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Opinión

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Tapalpa: entre la evidencia y la paranoia

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Eduardo Ruiz-Healy | Ruiz-Healy Times

Eduardo Ruiz-Healy

El domingo, en Tapalpa, Jalisco, Nemesio el Mencho Oseguera, fundador y jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), murió cuando fuerzas especiales del Ejército intentaron detenerlo y él y su gente respondieron a balazos. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la Fiscalía General de la República (FGR) y el Gabinete de Seguridad lo confirmaron. Aun con esa confirmación, en redes sociales se disparó la desconfianza.

Circularon videos reciclados, fotos trucadas y escenas de “guerra” hechas con inteligencia artificial. Hubo quien juró que ardían aeropuertos y aviones y que destinos turísticos estaban en llamas. Autoridades y verificadores lo desmintieron, pero el daño ya estaba hecho, el miedo se extendió, la confusión creció y regresó la palabra favorita de muchos, “montaje”.

La desconfianza no sorprende porque los gobiernos se la ganaron a pulso. Lo que no es válido es brincar a la conspiración automática y repetir que todo es “puro teatro”, que “no hay cuerpo, no hay foto” o que “todo está arreglado”. Un montaje de este tamaño obligaría a coordinar a Sedena, la Guardia Nacional (GN), la FGR, peritos, ministerios públicos, laboratorios y la cadena de custodia. Además, habría que falsificar peritajes y sostener la farsa ante familias, realizar funerales y registrar decenas de muertes.

Después apareció el reclamo del “trofeo”, el de “muestren fotos”. El gobierno no está obligado a exhibir cadáveres; es más, está legalmente impedido. La identificación se sostiene en peritajes, no en fotos. Pedir imágenes como “prueba” es exigir circo y empujar al gobierno a tratar de ganar credibilidad en el peor terreno, el del linchamiento digital.

El costo humano, en cambio, no es teoría. Al menos 25 elementos de la GN murieron, además de un agente ministerial de Jalisco, un custodio y una mujer embarazada, y hubo decenas de heridos. Del otro lado se reportan 34 delincuentes muertos y 70 detenidos. La pregunta “a qué costo” es legítima, pero es absurdo usar cadáveres como marcador, como si el terreno, la sorpresa y el armamento no importaran. El CJNG no es una pandilla, es una maquinaria criminal con logística, control local y armamento sofisticado.

Luego, algunos quisieron presentar la violencia posterior, los narcobloqueos, la quema de vehículos, los ataques a comercios y el pánico como prueba del fracaso gubernamental, olvidando que así suelen reaccionar las organizaciones criminales cuando pierden algo. El domingo, el CJNG perdió a su fundador y sus mandos buscan demostrar fuerza mientras se reacomodan.

Sigue la pregunta de por qué ahora y por qué no en los seis años de Andrés Manuel López Obrador. Tal vez AMLO tenía miedo a otro culiacanazo, o por contubernio o por razones que no se explican. Ahora hubo inteligencia acumulada y la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum. Y si bien hay presión de EU, cooperación no equivale a rendición. La acción fue mexicana y con mando mexicano.

La muerte de el Mencho no desmantela al CJNG. Cortar una cabeza suele originar pleitos por la jefatura vacante. Si el golpe no se convierte en estrategia con inteligencia, cerco financiero, decomisos, control territorial e investigación de verdad, el CJNG solo cambiará de administrador y la factura la seguirán pagando quienes viven en la línea de fuego.

Facebook: Eduardo J Ruiz-Healy

Instagram: ruizhealy

Sitio: ruizhealytimes.com

Eduardo Ruiz-Healy

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.

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