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Opinión

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¿Qué significa la elección brasileña para México? Segunda parte

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Alexia Bautista | Columna invitada

Alexia Bautista

Lula da Silva hizo historia electoral en Brasil. Remontó una primera vuelta adversa y aseguró un cuarto mandato dos días antes de cumplir 81 años. Tras la primera votación escribí en este espacio que una victoria de la derecha brasileña tendría, entre otras consecuencias para México, una mayor competencia por inversión y una creciente soledad política para la presidenta Claudia Sheinbaum. Aunque la segunda posibilidad se ha disipado, la primera sigue vigente.

La reacción de los mercados fue contundente con el desplome de la bolsa brasileña, que perdió casi 14%, ante un resultado que pocos anticiparon. Muy probablemente, parte de la turbulencia sea temporal, aunque las preocupaciones fiscales del país son reales. Según estimaciones del FMI para 2026, Brasil registrará un déficit fiscal del 8.2% del PIB y una deuda pública cercana al 98%, frente al 4.2% y 62%, respectivamente, de México.

Brasil seguirá compitiendo con nuestro país por capital, en particular en sectores como el energético. Ahí está el Margen Ecuatorial, una provincia geológica emparentada con las cuencas de Guyana y Surinam, donde se han hecho algunos de los descubrimientos más importantes en años recientes. Pese a las controversias ambientales, Petrobras prevé invertir 2,500 millones de dólares en exploración esa región entre 2026 y 2030. La apuesta del gobierno de Lula es cristalina.

A propósito de Petrobras, mucho se ha dicho sobre su colaboración con Pemex. Es buena publicidad. Muy buena. Desafortunadamente, un memorando de entendimiento no equivale automáticamente a inversión. Pemex necesita socios, capital y proyectos rentables e, incluso entre dos empresas estatales de gobiernos amigos, las buenas intenciones y los acuerdos no vinculantes no bastan.

Otro terreno de competencia potencial es el de los minerales críticos. Brasil posee las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo después de China, y quiere traducir esa riqueza geológica en inversión y tecnología. Un ejemplo concreto es el financiamiento de 565 millones de dólares de parte de una agencia estadounidense a la minera brasileña Serra Verde para ampliar su capacidad de producción y reducir la dependencia de China.

México también tiene sobre la mesa su propio Plan de Acción Conjunto con Estados Unidos sobre minerales críticos. Sin embargo, el sector aún espera las regulaciones de la reforma a la ley minera que se aprobó en tiempos del expresidente López Obrador. En otras palabras, Brasil atrae financiamiento para desarrollar proyectos y México sigue sin completar las reglas del juego.

En el terreno político, la victoria de Lula representa una muy buena noticia para la presidenta Sheinbaum. La apuesta brasileña ha sido también personal, como quedó de manifiesto con la felicitación, la llamada e invitaciones mutuas para realizar visitas oficiales. Que las dos mayores economías latinoamericanas permanezcan en manos de dirigentes de izquierda tiene un peso simbólico, aunque sus izquierdas sean distintas. Para Sheinbaum, que enfrenta una montaña de presiones internas y externas, la continuidad de Lula representa, además, un respiro y un contrapeso político posible, cuando menos en el terreno diplomático, frente a las presiones que llegan del norte.

Finalmente, y a manera de excursus, la elección brasileña nos devuelve a nuestra obsesión por predecir el futuro. Confundimos probabilidades con certezas y Brasil nos recuerda que la los ejercicios democráticos todavía puede sorprendernos. Porque la incertidumbre, esa que nos cuesta tolerar y buscamos domesticar constantemente, tiene la enorme virtud de mantener el futuro abierto. Qué bueno que así sea.

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Alexia Bautista

Analista internacional y exdiplomática mexicana.

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