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Tú y yo, ¿qué somos?, le pregunta Canadá a México

Luis Miguel González | Caja Fuerte
Las diferencias entre México y Canadá son enormes y están a la vista. Los de la Hoja de Maple tienen un PIB per cápita de 54,935 dólares. Una población de 41 millones, con una densidad de población de 4.2 habitantes por kilómetro cuadrado. Nosotros tenemos un PIB per cápita de 14,006 dólares. Una población de 134 millones de habitantes, con una densidad de población de 68 personas por kilómetro cuadrado. Allá sobra agua. Aquí hay estrés hídrico.
No quiero abundar en las diferencias, que incluyen también clima, idiomas, razas y paisajes. Somos los dos únicos países que comparten frontera con Estados Unidos. Socios en una asociación económica trilateral que nació hace tres décadas y que ahora vive momentos llenos de suspenso.
Esta cercanía geográfica y sociedad comercial es la envidia de muchísimos países. Aquí está la mayor zona de libre comercio del mundo, con un valor de 35 billones de dólares, comparado con 23 billones de la Unión Europea. Esto es un activo invaluable y también parte de un problema que nadie más tiene: padecemos una dependencia extrema respecto a Estados Unidos, porque a su mercado van más de 80% de las exportaciones de Canadá y México. Somos los dos países más vulnerables al vendaval de proteccionismo que sopla en Estados Unidos.
¿Podemos tener una relación más estrecha? Esta es la pregunta que está en el aire. El comercio entre México y Canadá suma alrededor de 60,000 millones de dólares anuales. Esto es 12 veces mayor de lo que era en 1994, el año en que entró en vigor el TLCAN, pero menos de 7% de lo que es el comercio entre México y Estados Unidos, que en 2025 llegará a una cifra cercana a los 880,000 millones de dólares anuales.
¿En qué punto va esta relación? El acercamiento está siendo buscado por Canadá y, al parecer, México no se está haciendo el difícil. Is open to persuasion, diría Joan Armatrading. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, vino a México en septiembre del año pasado y sostuvo reuniones con la presidenta Sheinbaum y parte del gabinete. Esta semana, está en territorio mexicano la mayor delegación empresarial que Canadá haya preparado en su historia: alrededor de 370 empresarios, acompañados por tres ministros, el de Comercio, el de Agricultura y el de Asuntos Culturales y Herencia.
Volverá una delegación canadiense en las próximas semanas, en espera de concretar acuerdos. Las áreas con mayor potencial incluyen minería, energía, infraestructura, agricultura y manufactura avanzada.
El afán de Canadá por acercarse a México tiene que ver con el desencanto de los canadienses ante los desplantes y amenazas de Estados Unidos. Tenían una relación excelente que se acabó. La nostalgia no es opción, dice Carney. La diversificación se volvió una prioridad. Lo mismo que la búsqueda de alianzas con potencias medias. Canadá es el PIB número 9 del mundo. México ocupa el lugar 12. Nuestras economías son complementarias.
México ha reaccionado con cautela al acercamiento canadiense, en buena medida por temor a la reacción de Donald Trump. La impredecibilidad del presidente de Estados Unidos es legendaria, pero podemos estar seguros de que no verá con buenos ojos una alianza entre México y Canadá. En especial, iniciativas como incrementar el comercio puerto a puerto, sin pasar por Estados Unidos.
En un universo paralelo donde existiera el sentido común, Trump entendería que el fortalecimiento de sus vecinos y socios traería prosperidad a la región. En el universo en el que vivimos, Donald Trump reaccionará con agresividad. Esto es muy peligroso en el momento en el que estamos. El 2026 es clave para la revisión o renegociación del T-MEC.
¿Qué vamos a hacer con Canadá? ¿Qué tan lejos queremos ir en la diversificación? En estos tiempos, ¿hay alguna opción mejor que la Dama de la Hoja de Maple?


