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El rendimiento seduce, el riesgo se ignora

Opinión
El 3 de noviembre, el Banco Central de Paraguay ordenó la intervención de Ueno Bank, un banco digital en expansión, porque su índice de solvencia cayó por debajo del 50 % del mínimo requerido. Tenía unos 2.9 millones de clientes, en un país con 6.4 millones de habitantes. La medida impidió a muchos ahorradores acceder a su dinero y desató un gran descontento social que ha provocado una crisis política en la que renunció el presidente del Banco Central y fue destituido el presidente de la República, Santiago Peña.
Esta situación nos recuerda la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos, cuando el deterioro de los créditos hipotecarios de alto riesgo, conocidos como *subprime*, provocó pérdidas que comprometieron la solvencia y capitalización de numerosas instituciones financieras y contribuyeron a la quiebra de Lehman Brothers. En México, un antecedente similar ocurrió en 2020, cuando la CNBV revocó a Banco Ahorro Famsa por justamente incumplir los requerimientos mínimos de capitalización. Aunque las circunstancias son distintas, si nos muestran cómo el colapso de una entidad financiera puede poner en riesgo el patrimonio de los ahorradores.
Más allá de estos casos, preocupa que muchos ahorradores decidan dónde colocar su dinero atraídos principalmente por los rendimientos, la publicidad y la facilidad para abrir cuentas, sin evaluar con el mismo cuidado las posibles pérdidas a las que se exponen. La atención suele concentrarse en las ganancias prometidas, mientras que las condiciones y vulnerabilidades pasan a segundo plano.
Hoy, cuando invertir desde el celular toma apenas unos minutos, es más importante que nunca investigar a las instituciones que ofrecen rendimientos atractivos y evaluar su situación financiera y los riesgos de sus productos. La gama de opciones digitales es cada vez más amplia: además de la banca tradicional, Cetesdirecto permite adquirir valores gubernamentales; Nu, Stori y Plata ofrecen productos de ahorro y crédito; GBM y Actinver facilitan el acceso al mercado bursátil; Bitso permite invertir en criptoactivos, mientras plataformas como 100 Ladrillos y Prestadero ofrecen alternativas de crowdfunding. Incluso es posible invertir desde México en plataformas extranjeras. Esta innovación amplía la inclusión financiera, pero también puede generar una ilusión: creer que un producto fácil de utilizar es igualmente sencillo de comprender.
El ahorrador suele mirar primero la recompensa. Por ejemplo, si los CETES pagan alrededor de 6.5 % de interés anual y una aplicación anuncia el 15 %, la segunda opción parece más atractiva. Pero una tasa mayor no garantiza que sea una mejor inversión, pues puede implicar condiciones y exposiciones que no siempre son evidentes. En finanzas, existe asimetría de la información cuando quien ofrece un producto conoce más sobre sus características y riesgos que quien lo adquiere. Por cada $10,000 invertidos, una diferencia de 8.5 puntos porcentuales representa $850 adicionales al año, antes de impuestos. La pregunta sería: ¿comprende el ahorrador qué riesgo adicional está asumiendo por esos $850?
Para comprender los riesgos que existen detrás de los rendimientos, también debemos conocer qué hacen las instituciones financieras con los recursos que administran. Según la CNBV, en agosto las tarjetas de crédito representaban cerca del 83 % de la cartera de Nu y del 95 % de la de Plata. Sus índices de morosidad eran del 6.46 % y del 7.12 %, respectivamente, frente al 3.70 % del sistema bancario. Son créditos generalmente sin garantía específica. Estas cifras no prueban insolvencia, ya que existen capital, reservas y supervisión. Sin embargo, evidencian riesgos crediticios que el ahorrador pocas veces conoce.
Las protecciones tampoco son iguales. Los depósitos bancarios elegibles están cubiertos por el IPAB hasta por 400,000 UDIS; en las SOFIPOs, como Stori, el límite es de 25,000 UDIS. En GBM o Actinver, el riesgo depende del instrumento; en Bitso pueden intervenir riesgos de precio, contraparte, custodia y liquidez. Una pantalla similar no las vuelve equivalentes.
Asumir riesgos no es un error; hacerlo sin comprenderlos, sí. Antes de perseguir unos puntos más de rendimiento, conviene preguntar quién administra el dinero, cómo se genera la ganancia, quién supervisa, qué garantías existen y cuándo podremos retirar los recursos. La información está ahí, en internet, pero practicamente nadie la lee; se tiende a ignorarla porque la inercia de ganar dinero es más fuerte.
La tecnología ha democratizado el acceso a los mercados financieros, pero no ha eliminado la posibilidad de perder dinero. Ganarlo cuesta años de esfuerzo y sacrificios para el ciudadano promedio. Ganarlo cuesta sangre, sudor y lágrimas. En cambio, verlo desaparecer puede tomar apenas unos minutos. Por eso, antes de dejarnos seducir por rendimientos atractivos, debemos entender qué hay detrás de cada oportunidad. Porque buscar mayores rendimientos implica asumir riesgos, pero hacerlo sin comprenderlos puede poner en peligro lo que tanto trabajo nos ha costado construir: nuestro patrimonio.
