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Opinión

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Mercados convergentes, regulación divergente

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Rodrigo Alcázar Silva | Reglas del juego

Rodrigo Alcázar Silva

“Video Killed the Radio Star” dice una famosa canción, cuyo video fue el primero transmitido por MTV. La canción sugiere cómo la televisión desplazaría a la radio. Sin embargo, la radio sigue siendo un medio relevante —especialmente en automóviles— y continúa siendo un canal atractivo para la publicidad. La televisión no sustituyó a la radio, pero sí redujo su peso relativo.

Hoy surge una pregunta similar: ¿en qué medida los nuevos medios digitales desplazarán a la televisión abierta y de paga? La TV abierta sigue siendo uno de los medios más vistos en México, pero servicios gratuitos de streaming financiados con publicidad han capturado una parte relevante de la audiencia. YouTube concentra hoy una proporción significativa de ese mercado, mientras que plataformas como Pluto TV y Tubi continúan creciendo. Según datos del INEGI, entre 2021 y 2024, la proporción de mexicanos que consumían TV abierta se redujo en siete puntos porcentuales.

El carácter multiplataforma ha sido clave para estos servicios digitales: el mismo contenido puede consumirse en teléfonos, tablets, computadoras y televisores inteligentes, lo que amplía significativamente su alcance.

Incluso innovaciones como la televisión digital terrestre (TDT) y la multiprogramación llegaron a México en un momento en que la demanda por TV abierta ya comenzaba a fragmentarse. La expansión de la oferta ocurrió cuando la audiencia empezaba a migrar hacia otras alternativas.

La televisión de paga enfrenta una dinámica similar: una disminución de suscriptores, en parte explicada por la competencia de plataformas como Netflix, Disney+ y HBO, que han evolucionado hacia modelos que incluyen eventos en vivo y transmisiones deportivas.

Por su parte, la radio también enfrenta presión competitiva. Servicios como Spotify ofrecen versiones gratuitas con publicidad y menor control por parte del usuario, replicando parcialmente la experiencia de la radio tradicional.

Podría argumentarse que estos servicios no compiten directamente, dado que los medios tradicionales operan bajo concesiones otorgadas por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Sin embargo, desde la perspectiva del consumidor —y de los anunciantes— esa distinción es cada vez menos relevante. En televisores inteligentes, los contenidos digitales y los radiodifundidos coexisten a unos cuantos clics de distancia; en automóviles, aplicaciones como Spotify o Amazon Music compiten directamente con la radio.

Es cierto que los servicios digitales dependen de la conectividad a internet, mientras que los tradicionales no. No obstante, estos últimos también requieren infraestructura específica, como antenas o decodificadores. En la práctica, ambos compiten por el mismo recurso escaso: la atención del usuario.

Como en otros mercados —por ejemplo, el de plataformas de transporte y taxis tradicionales—, esta convergencia plantea retos regulatorios. Resulta fundamental que las autoridades avancen hacia esquemas de neutralidad competitiva, evitando cargas regulatorias diferenciadas que no respondan a las condiciones reales de competencia.

De lo contrario, se corre el riesgo de reproducir conflictos como los observados en servicios de transporte de taxi en aeropuertos, donde modelos de negocio similares operan bajo reglas distintas. Aunque no sean idénticos, sí ejercen presión competitiva entre sí. La regulación debería reflejar esa realidad.

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