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El IICA frente a los grandes desafíos de la agricultura hemisférica

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OpiniónEl Economista

El día 15 de este mes el Dr. Muhammad Ibrahim, de la república Cooperativa de Guyana asumió la Dirección General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), cuya sede central se encuentra en San José, Costa Rica. Conozco al Doctor Ibrahim desde sus épocas de estudiante en el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), institución de la que también fue Director General, de manera que estoy seguro de que tiene la capacidad y la experiencia para fortalecer a esta importante institución hemisférica.

En estos días en los que el multilateralismo y la cooperación técnica internacional están siendo fuertemente atacadas es oportuno recordar que el IICA fue creado en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, por iniciativa de Henry Wallace, quien fue secretario de agricultura y más tarde vicepresidente de Estados Unidos. Su visión fue la de promover en los países del continente la investigación en cultivos tropicales, algunos estratégicos para la época como el caucho, entonces muy demandado para las tropas aliadas.

La consolidación del sistema interamericano, a partir de la creación de la OEA, reservó para el Instituto la misión de “apoyar a sus estados miembros en sus esfuerzos por alcanzar el desarrollo agrícola y el bienestar rural”, misión que ha cumplido por más de ocho décadas, de manera muy satisfactoria para los 34 países que lo integran.

El IICA ha servido como un puente para promover y facilitar la transferencia de conocimiento entres los países que conforman las diferentes regiones de las Américas, fortaleciendo las capacidades de sus sectores agrícolas y construyendo posiciones comunes frente a los desafíos del sector agroalimentario global. Yo tuve el privilegio de dirigir esta noble institución durante dos periodos consecutivos (2010-2018), así que puedo dar fe del valor que tiene y de la confianza que le dan sus estados miembros.

Actualmente existe gran incertidumbre mundial en ámbitos políticos, sociales, económicos y ambientales, pero sabemos que las crisis, si son manejadas adecuadamente, siempre traen consigo oportunidades.

En la agricultura existen ventajas sectoriales muy importantes frente a tal incertidumbre; lejos de disminuir la demanda de alimentos, esta aumenta de manera constante, no solamente por el crecimiento de la población sino también por la diversificación de los mercados agropecuarios, lo mismo que la producción de muchos insumos que la economía demanda. De hecho, el papel de esta actividad como motor del desarrollo mediante sus encadenamientos es crucial, como quedó demostrado en la mayor crisis global de los últimos años: la pandemia del COVID-19. Ante tal impacto, el sector mantuvo su crecimiento y evitó que a la crisis sanitaria se sumara una crisis alimentaria.

No podemos olvidar que la agricultura, más que cualquier otro sector, cumple una doble función social al ser la base para la buena alimentación de todas las personas y crear condiciones para la superación de la pobreza que afecta a millones de familias en los territorios rurales.

Hoy es muy complicado que un país logre por sí solo hacer frente a todos los retos que el escenario internacional presenta, y es por ello que son importantes organismos como el IICA, que es un facilitador insustituible en la cooperación para la agricultura del hemisferio, gracias a su carácter multilateral y a su presencia en todos sus países, pero sobre todo por su capital humano y experiencia en esta tarea.

La nueva administración del Instituto tendrá que analizar los factores prioritarios que en las actuales condiciones afectan a la agricultura de las Américas. Identifico tres como los más apremiantes: 1. Un escenario global de incertidumbre, lo mismo que al interior de nuestros países, lo que no permite estrategias productivas de largo plazo; 2. La modificación de los patrones de comercio internacional, con la imposición de criterios políticos que condicionan al mercado por encima de los argumentos técnicos y 3. La vulnerabilidad climática que se agrava con tal velocidad que nos estamos quedando a la zaga en la búsqueda de soluciones.

Lo destacable en términos positivos es la gran capacidad que posee la agricultura hemisférica. Aquí se encuentran verdaderas potencias agroexportadoras; tenemos una enorme dotación de recursos naturales (agua y suelos), contamos con la mayor agrobiodiversidad del planeta y lo más importante, productores de gran escala y millones de pequeños agricultores.

Los países de las Américas ofrecen las más diversas características agroecológicas, que bien pueden ser complementarias y constituir una de sus mayores fortalezas. Sin embargo, también presentan asimetrías que el IICA deberá tomar en cuanta: unas economías muy fuertes y otras muy débiles; con desarrollos científicos y tecnológicos muy avanzados en algunos países e insuficientes en otros; países que son grandes agroexportadores y otros que son importadores netos de alimentos; algunos con niveles muy altos de productividad y otros con muy bajos.

Existen también diferencias en la importancia nacional que se concede al sector, y que se refleja en la prioridad que se le otorga en la definición de sus políticas públicas. Quizás lo común es que, salvo algunas notables excepciones, la agricultura tenga un papel secundario en las estrategias de desarrollo.

Por todo lo anterior, la tarea principal del IICA debe ser la de ayudar a reducir esas brechas mediante la cooperación técnica basada en conocimiento científico, reconociendo que realidades diferentes requieren soluciones distintas, tomando en cuenta las demandas y necesidades específicas de cada estado miembro y complementando sus capacidades con las alianzas y la acción multilateral.

Viendo la cuestión de manera optimista, actualmente el mundo está inmerso en una transformación positiva de los sistemas agroalimentarios a través de una permanente innovación y de la aplicación del conocimiento científico proveniente de ramas de la ciencia que hace pocos años no hubiéramos imaginado. Este cajón de herramientas, hoy accesibles, será el brazo armado del IICA para apoyar la agricultura de sus países miembros.

Tengo una gran admiración por el IICA y sé que el Dr. Muhammad Ibrahim comparte la convicción de que el instituto debe servir para acercar el conocimiento técnico principalmente a los países más necesitados y como complemento a sus programas nacionales. Por el bien de la agricultura hemisférica le deseo mucha suerte en sus funciones al nuevo Director General del Instituto.

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