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La era del micro entretenimiento y la IA

Nelly Acosta Vázquez | IA: Integrados y Apocalípticos
¿Has disfrutado de alguna competencia de los Juegos Olímpicos de Invierno? Tal vez no seguiste la transmisión completa, pero alguien te compartió por WhatsApp el momento en que patinó el mexicano Donovan Carillo o alguna escena de la inauguración. No es casualidad: es el micro entretenimiento, una tendencia cada vez más visible, en la que la Inteligencia Artificial (IA) tiene un papel decisivo.
Así que si creías que por no usar ChatGPT estabas fuera del mundo de la IA, temo decirte que eres parte de esta tendencia. Basta con compartir un video breve o reproducirlo varias veces, como mi mamá, que aunque no tiene redes sociales ni sabe nada de IA, es una gran “compartidora” de micro contenidos desde su WhatsApp.
Si lo reflexionamos un poco, llevamos varios años consumiendo micro noticias, micro extractos de películas, micro series o micro pedazos de caricaturas o contiendas deportivas. No son contenidos al azar: pareciera como que "algo nos adivina" los gustos o que nuestros celulares están mágicamente llenos de momentos intensos y emocionantes, que impulsivamente compartimos.
Esto es resultado de sistemas con Inteligencia Artificial, diseñados para optimizar un recurso escaso: nuestra atención. Los creadores de contenidos y dueños de grandes medios y streaming ya no compiten por horas de nuestras vidas, compiten por segundos repetidos muchas veces al día.
¿Cómo funciona? La IA interviene en dos niveles.
Primero, la producción. Hoy existen herramientas con IA capaces de analizar horas de video y detectar automáticamente los momentos de mayor intensidad: un grito, una risa, una confrontación, una frase polémica. El sistema identifica picos emocionales en la voz, cambios de ritmo, reacciones del público. Después, corta, edita, agrega subtítulos y adapta el formato rápidamente a contenidos de no más de 5 minutos (a veces solo de unos cuantos segundos). Antes, esto llevaba horas y días y recaía en el trabajo y paciencia de varias personas.
Pero esto es sólo la mitad del fenómeno. El segundo nivel ocurre del lado del espectador. Los algoritmos de IA van aprendiendo de los hábitos de los usuarios: cuánto tiempo miran un video, de qué tema, si lo repiten, si lo pausan, si lo comentan, o si lo comparten y con quién.... Cada uno de estos movimientos "inocentes" alimenta un modelo que decide cuál será el siguiente contenido que aparecerá en nuestra pantalla.
Porque hoy, no solo consumimos fragmentos: somos catalogados a partir de ellos.
Solo recuerda cómo veías un noticiero: implicaba ajustarse a un horario y seguir una secuencia completa. Hoy, en lugar de ver el análisis completo de una reforma económica, por ejemplo, quizás solo consultes el fragmento donde un político levante la voz o lance una acusación, sin mayor contexto, pero con alta carga emocional.
Esto va más allá. De acuerdo con un análisis de la Universidad Intercontinental, la acción de buscar continuamente contenido preocupante o estresante (fenómeno conocido como "doom scrolling") genera un ciclo de vigilancia constante, ansiedad anticipatoria y dificultad para detenerse. ¿Sólo circulan cosas negativas en tu celular? Quizás has "educado" a tu algoritmo solo con este tipo de contenidos.
También está la búsqueda compulsiva de estímulos breves, placenteros o novedosos (conocido como "dopamine scrolling") que entrena al cerebro a esperar microdescargas de dopamina con cada nuevo video, imagen o publicación, lo que conduce a una mayor impulsividad y a una menor tolerancia hacia actividades que requieren concentración sostenida o análisis profundo.
¿Hay impacto laboral? ¡Seguro! Cuando trabajé en medios de comunicación digitales, no hace tantos años, la meta de un sitio era retener al espectador al menos por una hora, y para ello, se necesitaba un equipo de personas preparando información y haciéndola accesible a redes sociales y celulares. Pero como hoy, el desafío es captar su atención por decenas de micro momentos, ya no se necesita “tanto staff” para lograrlo. Muchos editores de video, curadores de contenido y correctores están en casa, desplazados por una tendencia que ya no los requiere.
¿Hay riesgo cultural? ¡El debate sigue polarizando! Desde mi opinión, hoy se privilegian más los picos emocionales por encima de la calidad y el contexto, que parecen perder terreno frente a lo inmediato. Porque la Inteligencia Artificial no decide qué es importante en términos éticos o narrativos: decide qué retiene más al lector y qué tan viral se puede ser.
Aunque me parece que no todo es negativo. El micro entretenimiento también ha democratizado el acceso a más contenidos y puntos de vista, que quizás de otro modo no podríamos tener (de canales que no tenemos o de otros países o culturas), además que ha permitido que creadores pequeños de contenido también tengan más audiencias. Por supuesto, también funciona como puerta de entrada: un micro video puede motivar a alguien a ver la obra completa o conocer algo de lo que nunca había oído.
Hoy, la pregunta no es si el micro entretenimiento es bueno o malo. La pregunta es qué tipo de espectadores somos ahora: ¿consumidores de historias o coleccionistas de instantes? Porque cuando todo puede fragmentarse, también nuestra atención se fragmenta. Y en esa fragmentación silenciosa se redefine cómo vemos el mundo y cómo lo entendemos.
Y sí, si soy honesta, esta mañana he compartido ya un par de micro videos en mi círculo cercano de amigos y familia. Y repliqué la rutina de patinaje de Donovan una docena de veces... ¡Claro que soy parte del fenómeno! ¿Y tú?

