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Todos los datos del Inegi son económicos y políticos

Roy Campos | Números, Opinión y Política (NOP)
(Este texto lo leí en el seminario “Ciencia Abierta e información pública con sentido social: desarrollo, inclusión y justicia” organizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y la Universidad Autónoma Metropolitana).
Voy a desarrollar una idea que me ha dado vueltas desde hace días, Empezaré hablando del Inegi. No de su estructura, ni de su historia, ni de las personas que lo integran sino de los datos que genera. Y empiezo con una afirmación que a alguno le va a parecer exagerada: todos los datos del Inegi son económicos y políticos. ¡Todos!
No importa cómo se les clasifique —demográficos, sociales, geográficos, de seguridad, de corrupción, calidad en los servicios, crecimiento, inflación, construcción, consumo, educativos, demográficos o hasta de felicidad— todos son económicos y todos son políticos. Económicos porque todos afectan a la economía real: inflación, pobreza, la inseguridad cuesta, la corrupción afecta la inversión y las ganancias de empresas, y al final a las personas. Y son políticos en el amplio sentido porque por un lado alimentan el diseño de toda política pública —para eso existen— y por otro porque terminan en el discurso del que gobierna o del que es oposición. Sus resultados son explotados políticamente, siempre, por todos los actores políticos.
Y sin embargo, aquí está una paradoja: el Inegi no está diseñado ni para hacer política ni para diseñar y dirigir la economía del país. Está diseñado para generar precisamente esos datos, para que con ellos quien quiera tome decisiones racionales. Quien quiera: cualquier persona, cualquier institución, cualquier gobierno, cualquier país extranjero o institución extranjera a la que le interese ver qué está pasando en México o qué hacer en México.
Por eso mismo todos los datos que genere tienen que ser extremadamente precisos, sin jugar a la política ideológica ni a la teoría económica. El Inegi no es el encargado de dirigir la economía; para eso hay otras instituciones. Su trabajo es otro y es más delicado: medir.
Ahora, el tema que me ha dado vueltas en la cabeza. ¿Cuál es el principal problema de México? Cada quien puede nombrar el suyo, y todos tendrán razón desde donde lo viven: el campo, la inseguridad, la corrupción, la polarización, la educación, la salud, habrá quien diga la democracia. Pero si hablamos del futuro del mexicano —no de lo que estamos viendo hoy, sino del diseño de un país viable a mediano plazo—, el principal problema es la economía. ¡Es la economía!
Porque en las condiciones actuales México tiene una expectativa de bajo crecimiento; porque necesitamos atraer más inversiones y no llegan suficientes; porque hay muchas incertidumbres Pero sobre todo, porque tenemos encima una Espada de Damocles que nos puso el sistema de calificadoras de deuda: nos tienen prácticamente en cero bolas y dos strikes, en el último escalón antes de degradarnos y quitarnos el grado de inversión.
Piénselo un segundo. Si esas calificadoras dejan de creer, si dudan de que los datos mexicanos son precisos y reales, no lo van a pensar dos veces: nos quitan el grado de inversión. Y ahí no se afecta un indicador ni un sexenio, sino unas generaciones: se afecta el costo de la deuda, el tipo de cambio, el valor de nuestra economía, la inversión que no llega y el empleo que no se crea. Se afectan todos los planes de gobierno por falta de recursos; en resumen nos pega a todos, empezando por los que menos tienen. Así que discutir el desarrollo de México inicia por exigir la autonomía, la precisión, la seriedad pues, del Inegi.
De ahí que esta institución necesite conservar lo que hoy tiene: altísima credibilidad y altos niveles técnicos, para que le creamos nosotros, los tomadores de decisiones y todas instituciones del mundo. Si no, nos va a ir mal a todos. Ya ocurrió hace algunos años con Argentina, perdió credibilidad su sistema estadístico y se hundió, aún no lo supera.
Hay dos instituciones en México a las que no se les puede permitir actuar con carácter ideológico ni perder la solidez técnica: el Banco de México y el Inegi.
Ninguna gana elecciones ni las pierde, ninguna aparece en las encuestas de popularidad, y sin embargo de las dos depende que el país sea medible y creíble. Si se pierde la credibilidad en ellas, pierde México, pierden los mexicanos.
Y por eso aplaudo que el Inegi se haya mantenido como se ha mantenido.
Cualquier dato que genera puede ser criticado: los actores políticos pueden poner en duda lo que quieran, y de hecho lo hacen, unas veces desde el gobierno y otras desde la oposición o incluso desde la academia, lo viví durante varios años en esa institución, en cada ocasión dependiendo de a quién le incomode un número. Pero el instituto ha conservado su solidez técnica, científica y académica. Y espero que así siga.
Lo digo desde el oficio: quienes medimos sabemos lo fácil que algunos acomodan un número pero también lo caro que sale hacerlo una sola vez.
La credibilidad de una institución que mide no se construye con un dato; se construye con años de datos que nadie pudo desmentir, como lo ha hecho el Inegi . Todos sus datos sirven para generar la todas las políticas públicas que ayudan al desarrollo y a la vida de todos los mexicanos. No es un tema de estadística: es un tema de país.

