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Un ritual llamado David Byrne

David Byrne en el Teatro Metropolitan de la Ciudad de México. Foto: Cortesía OCESA
Todo comienza desde el espacio con una panorámica sobre la tierra. David Byrne aparece acompañado por un trío y bajo los acordes de “Heaven” nos transporta a aquel bar donde nunca pasa nada. Así es la forma en la que David Byrne continúa explorando las posibilidades de un concierto de rock en la gira de Who Is The Sky?, que pisó la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
David Byrne nunca ha sido una estrella de rock convencional. Es un líder espiritual que nos guía en un ritual de música, baile y comunión. El espectáculo que Byrne nos presenta está hecho para la era de la hiperconectividad y la estimulación constante. Para la era de la documentación in extremis.
El ex líder de los Talking Heads nos invita a un ritual para experimentar en el momento. Para desconectarse por dos horas e imaginar un universo optimista y lleno de posibilidades. Los acordes de “Everybody Laughs” hacen la transición del blanco y negro al color, mientras la gente se levanta de sus lugares y comienza a bailar. La formalidad se ha roto y todo lo demás será gozo. Un viaje psicodélico (“And She Was”), una meditación sobre el mundo moderno (“Life During Wartime”) y un ritual de éxtasis religioso (“Once in a Lifetime”).
Es una oportunidad para comprobar que Byrne resignifica su obra y la mantiene viva, con su dosis de nostalgia.
En Stop Making Sense, la película de concierto de los Talking Heads, Byrne y compañía construyen un espectáculo expansivo. Desde que Byrne sale al escenario acompañado con su guitarra y su pequeño amigo (un boombox), hasta el gigantesco traje gris, todo es un show expansivo de ambición artística.
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En American Utopia, la gira previa de Byrne, el espectáculo comenzaba en la mente de un individuo. Ahora con Who Is The Sky? Byrne sigue explorando su cosmovisión a través de un recorrido por medio siglo de carrera musical desde Talking Heads, su carrera en solitario y algunas de sus colaboraciones con Brian Eno, el Instituto Mexicano del Sonido y Natalia Lafourcade.
El otro gran cambio es la eliminación de la arquitectura tradicional de un concierto de rock. Como lo hizo en American Utopia, Byrne explora el espacio del escenario como un lienzo en blanco y los instrumentos no están amarrados a un lugar específico. Su compañía se convierte en una banda de acompañamiento, un coro musical y un troupe de danza, según lo requiera cada canción.
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Byrne juega con la música de Talking Heads. En “Psycho Killer” invoca al fallecido Arthur Russell y nos lleva a los lofts experimentales de los años setenta donde el postpunk se mezclaba con otras disciplinas artísticas.
Hay también una parada por los rincones exóticos de la cumbia en “Independence Day” y unas máscaras de luchadores para continuar por el tour musical.
“(Nothing But) Flowers” es una fantasía ambientalista que nos despierta la nostalgia por las cadenas de conveniencia, los gadgets de la vida moderna y todo lo que nos mantiene aislados de los otros.
“My Apartment is My Friend” y “I Met Buddha at a Downtown Party” son las paradas por la visión moderna de Byrne, desde la comodidad de un penthouse. Pero bajo las perturbadoras imágenes de las redadas de ICE en Estados Unidos, “Life During Wartime” nos ubica en la realidad distópica del momento.

"Life During Wartime" musicaliza pietaje de las redadas de ICE en Estados Unidos. Foto EE: Antonio Becerril
“Once In A Lifetime” es el clímax de la experiencia mística. Es aquí donde Byrne se transforma en un predicador y donde el público puede exorcizar sus demonios y sus males en un ritual catártico de música y baile.
Los que estuvimos en el Teatro Metropolitan el sábado 5 de septiembre fuimos testigos de un acontecimiento que solo pasa una vez en la vida. Y creo que más de uno nos preguntamos: ¿cómo llegamos aquí?






