infraestructura todavía más lejos.

Para Huang, los gobiernos deberían comenzar a pensar en la inteligencia artificial de una manera similar a como conciben el agua, las carreteras, la electricidad o internet.

Esto implica construir centros de datos y garantizar el suministro energético necesario para operarlos.

Nvidia ocupa una posición central en este proceso debido a que sus unidades de procesamiento gráfico, conocidas como GPU, son componentes fundamentales para entrenar y ejecutar numerosos modelos de inteligencia artificial.

Huang también pidió a los integrantes del G20 evitar regulaciones construidas alrededor de “daños teóricos” y concentrarse en problemas concretos asociados con el uso de la tecnología.

A su juicio, una regulación excesiva puede provocar que algunos países pierdan las oportunidades económicas derivadas de la IA.

“El peor resultado es que no saques provecho de ella, que te quedes atrás”, advirtió ante los ministros.

¿La IA acabará con los empleos? Huang rechaza esa idea

Otro de los grandes temores asociados con la inteligencia artificial es su impacto sobre el mercado laboral.

Huang rechazó que la tecnología vaya a provocar simplemente la desaparición masiva de puestos de trabajo.

Su argumento es que las tareas se automatizarán, pero los empleos se transformarán, una distinción que considera fundamental para entender el impacto de la IA.

El ejecutivo pidió además evitar que el debate público sobre esta tecnología se construya exclusivamente alrededor del miedo y la incertidumbre, pues considera que eso podría retrasar su adopción.

Altman: adoptar la IA “no es negociable”

Sam Altman, presidente ejecutivo de OpenAI, coincidió en que los países difícilmente podrán mantenerse al margen de esta transformación.

El empresario comparó la situación con la llegada de la electricidad hace más de un siglo: una nación puede decidir cómo construir o contratar la infraestructura necesaria, pero rechazar completamente la tecnología tendría un costo demasiado elevado.

“No es negociable. Tienen que usarla”, afirmó Altman.

Sin embargo, el fundador de OpenAI mostró una diferencia importante respecto de algunos de sus colegas cuando habló sobre seguridad.

Para Altman, la preocupación por los riesgos de la inteligencia artificial está justificada.

El ejecutivo comparó esa preocupación con el desarrollo de normas contra incendios: anticipar los problemas puede permitir establecer medidas antes de que provoquen consecuencias mayores.

También introdujo un matiz en el debate sobre los centros de datos. Consideró que no necesariamente todos los países deberán construirlos dentro de su territorio: algunos podrían desarrollar infraestructura propia y otros optar por alquilar capacidad instalada en otros lugares.

Lo indispensable, según su postura, será adoptar la tecnología.

Zuckerberg advierte sobre la demanda de trabajadores para los data centers

El presidente ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, enfocó su participación en una consecuencia menos visible de la expansión de la IA: la necesidad de mano de obra para construir toda la infraestructura que requiere.

Zuckerberg estimó que el despliegue podría demandar cientos de miles e incluso millones de trabajadores especializados, debido al enorme volumen de centros de datos que las empresas tecnológicas buscan desarrollar.

Meta, aseguró, ya enfrenta dificultades para encontrar suficientes profesionales cualificados para construir las instalaciones que necesita.

El señalamiento introduce otra variable en la carrera mundial por la IA. No basta con disponer de chips y capital: también se requieren electricidad, terrenos, centros de datos y trabajadores capacitados para levantar y mantener esa infraestructura.

Data centers y energía, el otro lado del auge de la IA

La petición de construir más infraestructura ocurre, sin embargo, en medio de una creciente resistencia a los centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos.

El rápido crecimiento de estas instalaciones ha generado cuestionamientos por su consumo de electricidad, el impacto sobre las tarifas energéticas y el ruido en las comunidades donde operan.

La reunión del G20 en Chapel Hill incluso estuvo acompañada por una protesta de entre 100 y 200 personas contra el rápido desarrollo de la inteligencia artificial.

La tensión refleja uno de los dilemas que acompañará a los gobiernos durante los próximos años: cómo aprovechar las inversiones y los aumentos de productividad asociados con la IA sin ignorar sus costos energéticos, laborales, ambientales y sociales.

Musk, Altman, Huang y Zuckerberg coinciden, pero no en todo

Las intervenciones de los líderes tecnológicos dejaron una coincidencia clara: la carrera por la inteligencia artificial ya depende tanto de infraestructura y políticas públicas como de algoritmos y chips.

Musk alertó sobre el suministro de energía y cuestionó el exceso de regulación; Huang pidió tratar la IA como infraestructura básica y evitar normas construidas sobre riesgos hipotéticos; Zuckerberg puso el foco en los trabajadores necesarios para levantar centros de datos, y Altman sostuvo que adoptar la tecnología será inevitable.

Pero sus discursos también dejaron diferencias.

Mientras algunos de los principales empresarios tecnológicos estadounidenses presionan para que los gobiernos reduzcan las barreras regulatorias, Altman admitió que preocuparse por los riesgos puede ser precisamente la forma de anticiparlos.

Esa discusión trasciende a las propias empresas. Representantes gubernamentales presentes en el encuentro también plantearon la necesidad de encontrar un equilibrio.

Chris McDonald, ministro británico de Ciencia y Tecnología, resumió esa diferencia de perspectivas al señalar que quienes dirigen empresas tienen responsabilidades distintas de quienes gobiernan países.

El debate que dejó el G20 muestra así que la siguiente etapa de la carrera por la inteligencia artificial no se jugará únicamente en quién desarrolla el modelo más avanzado. También dependerá de quién pueda construir los centros de datos, generar la electricidad, formar a los trabajadores y establecer las reglas bajo las cuales funcionará la tecnología.

Rocio Melgoza Delgado

Editora web. Egresada de la FES Aragón con más de 12 años de experiencia en diversas áreas de medios, desde impreso, televisión y web.

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