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México-Unión Europea: Del unilateralismo al transatlantiquismo

Opinión
En el año 2000 arrancó el Acuerdo de Asociación Económica, Coordinación Política y Cooperación (Acuerdo Global: AG) entre México y la Unión Europea (UE). El pilar comercial se separó y se conoce como TLCUEM pero al final la relación bilateral es integral. Sin embargo, las disciplinas comerciales se diversificaban, el mundo cambiaba y le geopolítica se reconfiguraba, por lo que era vital apostar por una modernización integral. Entre obstáculos comerciales y frenos políticos la modernización estuvo estancada pero el AG continuaba operando.
El regreso de Trump a la Oficina Oval vino a poner los tableros geopolítico y geoeconómico de cabeza. El inquilino de la Casa Blanca inició una guerra arancelaria alrededor del mundo que no distingue entre aliados estratégicos, socios comerciales y el resto del mundo. A todos por igual los mete en la misma caja de trato arancelario. El andamiaje del tablero del comercio global se ha venido debilitando ante los neoproteccionismos de Estados Unidos. El distanciamiento de Washington con Bruselas y con Ciudad de México aceleró el proceso de ir cerrando procesos pendientes en el ámbito comercial. Finalmente al lograr cerrar los candados comerciales y políticos que se encontraban abiertos, tanto la UE como México dieron paso a concluir lo pendiente. Desde el año pasado se anunció que en este mes se iba a firmar el Acuerdo Global Modernizado (AGM). Hace poco días se publicó que la firma se mueve para verano por procesos que prevalecen.
Cabe destacar que el unilateralismo de Trump no solo desata la crisis de multilateralismo sino que además ha forzado a otros gobiernos a fortalecer las relaciones comerciales existentes o iniciar nuevas conversaciones y negociaciones. Por lo que el "efecto Trump" entre México y la UE está presente en este nuevo acercamiento de relaciones trasatlánticas. El unilateralismo de Washington acelera el tren del trasatlantiquismo. Este término lo he creado sin tener la intención de distorsionar el idioma castellano sino a manera de entender que es el mismo Océano Atlántico el que puede distanciar o acercar el bloque comercial europeo con Estados Unidos y con México.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich celebrada en días pasados, Marco Rubio (el jefe de la diplomacia de Estados Unidos) intentó dar varios guiños de acercamiento entre su país y el viejo continente después del abismo construido por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance en el mismo foro del año pasado. México y la UE enfrentan amenazas y presiones similares desde la administración de Trump, principalmente la guerra arancelaria como mecanismo para negociar temas políticos.
Por eso es que el acelerador está puesto desde el año pasado en la firma del AGM ya que el unilateralismo Trumpista debe ser matizado y contrarrestado con el fortalecimiento de la alianza comercial entre dos socios que deben estar unidos a través del Atlántico. Es decir, el transatlantiquismo debe verse como una alternativa confiable que lleve certidumbre a los negocios y a las inversiones de ambas partes; considerando que como beneficios se espera: i) la liberalización de casi 100% de aranceles en el comercio bilateral, ii) un incremento de la inversión extranjera directa en doble vía lo cual detonaría un mayor desarrollo económico, iii) una mejor integración en las cadenas de suministro, y iv) una mayor facilitación de los negocios globales.
Hablar de transatlantiquismo es poner a la atención de gobiernos locales, estatales y federales, así como empresarios, cámaras de comercio, universidades y todo tipo de actores vinculados que es momento de integrarse más en diferentes niveles y de apostarle al omnishoring. Este último es un nuevo enfoque empresarial dentro de la cadena de suministro que significa gestionar una cartera de varias relocalizaciones en diferentes puntos (offshore: distantes, nearshore: cercanas y onshore: locales) para mitigar el riesgo.
Este 2026 de turbulencias geopolíticas y geoeconómicas debe ser el año para fortalecer los lazos transatlánticos y para hacer a un lado al elefante en la habitación que es el unilateralismo y dar paso a dos cisnes: el azul con amarillo y el verde con blanco y rojo que simbolizan la confiabilidad, la certidumbre, la transparencia y la trazabilidad del transatlantiquismo.
*La autora es Asociada y Senior Fellow del conflicto Rusia-Ucrania en COMEXI, Coordinadora del Bachelor in Global Business en la Universidad Iberoamericana, realizó su estancia doctoral en la Organización Mundial del Comercio, y es analista de temas globales.
X: @AribelContreras
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