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La traición del sistema

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OpiniónEl Economista

Jaime Guerrero Vázquez

Vivimos en un mundo en que nos han inculcado que el trabajo duro y la educación nos pueden dar una mejor calidad de vida, pero ¿qué pasa cuando, a pesar de trabajar duramente, te despiden y no puedes tener una educación de calidad por las condiciones económicas? ¿Qué falló? Falló el sistema. Cuando hablo de sistema no me refiero solamente a las decisiones gubernamentales, sino a algo más profundo; al modo en que funciona la sociedad.

Podemos decir que falló el gobierno de la 4T y con esto sentirnos cómodos, pero qué pasa cuando vemos más allá y descubrimos que en Francia, Italia o España, entre otros países, manifestaciones de miles de personas protestan porque jugaron con las reglas del juego y sin embargo están condenados al desempleo o la precarización, a una educación mediocre y limitada. Qué pasa cuando millones de votantes en Estados Unidos deciden cambiar su voto de hace un par de años y ahora se inclinan por los demócratas, dando la espalda al hombre que prometió hacer de ese país la nación que alguna vez él cree que fue.

Creo que el resultado del 3 de noviembre es una mezcla de errores de Trump y de aciertos de los demócratas, ¿Qué fue lo que pesó más? Es difícil decirlo porque al final se combinaron para darle una paliza al hombre naranja. Las encuestas señalan estos temas contra el partido Republicano: el costo de vida y la economía, el estado de la democracia, el rechazo a las políticas migratorias, la corrupción de la Casa Blanca y, general, un gran descontento con la gestión presidencial.

De otro lado de la moneda, el partido Demócrata no se confió solamente en el voto de castigo, sino que lograron capitalizar el descontento de las poblaciones hispanas y captar más del 60% de su voto. En zonas normalmente republicanas, los demócratas diseñaron campañas locales sumamente competitivas. En Kansas, por ejemplo, lograron romper una racha de casi un siglo sin un senador demócrata, mientras que en Texas aprovecharon un giro electoral para arrebatar posiciones clave como el senado y el gobierno estatal. Hubo, además, una diversidad de perfiles que resultaron atractivos para los votantes como las primeras gobernadoras afroamericana e hispana en Georgia y Texas, respectivamente, el primer senador musulmán en Míchigan o la primera mujer indígena que gobernará Nuevo México. Todo esto funcionó como un imán para reactivar la participación de las bases urbanas y minoritarias.

Ahora bien, el partido Demócrata no es un bloque homogéneo, los une el rechazo generalizado a las políticas de Donald Trump, pero más allá de esto funcionó como una coalición amplia y diversa compuesta por facciones ideológicas marcadamente distintas que van desde el centro moderado hasta el progresismo de izquierda. Hay moderados y centristas que priorizan la disciplina fiscal, el crecimiento económico y soluciones pragmáticas bilaterales. También existe un ala progresista, entre los cuales hay al menos seis legisladores abiertamente identificados como socialistas democráticos que impulsan reformas estructurales profundas en salud, medio ambiente y derechos sociales.

Esta coalición demócrata, según el Pew Research Center, subraya que el sentimiento anti-Trump es un denominador común que genera altos niveles de compromiso político. La alianza fue más allá del simple "voto de castigo" y tiene causas comunes como la expansión y reforma del acceso a la salud pública el blindaje de los derechos civiles a nivel local y una visión compartida sobre la fiscalización del Poder Ejecutivo y el combate a la corrupción institucional. Su éxito futuro dependerá de su capacidad de actuar unificadamente contra un adversario debilitado, pero con una gran capacidad de maniobra.

Los resultados de las elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos y las movilizaciones sociales en Europa comparten un trasfondo común: el rechazo generalizado al empeoramiento de las condiciones de vida, el descontento con el costo de las políticas exteriores y la exigencia ciudadana de priorizar el bienestar social frente a los privilegios de las élites. Aunque en nuestro vecino del norte este malestar se canalizó de forma institucional mediante un vuelco electoral progresista y en Europa se manifiesta en las calles, ambos fenómenos responden a crisis socioeconómicas paralelas.

De alguna manera, el voto masivo que otorgó el control del Congreso al partido Demócrata fue calificado como una "rebelión popular" en las urnas. Los votantes penalizaron las políticas conservadoras que están afectando a buena parte de las sociedades. En Europa, las movilizaciones en países como Francia, Grecia, Italia y España también están motivadas directamente por la crisis del costo de la vida, los bajos salarios y la precariedad de los servicios públicos. Sindicatos y estudiantes exigen mayor presupuesto para la educación, topes a la vivienda y mejoras salariales urgentes ante la inflación generalizada, especialmente en los combustibles y la energía.

¿Cómo iba aquello de proletarios de todos los países…?

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