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Solo el proteccionismo puede salvaguardar la industria europea
Si bien un reequilibrio económico por parte de China sería beneficioso para todos, los líderes chinos han dado pocas señales de estar avanzando con decisión en esa dirección. Ante el constante aumento de las exportaciones chinas, que amenazan con diezmar la industria manufacturera europea, la UE no tiene más remedio que adoptar la imposición de aranceles.

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WASHINGTON, DC — Pocos podrían haber predicho las consecuencias que la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 tendría para Estados Unidos. Al contribuir al debilitamiento del sector manufacturero estadounidense y a la disminución del empleo en este sector, la integración de China en la economía global allanó el camino para el populismo económico de derecha que impulsó el ascenso político de Donald Trump. A menos que Europa actúe pronto para proteger su sector manufacturero del aumento vertiginoso de las importaciones chinas, podría correr una suerte similar.
La principal amenaza que China representa para la economía europea radica en su dependencia de las exportaciones para impulsar su crecimiento económico y absorber su exceso de producción. Si bien China reconoce desde hace tiempo la necesidad de pasar de un modelo de crecimiento basado en la inversión y las exportaciones a uno fundamentado en el consumo interno, la inversión aún representa alrededor del 40 % del PIB chino, y las exportaciones contribuyen con otro 20%.
La falta de progreso de China hacia el reequilibrio económico se debe en parte al estallido de la burbuja inmobiliaria en 2021, que mermó el consumo interno al reducir el valor de los activos de los hogares. Esto contribuyó a la desaceleración del crecimiento del PIB chino, que se situó en tan solo un 4.3% en el segundo trimestre de este año, el ritmo más lento desde la pandemia de COVID-19.
La débil demanda interna también ha hecho que China dependa aún más de los subsidios a la exportación y de un yuan infravalorado (en torno a un 20%) para apuntalar su sector exportador. Estas intervenciones ayudan a explicar cómo las exportaciones chinas aumentaron casi un 14% durante el primer semestre de este año, a pesar de los aranceles estadounidenses, generando un asombroso superávit comercial de 1.2 billones de dólares, el mayor jamás registrado por ningún país.
A medida que China se ve obligada a desviar estas crecientes exportaciones de Estados Unidos, la presión sobre la economía europea se intensifica, lo que plantea el riesgo de un nuevo "shock chino" que debilite la base manufacturera europea de forma similar a como el primer shock chino diezmó la industria estadounidense a principios de la década de 2000. La amenaza es particularmente grave en los vehículos eléctricos, las tecnologías de energía eólica y solar, las baterías, la electrónica y otra maquinaria avanzada.
Pero esto no es un juego de suma cero. A largo plazo, un reequilibrio económico chino beneficiaría tanto a China como a Europa. La solución política es bien conocida. Para reducir el ahorro precautorio e impulsar el consumo, China tendría que aumentar los ingresos de los hogares y fortalecer su red de protección social, incluyendo la sanidad y las pensiones. Al mismo tiempo, debe reformar las finanzas de los gobiernos locales y reducir su dependencia de la inversión financiada con deuda, especialmente en el sector inmobiliario.
Además de consolidar la economía china, estas medidas permitirían a China reparar sus deterioradas relaciones comerciales con Estados Unidos y evitar una guerra comercial con Europa. Lamentablemente, el gobierno del presidente chino Xi Jinping no ha dado ninguna señal de que esté avanzando con decisión en esta dirección. Esto deja a Europa con pocas opciones más que adoptar el proteccionismo.
Sin duda, si Europa sigue los pasos de Estados Unidos, utilizando aranceles y medidas no arancelarias para proteger su base industrial de las importaciones chinas, casi con toda seguridad sufrirá represalias. China probablemente comenzaría restringiendo el acceso de Europa a minerales de tierras raras, baterías y pilas de combustible, elementos vitales para las industrias avanzadas, desde la automoción hasta la energía eólica. Así fue como China consiguió que Trump diera marcha atrás en la imposición de un arancel del 145% el año pasado.
Pero por dolorosa que fuera tal represalia, la erosión de la base industrial europea sería mucho peor. Además de frenar el crecimiento económico y destruir empleos, este resultado complicaría los esfuerzos de países altamente endeudados, como Francia e Italia, para saldar sus deudas. Y, por supuesto, avivaría aún más el fuego populista.
En cualquier caso, una guerra comercial no beneficia a China a largo plazo. Que otro gran mercado recurra a medidas proteccionistas —quizás con el apoyo de otros países— podría ser justo la señal de alerta que necesita el gobierno de Xi: China no puede inundar los mercados globales con exportaciones cada vez mayores indefinidamente. En lugar de intentar apuntalar un modelo de crecimiento obsoleto, China debe buscar seriamente el reequilibrio.
Autor:
Desmond Lachman, investigador sénior del American Enterprise Institute, es exsubdirector del Departamento de Desarrollo y Revisión de Políticas del Fondo Monetario Internacional y exestratega económico jefe de mercados emergentes en Salomon Smith Barney.
