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Opinión

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Soberanía con moléculas, no con retórica

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

Es el propio régimen el que se ve obligado a buscar la salida de su oscurantismo energético por una contradicción elemental: es mejor la participación de capitales privados en México, que una dependencia casi total de los combustibles del extranjero.

Posiblemente se inspiraron en la crisis energética cubana –cuyo gobierno es el alter ego de la 4T–, pero hoy este régimen empieza a recular en el atasco que provocó la contrarreforma energética de López Obrador. Y lo hace, paradójicamente, invocando la soberanía.

Cuando la Presidenta elabora tantos argumentos para convencer sobre la conveniencia de que México, “siempre sí”, busque la explotación del gas de esquisto (shale gas), no le habla a su amplia clientela política; la gran mayoría es ajena a esos tecnicismos del fracking. Tampoco les habla a los mercados, a los expertos, al sector industrial o a los socios comerciales que en su momento aplaudieron la apertura energética; ahí no hay nadie a quien convencer, al contrario, suma adeptos.

Les habla a los dogmáticos, ideáticos, de su propio movimiento, empezando por su “tlatoani”, para hacerles ver que en este sexenio se han convencido de la necesidad de explotar un recurso disponible y que la tribuna presidencial está dispuesta a defender esa posición.

López Obrador canceló la reforma energética y la explotación del gas de esquisto, no por factores ambientales –el Tren Maya demuestra que el cuidado del medio ambiente le fue siempre indiferente-; lo hizo por sus ideas absurdas ancladas en el socialismo latinoamericano del siglo pasado.

Pero los datos son contundentes: México posee uno de los recursos de shale gas más grandes del mundo en la Cuenca de Burgos. El trabajo ya se lo hizo a México la Administración de Información de Energía de Estados Unidos que sugirió que el potencial técnico recuperable en nuestro país supera los 545 billones de pies cúbicos.

Las técnicas modernas de fracking desinflan el pretexto utilizado por el gobierno anterior para mantener esa riqueza bajo la tierra mientras se vaciaban las arcas públicas para comprar gas al extranjero.

Ahora viene otro reto que este gobierno debe enfrentar si no quiere fracasar rotundamente en esas buenas intenciones. No hay manera de que Petróleos Mexicanos pueda emprender por sí solo una extracción de tan alta especialización y experiencia que solo las empresas privadas pueden llevar a cabo de forma efectiva.

Si pretenden endeudar más al país para poner a Pemex a hacer fracking sin ayuda, el remedio será peor que la enfermedad. Para convencer a los particulares se necesitan garantías, seguridad jurídica y confianza; grandes temas ausentes con este régimen.

Parece que la administración de la presidenta Sheinbaum ha comprendido que la soberanía energética no se construye con retórica, sino con moléculas. Hoy México importa 75% del gas natural que consume; una dependencia peligrosa por la volatilidad de los precios, por lo impredecible del estado de ánimo del presidente Trump y hasta por los caprichos climáticos.

México va tarde. Será un proceso lento, pero lo crucial será ver si el régimen entiende, finalmente, que la soberanía energética solo se garantiza de la mano de la iniciativa privada.

Parece que la administración de la presidenta Sheinbaum ha comprendido que la soberanía energética no se construye con retórica.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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