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México–África: del comercio emergente a una estrategia de largo plazo

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OpiniónEl Economista

África suele figurar en la conversación pública mexicana como un territorio lejano, un continente construido únicamente por imágenes que los medios proyectan en nosotros. Sin embargo, ¿qué tan lejos está realmente de nuestro país y nuestras cadenas de valor? ¿Cuántas oportunidades dejamos pasar por falta de conocimiento o de conectividad? ¿Comprendemos las dimensiones del mercado que representa un continente en plena integración económica?

Durante la última década, el comercio entre México y África ha avanzado de manera constante, pero todavía conserva un amplio margen de crecimiento. Entre 2015 y 2024, las exportaciones mexicanas hacia el continente alcanzaron 6,296 millones de dólares, mientras que las importaciones sumaron 15,478 millones. Estas cifras reflejan una relación activa, pero también un déficit que evidencia el gran potencial por aprovechar.

En estos años, Sudáfrica se ha consolidado como el principal socio comercial de México en la región, país que ocupa actualmente el lugar 44 entre nuestros socios globales. Destacan también mercados como Argelia, Marruecos, Egipto y Nigeria, que ya figuran entre los destinos relevantes para las exportaciones mexicanas. Estos no son mercados experimentales; se trata de economías con demanda creciente, necesidades industriales claras y apertura gradual hacia nuevas alianzas.

Nuestras exportaciones al continente confirman que África no solo demanda materias primas, sino también bienes industriales, de los cuales encabezan la lista partes y accesorios automotrices, teléfonos y vehículos. Por su parte, México importa aluminio en bruto, vehículos de carga, circuitos integrados y cocoa, además de pieles, algodón y nuez, insumos que posteriormente se procesan en industrias mexicanas para generar productos de mayor valor.

De forma paralela, el vínculo político ha acompañado este proceso de dinamismo comercial. México participa como Estado observador de la Unión Africana desde 2005, superando ya dos décadas de relación institucional. Por citar un ejemplo: el año pasado, la representación mexicana en Etiopía sostuvo una reunión con el presidente de la Comisión de la Unión Africana para explorar oportunidades en comercio, agricultura e inteligencia artificial.

Este acercamiento resulta fundamental, ya que en 2019 la Unión Africana puso en marcha la Zona de Libre Comercio Continental Africana, creando un mercado único de bienes y servicios que integra a sus 55 Estados miembros. Este acuerdo redefine el mapa económico del continente y amplía de forma significativa las oportunidades para los socios externos que conciben a África como un mercado integrado.

Para México, este escenario resulta particularmente relevante. A la par que nuestro país se consolida como el segundo mercado de productos africanos en América Latina —sólo por detrás de Brasil—, contamos con una infraestructura diplomática en constante desarrollo, con ocho embajadas en el continente que fungen como plataforma para la promoción económica.

Un último aspecto por destacar es el alto potencial de crecimiento del sector agroindustrial. Actualmente, África presenta una alta demanda de alimentos impulsada por su crecimiento poblacional y el aumento del poder adquisitivo. Dicha situación ha beneficiado a nuestro país, que ya exporta a más de 15 países africanos mercancías como ajonjolí, jamaica, arroz, fresa, maíz, manzana, cacao, nuez, pera, tabaco, uva, carne de ave y productos pesqueros. El flujo comercial en este rubro sigue en aumento gracias al cumplimiento de exigencias sanitarias internacionales, un activo para ampliar la presencia en nuevos mercados.

Desde el COMCE identificamos estrategias clave para que el comercio entre México y África siga creciendo: fortalecer la conectividad logística y portuaria, promover rutas directas, aprovechar la red de embajadas como plataforma de promoción económica y desarrollar misiones empresariales en sectores con alta complementariedad, especialmente en agricultura e ingeniería.

África no es un mercado del futuro, sino un socio del presente. La relación ya existe, el desafío reside en ampliarla con visión de largo plazo, logística moderna y una estrategia comercial sostenida. Cuando México mira hacia África con interés genuino, lo que encuentra no es distancia, sino oportunidad.

Presidente de la Sección Internacional para África del COMCE

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