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NFL: El negocio detrás de cada domingo

Alfredo Duplan | Más allá del éxito
Arrancó una nueva temporada de la NFL y con ella regresa uno de los fenómenos deportivos y comerciales más interesantes del mundo. Venimos de un verano dominado por el Mundial de futbol, probablemente el evento deportivo que mayor atención simultánea puede generar en el planeta. Pero la NFL juega un partido diferente: quizá no tenga la universalidad del futbol, pero tiene algo extraordinariamente valioso para cualquier negocio: recurrencia, ritual y una enorme capacidad de generar engagement durante meses.
El Mundial es intensidad concentrada. Durante algunas semanas cambia conversaciones, horarios, publicidad y hasta decisiones de compra. La NFL construye su relación de otra manera. Cada semana hay partidos, estadísticas, lesiones, polémicas, Fantasy Football, highlights, podcasts y conversaciones entre aficionados. Termina un domingo y prácticamente comienza la preparación para el siguiente.
Ahí está una de sus grandes fortalezas comerciales. La NFL entendió que el producto ya no son solamente los cuatro cuartos de un partido. El consumidor puede ver el juego completo, seguirlo por streaming, revisar repeticiones, consumir únicamente highlights o pasar horas analizando estadísticas para decidir quién debe jugar en su equipo de Fantasy. Un partido genera contenido antes, durante y después de que se juega.
Eso multiplica los puntos de contacto con el consumidor. Y también multiplica las oportunidades para las marcas.
La expansión internacional de la NFL confirma que la liga entiende perfectamente este potencial. En 2026 tendrá un récord de nueve partidos internacionales distribuidos en cuatro continentes y siete países. Londres, Madrid, Munich y París representan Europa; Melbourne abre Australia; Río de Janeiro fortalece Sudamérica y México vuelve a recibir temporada regular. Además, los 32 equipos participan ya en el Global Markets Program de la liga, con derechos comerciales en 22 mercados internacionales.
No se trata únicamente de llevar un partido a otro país. Se trata de desarrollar aficionados, vender jerseys y gorras, organizar experiencias, desarrollar NFL Flag, conseguir patrocinadores y convertir equipos estadounidenses en marcas globales. El merchandising deportivo funciona además de una manera extraordinaria: el consumidor paga por convertirse voluntariamente en publicidad ambulante de una marca con la que tiene una conexión emocional.
México es especialmente interesante. Tenemos décadas siguiendo futbol americano y una característica que nos diferencia del futbol mexicano. En la Liga MX, la geografía históricamente ayuda a construir afición. Monterrey y Tigres dominan en Nuevo León; Chivas tiene raíces profundas en Guadalajara y otros equipos conservan una conexión importante con sus ciudades.
Con la NFL es diferente. No tenemos un equipo local y, por lo tanto, las preferencias están mucho más distribuidas. Cowboys, Steelers, 49ers y Raiders han construido enormes comunidades históricas, mientras franquicias como Kansas City y Patriotas han capturado nuevas generaciones gracias a sus éxitos recientes y a jugadores que se convierten en celebridades globales. No es casualidad que diez equipos tengan actualmente derechos comerciales dentro del mercado mexicano.
Para el retail, esto representa una oportunidad que muchas veces seguimos explotando de manera demasiado tradicional. Colocar jerseys de algunos equipos en una exhibición es vender mercancía. Construir una experiencia alrededor de la temporada es generar tráfico y engagement.
Y para hacerlo no es necesario escoger un equipo.
Un supermercado puede crear el “domingo de NFL” alrededor de cerveza, botanas, carnes, pizzas y alimentos preparados. Una tienda de conveniencia puede desarrollar promociones vinculadas con resultados, touchdowns o partidos nocturnos. Un centro comercial puede organizar dinámicas de Fantasy, zonas para fotografías o concursos semanales. Una cadena de restaurantes puede premiar a quien llegue con el jersey de cualquier equipo. Incluso categorías aparentemente alejadas del deporte pueden participar alrededor del ritual social que representa ver un partido.
La clave está precisamente en no limitar la estrategia a Cowboys contra Steelers o 49ers contra Raiders. El retailer tiene una ventaja que los propios equipos no tienen: puede ser neutral. Puede celebrar la NFL completa y permitir que cada consumidor lleve su propia pasión.
Además, Fantasy Football cambió radicalmente la manera de seguir el deporte. Antes alguien veía principalmente a su equipo. Hoy puede interesarle un quarterback de Buffalo, un receptor de Cincinnati y un corredor de Philadelphia porque todos están en su Fantasy. El engagement deja de estar concentrado en una franquicia y se distribuye por toda la liga.
Ahí existe una enorme lección para las empresas. El consumidor moderno no necesariamente quiere relacionarse con nosotros solamente a través del producto que vendemos. Quiere experiencias, entretenimiento, comunidad y razones para regresar. La NFL ha logrado transformar un deporte en una plataforma de contenido que prácticamente nunca descansa durante la temporada.
El Mundial nos recordó el enorme poder que tiene el deporte para movilizar consumidores. La NFL nos enseña algo diferente: cómo convertir esa pasión en una relación recurrente durante cinco meses.
Para el retail, quizás el verdadero touchdown no sea vender otro jersey. Es lograr que cada domingo el consumidor tenga una razón para regresar.
Esto es más allá del éxito!! Nos leemos pronto!

