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¿Por qué suben el Bitcoin y el oro? La deuda y las tasas de Estados Unidos detrás del rally

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OpiniónEl Economista

Horacio Esquivel

Bitcoin volvió a superar los 80,000 dólares y acumula un avance cercano a 28% en agosto. El oro rozó los 4,700 dólares por onza. Que ambos activos suban al mismo tiempo no parece casualidad. Detrás hay una preocupación que ha regresado al centro de los mercados: el costo de financiar a gobiernos cada vez más endeudados.

Estados Unidos acaba de superar los 40 billones de dólares de deuda federal. El problema no es que esté cerca de dejar de pagar —los bonos del Tesoro siguen siendo el principal activo de referencia mundial—, sino que financiar esa deuda a largo plazo se ha vuelto más caro.

La señal apareció en las últimas subastas. En agosto, el Tesoro colocó 58,000 millones de dólares a tres años, 42,000 millones a diez y 25,000 millones a treinta. Este último plazo alcanzó un rendimiento de 5.216%. Dicho de otra manera: para colocar nueva deuda a treinta años, el gobierno tuvo que ofrecer un rendimiento superior a 5%.

Aquí conviene distinguir dos tasas. La Reserva Federal fija la tasa de política monetaria, que influye sobre el costo del dinero de corto plazo. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez o treinta años los determina el mercado. Si los inversionistas perciben más inflación, riesgo fiscal o demasiada oferta de deuda, exigen un rendimiento mayor. Eso eleva otras tasas de largo plazo, aunque la Fed no haya subido la suya.

Esto aclara una aparente contradicción con Bitcoin. Normalmente, tasas reales más altas hacen más atractivos los bonos y presionan al oro y Bitcoin, que no pagan intereses. Pero no todo aumento de los rendimientos significa lo mismo. Si las tasas largas suben porque el mercado teme déficits persistentes, más deuda o pérdida de poder adquisitivo del dólar, oro y Bitcoin pueden subir al mismo tiempo que los rendimientos de los bonos. Eso es precisamente lo que está ocurriendo actualmente.

Estados Unidos conserva una enorme ventaja: emite deuda en la moneda de reserva mundial. Pero ni siquiera eso elimina el problema fiscal. Un déficit cercano a 6% del PIB y mayores pagos de intereses absorben una parte creciente del presupuesto. La economía todavía crece —la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta 2.2% real para 2026—, pero mientras la deuda aumente más rápido que el producto, el problema persiste.

Japón agrega otra presión. El rendimiento de su bono a diez años ronda 2.9%, máximo desde mediados de los noventa. Durante décadas, sus tasas casi nulas llevaron ahorro japonés hacia activos extranjeros, incluidos bonos estadounidenses, y favorecieron el carry trade: financiarse barato en yenes para invertir en activos con mayor rendimiento. Si las tasas japonesas suben, ese incentivo disminuye, parte del capital puede regresar a Japón y Estados Unidos tendrá que competir más por financiamiento.

Ahí entra Bitcoin. Su rally no depende solamente del renovado impulso regulatorio de Washington. También forma parte del llamado debasement trade: la búsqueda de protección frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas. El oro cumple esa función desde hace siglos. En Bitcoin la oferta es inelástica: por diseño sólo podrán existir 21 millones de unidades. Esa escasez programada es parte central de su atractivo como activo alternativo.

Eso no significa que Bitcoin haya dejado de ser especulativo ni que el rally sea permanente. La inflación estadounidense fue 3.4% anual en julio y la subyacente 2.5%; ambas bajaron una décima respecto de junio. La inflación, por tanto, está cediendo, pero lentamente. Si continúa bajando, el dólar se fortalece y disminuye la preocupación fiscal, parte de la demanda por oro y Bitcoin podría revertirse. Por ahora, sin embargo, los déficits persistentes y las dudas sobre el costo de financiar la deuda hacen que el segundo escenario prevalezca.

México debería observar con atención. Nuestro problema es distinto porque no emitimos la moneda de reserva mundial. El FMI proyecta crecimiento de apenas 1.2% para 2026, mientras déficit, intereses, pensiones y apoyo a Pemex reducen el espacio presupuestario. México conserva el grado de inversión, pero menor crecimiento y mayores necesidades de financiamiento pueden elevar la prima exigida por los inversionistas.

La respuesta no consiste simplemente en gastar menos. México necesita crecer más y financiar mejor ese crecimiento: ampliar la base tributaria, contener gradualmente el déficit, ordenar el apoyo a Pemex y dirigir inversión pública y banca de desarrollo hacia proyectos que eleven productividad y atraigan capital privado.

Bitcoin y el oro pueden corregir después de este rally. Lo importante es entender por qué están subiendo juntos ahora: una parte del mercado busca protección frente a déficits persistentes, deuda creciente y la incertidumbre sobre cuánto costará financiarla. Mientras esas dudas permanezcan, el movimiento puede tener más recorrido que un episodio de unas semanas.

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