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La oportunidad farmacéutica de México: ¿la aprovechamos o la perdemos?

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios
México tiene hoy las condiciones para dejar de ser solo un ensamblador o importador y convertirse en un eslabón estratégico de la nueva geopolítica farmacéutica. La condición es clara: combinar una política industrial interna ambiciosa con integración regional y acciones regulatorias decididas. Ese fue el mensaje transversal del conversatorio “Biotecnología, Investigación y Propiedad Intelectual desde el Plan México”, celebrado ayer en el Senado, y coincide con el que días antes planteó María Fabiana Jorge aquí en las páginas de El Economista.
El momento es único. La industria y el Legislativo coinciden en que el país no puede seguir dependiendo de insumos extranjeros en niveles críticos, mientras la reconfiguración global de las cadenas de suministro abre una ventana que no permanecerá abierta indefinidamente.
Durante décadas el comercio se guió por un solo principio: producir donde fuera más barato. Esa lógica concentró la fabricación de ingredientes farmacéuticos activos (APIs) y sus precursores en muy pocos países. Según la U.S. Pharmacopeia, citada por Fabiana, el 67% de los Drug Master Files de APIs antimicrobianos se concentran en China e India. El 58% de los KSMs dependen de un solo país y el 41% provienen exclusivamente de China.
México no escapa a esa realidad. En el evento del Senado se reiteró que en vacunas y biosimilares la dependencia de insumos provenientes del extranjero llega a rozar el 99%. Y esta concentración ya no es solo un problema de costos: es un riesgo de seguridad sanitaria y económica, como lo evidenció la pandemia de Covid19 y las tensiones geopolíticas.
Estados Unidos y otras economías desarrolladas respondieron con estrategias de diversificación. La pregunta ya no es si el mundo reorganizará sus cadenas, sino quiénes serán los nuevos socios confiables.
El conversatorio, organizado por la Comisión de Economía que preside el senador Emmanuel Reyes Carmona y con fuerte presencia de ANAFAM, reunió a legisladores, autoridades, académicos e industria. El consenso fue claro: México tiene talento e infraestructura, pero dichas ventajas no se han podido transformar en producción e innovación nacional.
Jaime López de Silanes, de ANAFAM, subrayó que la investigación científica de alto nivel debe verse como la inversión más rentable para la soberanía. Se insistió en desarrollar biosimilares y biogenéricos para ampliar el acceso a terapias de alta especialidad. Representantes de Laboratorios Liomont y de la UNAM advirtieron sobre la urgencia de recuperar capacidades productivas y de construir un ecosistema real entre academia e industria.
Otros puntos recurrentes fueron la reducción de tiempos de aprobación de estudios clínicos, la certeza jurídica y un marco de propiedad intelectual equilibrado. Se habló de incentivos a la investigación y de alinear estos esfuerzos con el Plan México. La Secretaría de Economía anticipó la próxima visita de una representación de la FDA.
La especialista en el sector farmacéutico y propiedad intelectual María Fabiana
Jorge coloca este debate en un mapa más amplio. México ocupa una posición singular: combina el T-MEC, integración manufacturera con Estados Unidos y Canadá, experiencia exportadora e incluso adopción de estándares la estadunidense USP. Esa combinación lo convierte en el punto de partida natural para detonar una cadena regional de suministro farmacéutico resiliente.
La revisión del T-MEC ofrece la oportunidad de institucionalizar esa resiliencia como objetivo estratégico. Jorge propone, entre otras medidas, que la FDA precalifique APIs de forma independiente y que se establezcan incentivos claros para el nearshoring. Los beneficios incluyen inversión de largo plazo, empleo calificado y fortalecimiento tecnológico. Pero advierte que la ventana es momentánea.
La coincidencia es paralela en lo esencial: la dependencia actual es insostenible. Puntos obligados son: certeza regulatoria, incentivos y reglas claras. Los vehículos adecuados son tanto el Plan México como la revisión del T-MEC, pero también son coyunturales.
Los retos son concretos: velocidad en la regulación, coordinación entre gobierno, industria y academia, y modernización de capacidades productivas.
Y para como se ven las cosas en una industria farmacéutica que opera en México dividida y sin claros liderazgos, otro de los grandes retos para el sector no sólo es mantener el equilibrio entre protección de la propiedad intelectual y acceso a medicamentos, sino además encontrar la manera de que puedan convivir y complementarse la industria farmacéutica de innovación -básicamente formada por trasnacionales- con la industria farmacéutica enfocada a genéricos -donde está centrada la producción nacional.
En ese marco es que al país le toca construir la soberanía sanitaria y el nearshoring farmacéutico que no se conseguirá mediante decreto. El diagnóstico ya está sobre la mesa. Ahora corresponde traducir el consenso en política pública, inversión y resultados medibles. La ventana está abierta. México está ante una nueva geopolítica farmacéutica que le puede llevar de la dependencia a la oportunidad estratégica. La pregunta es si México decidirá aprovecharla.
Demanda la ANAFAM certeza jurídica ante reforma de propiedad industrial
En el mismo conversatorio, ANAFAM elevó un planteamiento concreto y oportuno. Ante la próxima discusión en el Senado de una nueva reforma a la Ley Federal de Protección Industrial —que el senador Emmanuel Reyes Carmona anticipó podría dictaminarse a partir de septiembre—, la asociación demandó un marco sólido, eficiente y predecible. Jaime López de Silanes, su presidente, habló de que la certeza jurídica y regulatoria es el catalizador indispensable para atraer inversión, proteger la innovación y acelerar la transferencia tecnológica que permita fortalecer la producción nacional de biogenéricos y biosimilares. El mensaje de la industria es consistente con el diagnóstico general: sin reglas claras y equilibradas que protejan la innovación pero faciliten la entrada oportuna de genéricos y biosimilares, México difícilmente convertirá su talento e infraestructura en soberanía sanitaria real. El Senado se declara listo para escuchar a los sectores involucrados. La prueba de fuego será traducir ese diálogo en un instrumento que genere confianza y resultados.
Señalan que compra pública no incentiva la producción nacional
Directivos de la industria farmacéutica mexicana expresan sorpresa por la asignación directa de dapagliflozina en el proceso de compra consolidada en curso. Según nos comentan, el medicamento se adjudicó al laboratorio anglo-sueco AstraZeneca sin considerar que ya existen registros sanitarios de compañías con capacidad productiva en México: uno de Laboratorios Liomont (Daposar) y otro de la uruguaya Adium. Liomont, además, participa en el Plan México con el proyecto de producir en el país la vacuna de ARN mensajero de Moderna. Para el ciclo 2025-2026 se destinó un presupuesto de alrededor de 10 mil millones de pesos únicamente a esta clave, de manera directa. Ejecutivos señalan que una división del volumen hacia la compra 2027-2028 habría abierto espacio a los proveedores nacionales. El episodio, atribuyen, refleja que en la organización de las compras —a cargo del equipo del subsecretario Eduardo Clark y de Carlos Alberto Ulloa Pérez, titular de Birmex— pesan factores adicionales a la simple existencia de capacidad productiva local.
Fuentes:
María Fabiana Jorge, “La nueva geopolítica farmacéutica…”.

