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Sostenibilidad: del marco normativo a la acción con impacto real. Tendencias en un complejo 2026

Opinión
El enfoque y los esfuerzos en torno a la sostenibilidad atraviesan una fase de redefinición. Tras años marcados por la proliferación de compromisos públicos, hoy el escenario geopolítico y de comercio, la incidencia de los riesgos asociados a factores ASG y la mayor competitividad empresarial, hacen necesario un abordaje más pragmático y práctico, materializado en acciones y con seguimiento del retorno.
La generación de resultados medibles está conectada con el avance en la armonización de los marcos de reporteo. La simplificación de los Estándares en Europa y su alineamiento con las normas del ISSB, la convergencia de éste y el TNFD, representan avances clave para reducir la fragmentación. En América Latina, la adopción progresiva de las NIIF S1/S2 refuerza la transparencia y contribuye a contrarrestar el greenhushing, presente ante el temor al escrutinio público. Paralelamente, se refuerza el combate al greenwashing mediante mayores exigencias de verificación, el uso de taxonomías y un análisis más riguroso de los planes de transición climática.
No obstante, el desafío va más allá del cumplimiento regulatorio, y empresas e inversores tienen la oportunidad de integrar los criterios ASG como herramientas estratégicas para la toma de decisiones, la gestión de riesgos y la creación de valor. En este proceso, la inteligencia artificial se perfila como un aliado relevante, al facilitar el uso de datos, el monitoreo continuo y la medición de impactos, aunque plantea también nuevos retos en términos de consumo de energía y agua.
En los mercados de capitales, la deuda etiquetada muestra signos de madurez tras el shock de inicios de 2025 en pleno cambio político en USA. Estamos ante un creciente protagonismo de los bonos de transición y resiliencia y una incipiente experimentación con instrumentos financieros para la atención de riesgos asociados a la naturaleza y el resguardo del capital natural.
En la acción climática, urge avanzar en las finanzas para la transición energética, para atender el crecimiento de la demanda, que contrarresta la posible parálisis o retroceso normativo por la polarización política. Convive con la necesidad de priorizar también la adaptación climática, especialmente en América Latina, con la naturaleza como fuentes de soluciones y un llamado a la canalización de recursos financieros.
Nos queda cada vez más claro que la estabilidad económica y el desarrollo dependen de abordar de forma integrada los desafíos ambientales y sociales.