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El paquete económico, en la balanza

Jorge A. Castañeda | Columna invitada
El jueves 3 de septiembre, The Economist publicó una nota: el mercado de bonos trata a México como si fuera bono basura. Hacienda acusó al semanario de descontextualizar la información. El artículo se equivoca en algunos datos —la deuda está entre 52 y 55%, según el año—, pero su diagnóstico es correcto: México no crece lo suficiente y eso preocupa a quienes deciden cuánto cobrarnos por prestarnos. El Paquete Económico 2027 permite ver si Hacienda logra lo que el propio Economist cuestiona: estabilizar la deuda.
Empecemos por lo bueno. El supuesto de crecimiento —que Hacienda vende como “al menos 2%”, aunque el rango es de 1.5 a 2.5%— es lomás creíble. Coincide con Banxico (2%), supera el consenso privado (1.8%) y abandona el optimismo de los Precriterios de abril (hasta 2.9%).
También, los ingresos tributarios llegarán a un máximo histórico de 15.9% del PIB sin crear formalmente un impuesto nuevo. La metadescansa en la nueva Ley del ISR: un tope a deducciones de personas morales con ingresos superiores a 50 millones de pesos, de 96.67% o 99%, según el caso. Es una tasa mínima efectiva por la puerta de atrás: limita lo deducible sin tocar la tasa del 30%. Es razonable contra facturas falsas, pero su recaudación depende de la reacción empresarial. Si falla, el ajuste caerá en el gasto.
Ahí termina lo bueno. Los RFSP —la medida amplia del déficit— serán de 3.9% del PIB en 2027, contra el 3.5% prometido en abril: 40 puntos base de deslizamiento en menos de medio año. Haciendapresume una “reducción acumulada de 1.8 puntos respecto de 2024”, una comparación cómoda: ese fue el peor año fiscal en casi cuatro décadas. Contra 2026 (4.1%), la consolidación de 2027 será de apenas 0.2 puntos, la más lenta del sexenio.
La rigidez del gasto es casi total. Participaciones, aportaciones, costo financiero y pensiones contributivas suman 6 billones 195 mil 200 millones de pesos. Con los programas sociales prioritarios —encabezados por 543.5 mil millones para la Pensión de Adultos Mayores—, llegan a 7 billones 220 mil 600 millones: 68.7% del gasto neto total de 10 billones 515 mil 100 millones para 2027. Del 31.3% restante deben salir salud, educación, seguridad e inversión pública no prioritaria. El gobierno no tiene margen de maniobra.
La inversión física presupuestaria es apenas 2.6% del PIB. Los programas sociales prioritarios equivalen a toda la inversión pública. Hacienda lo confirma: la inversión física “se ajusta para alcanzar los objetivos de déficit” y caerá a 1.7% del PIB en promedio entre 2028 y 2032. Es, literalmente, la variable de ajuste. Lo único sin blindaje es lo que el país necesita para crecer. Los 5.7 billones de inversión anunciados son un agregado a cinco años (2026-2030) que mezcla recursos públicos, privados y financiamiento; no son comparables con la cifra anual.
La aritmética importa. Con un RFSP de 3.9%, crecimiento cercano a2% y una tasa real de fondeo de 5.8%, la deuda como proporción del PIB seguirá subiendo mientras el costo real del crédito supere al crecimiento. Hacienda presume un superávit primario de 0.6% del PIBen la medida estrecha; pero en la amplia, que realmente mueve la deuda, el Saldo Histórico de los RFSP pasa de 54% a 55% del PIB.
Hay consolidación fiscal, pero no alcanza para estabilizar la deuda. La salida de mediano plazo pasa por el crecimiento: mientras el costo de los intereses supere al crecimiento, la deuda seguirá subiendo si hay déficit primario. Todos sabemos qué hace falta: certeza e instituciones sólidas. De eso, el Paquete Económico 2027 no dice una palabra.


