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¿Qué vamos a hacer si pierde Trump?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Para fines económicos, en dos semanas se define buena parte del destino de México.
El partido político de Donald Trump podría ser derrotado después del Día de Muertos. Eso dicen las encuestas y las apuestas.
El 3 de noviembre, los estadounidenses decidirán quién ocupará las sillas del Senado y también de la Casa de Representantes, el equivalente a la Cámara de Diputados en aquel país, y no parece haber a la vista un resultado que ayude a México en el corto plazo.
Vamos a ver por qué. Lo más importante hoy en materia económica para este país es brindar algo de certidumbre a quienes quieren hacer negocios. Ellos son quienes generan los empleos.
Esa palabra, certidumbre, fue borrada de la narrativa de México desde 2016, cuando Trump se perfilaba para ganar las elecciones presidenciales en su país. A la postre, México eligió la ideología de Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena.
Ambas elecciones transformaron el panorama y abrieron una etapa de cambios constantes.
Esto no tiene que ver con preferencias políticas, sino con un asunto pragmático: la gente quiere entender las reglas del juego cuando pone dinero y hoy, todos lo sabemos, las reglas cambian con frecuencia.
Va un ejemplo: el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, trabaja para quitar los aranceles que hoy pesan sobre el acero, el aluminio y los coches fabricados en México.
¿Vieron lo que publicó el Wall Street Journal la semana pasada?
Que el avance hacia un acuerdo arancelario entre Estados Unidos y México se ha estancado tras la oposición del secretario de Comercio, Howard Lutnick.
Que Estados Unidos y México estaban cerca de alcanzar un acuerdo que reduciría los citados impuestos aplicados a productos mexicanos, pese a la existencia de ese tratado comercial llamado T-MEC, que en la Casa Blanca parece ser ignorado con frecuencia.
Entonces, ¿si ganan los contrarios este 3 de noviembre vendrá una situación mejor?
Habrá que ver si el Partido Demócrata sigue la narrativa de una de sus figuras políticas más relevantes, Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), quien votó en contra de la aprobación del T-MEC, precisamente.
La fuerza política de esta inteligente y joven neoyorquina es tal que analistas en ese país no solo la ven repitiendo como legisladora, sino iniciando, a partir de finales de este año, su campaña rumbo a la Presidencia de Estados Unidos.
Es muy difícil que, ante los golpes políticos que vienen para los próximos dos años, alguien quiera enarbolar la defensa de México en su relación comercial con Estados Unidos. Es complicado que lo haga AOC, una defensora de sindicatos que pueden argumentar desventajas frente fábricas mexicanas.
Hasta ahora, las encuestas nacionales muestran que el Partido Republicano está por detrás de los demócratas de cara a las elecciones. ¿Por qué? Por el descontento económico ante los altos precios de la gasolina, el diésel y otros productos, además de los bajos índices de aprobación del presidente Donald Trump.
Si ganan los demócratas, la agenda política de ese país se volverá aún más incierta con el inicio de investigaciones judiciales contra el mandatario, quien estará en la Casa Blanca hasta enero de 2029. Los archivos de Epstein, por la presunta relación de ese criminal con Trump, se convertirán en bandera de guerra.
Si finalmente ganan los republicanos, el presidente podría prolongar su fuerza más allá de su mandato. Con el Congreso a su favor, muy probablemente aprobará de inicio el “dividendo Trump” de 5 mil dólares que pretende pagar a cada adulto estadounidense en caso de conseguir una victoria, lo que provocaría otra ola de inflación.
¿Qué podemos hacer? Controlar lo controlable: apoyar el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum de ampliar la infraestructura eléctrica del país; generar empresas capaces de solucionar problemas de suministro y servicios de energía en Estados Unidos que van a necesitar mucho; y, lo más difícil, ocuparnos de una vez por todas de combatir a los criminales en México y recuperar la gobernabilidad.
Vacunarnos, pues, ante cualquier cambio político externo.


