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Los prestadores de la salud hablan por los derechoahabientes

Roy Campos | Números, Opinión y Política (NOP)
El movimiento del personal médico, de los trabajadores y de los jubilados del IMSS podría considerarse una manifestación de lo que López Obrador llamó “el pueblo”, e incluso podría apostar que entre ese grupo de personas sindicalizadas, el triunfo de su movimiento en 2018 y 2024 fue amplio. Sin embargo, al aparecer en manifestaciones cuando ya gobierna y administra Morena, el movimiento de la 4T empieza a verlos como grupo opositor.
Los hechos son conocidos. La dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social acordó un incremento global de 6.8%, apenas 2.9% al salario y el resto en prestaciones. La base no lo aceptó. Hubo bloqueos en la Ciudad de México y en casi todo el país, una marcha nacional y obligaron a una consulta en la que los trabajadores rechazaron la propuesta. Hoy se habla de renegociar, pero los inconformes ya dijeron que no quieren que negocie quien firmó el primer acuerdo: piden la renuncia de su secretario general, Rafael Olivos, y un congreso extraordinario para elegir nueva dirigencia. Anuncian que seguirán marchando.
Hasta ahí podría parecer un conflicto sindical más: trabajadores contra su líder. De fondo la base considera que sus dirigentes sindicales no están del lado del trabajador, sino del lado del patrón. Y el patrón es el gobierno. Son liderazgos sindicales que en su momento estuvieron con el PRI, después con el PAN y hoy con Morena, son legisladores dentro del grupo mayoritario, el mismo que vota sin quitar una coma, el presupuesto que después resulta insuficiente para el sector salud. Cuando la base dice “necesitamos más dinero”, considera que quienes levantan la mano para aprobar ese dinero lo hacen como patrones, no como trabajadores.
Pero la pregunta interesante es otra: ¿por qué un movimiento sindical, de repente, tiene tanto apoyo entre personas que normalmente se molestan con cierres y bloqueos de calles? Cuando la Coordinadora de maestros marcha en la Ciudad de México y hace bloqueos, no vemos que se le sumen los demás sindicatos; no vemos al ISSSTE, ni a los trabajadores de la CFE haciendo causa común. Y la ciudadanía, que padece el bloqueo, suele estar en contra. Aquí pasó lo contrario. Fue creciendo al grado de que, cuando pasaba la manifestación, se veía a la gente asomarse por las ventanas a gritarles que siguieran en su lucha.
En mi opinión este movimiento tuvo éxito porque incluyeron en sus reclamos, no solamente la destitución de la dirigencia sindical y mejores salarios, sino que en su movimiento evidencian las carencias del sistema de salud y pelean para mejorarlo, y el pueblo y los otros sindicatos también viven en carne propia la falta de medicinas, de insumos, de equipo y de médicos. Así que el reclamo de estos médicos, empleados y jubilados del IMSS es perfectamente entendido y apoyado por todos. Los medicamentos llevan años apareciendo como un problema; la falta de insumos también; los médicos se han quejado de que faltan plazas de base, de que son pocos para la demanda y de que el equipo es obsoleto o insuficiente. El sistema de salud es uno de los fracasos, por decirlo así, de la política de López Obrador. Morena dirá que son retos. La presidenta Sheinbaum ha tenido que retomarlo y tratar de corregirlo, ya cambió la política de compra de medicinas y otras más, pero el origen del problema es del sexenio anterior y por supuesto de las corrupciones e ineficiencias de los gobiernos previos a la 4T.
Esta es la clave. Los trabajadores del IMSS no sólo dicen "quita a mi líder sindical". No sólo dicen "quiero más ingreso". Amplían sus demandas: se requiere más dinero para medicinas, para insumos, para equipo. Y entonces resulta que el reclamo ciudadano por un mejor sistema de salud lo están encabezando quienes prestan el servicio. Los que entregan la receta sabiendo que en la farmacia no hay. Los que le tienen que decir al paciente "le voy a atender, pero no hay esta sonda, no hay paracetamol". Los que todos los días tienen que darle la cara al derechohabiente.
Cuando esos trabajadores salen y dicen "no sólo quiero cambiar a mi líder; quiero que me des mejores condiciones para atender al derechohabiente", en ese momento se ganan el apoyo. Su reclamo deja de ser por ellos, su grito se convierte en "no peleo por mí, peleo por el pueblo". Por eso esto se volvió grande. tan grande, que en el mapa de riesgos del gobierno le pusieron mucha atención. Pero este movimiento va por la cabeza del dirigente sindical, y yo creo que esa cabeza tiene los días contados.
Un aumento salarial y un cambio de líder resuelven el conflicto sindical, no el reclamo ciudadano. Las medicinas, las sondas, las plazas y el equipo no llegan con la renuncia de nadie. Si el gobierno cree que pagando apaga el movimiento, cometerá un error: el fuego se apaga, la causa se queda. Y esta vez la causa no es de un sindicato, es de los millones de derechohabientes que se asomaron a la ventana a decir que siguieran.


