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Tonos y tiempo de Tracy Lara, Galería Mónica Saucedo

Gabriela Gorab | Entre quimeras y palabras
El tiempo suspendido en color.
La galería Monica Saucedo presenta Tonos y tiempo de la artista Tracy Lara la cual propone una experiencia pictórica donde el color deja de ser un elemento meramente visual para convertirse en un vehículo de memoria, emoción y duración. A través de capas, veladuras y atmósferas suspendidas, su obra invita a una contemplación íntima que desdibuja la narrativa tradicional para abrir un espacio sensorial en el que el espectador habita el tiempo desde la pintura.

Tracy Lara. Foto: Cortesía
La práctica de Lara parte de una dimensión muy íntima:
“Para mí, el color está profundamente ligado a la emoción porque activa memorias no solo visuales, sino sensoriales y afectivas. Entendí que el color podía contener tiempo: una emoción suspendida, un silencio, una pausa”.
Esta concepción atraviesa toda la muestra, donde cada obra se construye como un espacio de resonancia emocional más que como una imagen cerrada.
El proceso pictórico que da forma a estas piezas se mueve entre intuición y estructura:
Lara describe su trabajo como un equilibrio entre libertad y control, donde las capas funcionan como registro de decisiones y escucha activa:
“Trabajo con muchas capas y veladuras, construyendo la pintura poco a poco y con paciencia. Es un diálogo constante entre lo que quiero hacer y lo que la obra pide”.
La relación entre intuición y técnica se presenta como una tensión productiva: la artista señala que la intuición es una pieza clave, ya que le interesa trabajar en libertad, aunque matiza que esta libertad está sostenida por el conocimiento. En este sentido, la intuición abre posibilidades mientras que la técnica las enfoca, por lo que su pintura no renuncia al control, sino que lo diluye en favor de un equilibrio donde el gesto conserva dirección sin perder espontaneidad.
El color como frecuencia emocional
El color, entendido como “frecuencia emocional”, se articula tanto desde la experimentación como desde estados internos:
“Escoger mi paleta de color responde a estados internos… siempre están atravesados por un estado emocional aludiendo también a referentes históricos donde el color adquiere dimensión experiencial, de esta forma, esta dimensión se entrelaza con la noción del tiempo convirtiéndolo en mi aliado”.
Pausa y duración
“Hay piezas que necesitan distancia; las dejo reposar y vuelvo a ellas después”, comparte.
En ese proceso de espera y transformación, la pintura incorpora el paso del tiempo como parte de su propia estructura.
Lejos de construir narrativas explícitas, la artista busca provocar estados de contemplación:
“Me interesa, sobre todo, provocar un estado más que construir una narrativa explícita, Cada persona se encuentra con la obra desde su propia historia”.
En este sentido, sus piezas funcionan como espacios de introspección donde el espectador puede “detenerse, respirar dentro de la pintura y conectar con sus propias emociones”.
Las influencias que atraviesan la serie son diversas y sutiles, desde la noción del silencio en el arte japonés hasta experiencias personales que se filtran sin volverse narrativas directas. Esta dimensión también conecta con temas como la resiliencia: la obra, sugiere la capacidad de atravesar y salir adelante de las tormentas de la vida” desde una metáfora pictórica.

Foto: Especial.
Una abstracción contemplativa
Dentro del amplio campo de la abstracción contemporánea, Lara sitúa su práctica en una línea contemplativa:
“Mi trabajo se sitúa en una abstracción que no busca imponerse, sino invitar; defiendo la pintura como un espacio de resguardo frente al ruido exterior, es decir, la pintura… también puede ser un lugar de resguardo”.
Este posicionamiento se refuerza en su experiencia personal del proceso creativo:
“Mi relación con la pintura se ha vuelto más paciente, profunda y abierta; abandono la necesidad de resolver para mejor por optar y habitar el proceso. Pienso que l misma energía que mueve las estrellas mueve la imaginación, y la imaginación me mueve a pintar”
La metodología de Lara permite que cada pintura evolucione orgánicamente, integrando tanto el impulso inicial como una resolución consciente.
Tracy sostiene que, al final, nada es casual y que todo está ahí por una razón, al tiempo que subraya que su interés no radica en representar, sino en generar experiencia: la pintura como un espejo de la experiencia de vivir.
En ese sentido, su obra plantea una pausa necesaria. Su pintura no solo se contempla: se habita. Y en ese gesto —cada vez más escaso— de detenerse, escuchar y sentir, reside quizá su mayor potencia: recordarnos que el tiempo, cuando se vuelve experiencia, se puede volver en fortaleza.

