Buscar
Opinión

Lectura 3:00 min

Magnicharters: la historia sin fin

main image

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes

Rosario Avilés

Hace 30 años que la aviación mexicana padece del mismo síndrome: nacen y mueren aerolíneas en todo el territorio, llámense troncales, regionales o lo que se dio en llamar alimentadoras, y de la misma manera un día se cierra el ciclo y dejan de operar. Los pasajeros que en ese momento son víctimas del paro de operaciones, de un modo u otro regresan a sus lugares de origen, pero las pérdidas de empleo, de derrama económica, de impulso a las regiones afectadas constituyen el peor de los saldos de esta recurrencia.

Ha sido más o menos fácil culpar a los dueños, directivos y administradores de estas aerolíneas en problemas. Después de todo ellos fueron los que gestionaron el rumbo que, en su momento, siguió la empresa y decidieron un día parar operaciones. Pero sería muy miope pensar que ahí se queda todo. En realidad, esto constituye ya un patrón que acumula al menos 30 aerolíneas que han quebrado en las últimas 3 décadas y eso no puede ser una casualidad, es un síntoma de algo mucho más grave y es que hemos ignorado lo que es evidente: se necesita (¡con urgencia!) una política de Estado, de largo plazo, consensada entre los actores de la industria y de otros sectores adyacentes.

Y es que, aun cuando el sector es bastante complicado, no suele tener rentabilidades altas y a nivel mundial tenemos muchos casos de cese de operaciones, lo cierto es que aquellas naciones que han logrado que su aviación funcione, es porque han tenido la capacidad de planear a largo plazo y de involucrar a todos los actores para que se logre un modelo específico que le permita usar al transporte aéreo como una herramienta de competitividad, de crecimiento económico, de desarrollo regional y de conectividad con el mundo.

Tenemos algunos casos de muestra dentro de México. Allá por los inicios de los 90 Puerto Vallarta tenía un problema de conectividad que estaba comprometiendo la inversión turística en la zona. Los responsables de la coinversión del aeropuerto, Aeroplazas de México, se reunieron con el gobierno del Estado, el municipal, los hoteleros, los desarrolladores inmobiliarios, los empresarios del entretenimiento y las aerolíneas para diseñar un plan de apoyo que permitiera “calentar” la ruta.

Claro, eso no sucedió ni en un año ni en dos, pero hoy PVR es un destino mega-demandado, el aeropuerto ya tiene dos terminales e incluso se complementa con el otro aeropuerto de la zona, el de Tepic, para atender la demanda creciente.

El secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, Jesús Esteva, prometió el año pasado que en 2026 tendríamos una política pública de largo plazo en el sector transporte aéreo. Aunque dicha promesa la hicieron muchos funcionarios en el pasado, parece que lo que hoy vemos con esta enésima prueba de que la aviación requiere con urgencia una solución real y con visión de futuro, hace insoslayable que se cumpla su palabra.

No será tan difícil y ojalá que así lo entiendan los encargados de gestionar el transporte aéreo, puesto que esto ayudará a darle viabilidad a las aerolíneas, pero también a los aeropuertos, a las poblaciones a las que sirven y a sus pobladores. Razones más que suficientes para intentarlo y prevenir la enésima quiebra.

Rosario Avilés

Periodista especializada en aviación y aeropuertos, con más de 30 años de experiencia en el sector. Es fundadora, editora, columnista y colaboradora en diversos medios de comunicación, incluyendo A21, El Economista, Reforma, y la columna "Despegues y Aterrizajes" que publica en La Crónica de Hoy.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí
tracking reference image

Noticias Recomendadas

Suscríbete