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La IA acusa, la IA escribe libros… ¿y quién los publica?

Nelly Acosta Vázquez | IA: Integrados y Apocalípticos
Llevo 8 años con un emprendimiento editorial: leo cientos de borradores e ideas. No hace mucho, mi criterio se basaba en qué era viable publicarse como libro. Ahora tengo que añadir uno extra: si lo escribió el autor al 100%, o si en algún momento intervino la Inteligencia Artificial… y qué hacer al respecto.
Esto no es un dilema nuevo, al menos no en la literatura. En 1953, Roald Dahl publicó "The Great Automatic Grammatizator”, un cuento sobre una máquina capaz de producir literatura comercial en masa. Hoy, más de 70 años después, nos llegan decenas de casos de libros escritos o "apoyados" por una IA.
No considero a la Inteligencia Artificial como el enemigo de la escritura, y sigo creyendo, al menos hoy, que en los próximos años seguirá repuntando la creación humana como contrapropuesta al auge tecnológico.
Pero aceptémoslo: las cosas ya nunca serán como antes. Ni siquiera como hace 5 años. Los libros ya no se venden en librerías. Cada vez se publican menos de forma tradicional. La gente ya no tiene tiempo de "regalarle" más de una semana a un texto. Y sí, habrá cada vez más libros hechos y apoyados por una IA.
No es muy complicado darse cuenta de si un texto es humano o no, al menos, no si se es usuario frecuente de la Inteligencia Artificial. Las frases y metáforas. El tono complaciente. La puntuación "gringa". Las reflexiones que se parecen a todo lo que ves en redes... Y cierta "perfección" y tono que la persona no puede sostener cuando te manda un email o un WhatsApp. Pero también es cierto, que a medida que la IA se especializa, resulta más complicado detectarlo.
La IA acusada por la IA
El estudio “Generative AI floods and dilutes the market for books” ("La IA generativa inunda y diluye el mercado del libro") examinó entre 2023 y lo que va de este año, 14,419 libros de ficción autopublicados en Amazon. Detectó que un 20% tenía aproximadamente un 25% de textos generados por IA.
¿Cómo saberlo? Los autores de dicho estudio usaron la Pangram, un detector de IA. Sí, el mismo que puso en polémica a la novela “Donde el agua trabaja”, del escritor peruano David Silva Rojas, al asegurar que estaba escrita 99% con Inteligencia Artificial.
Antes de tirarnos a la fatalidad: los resultados de dicho estudio obedecen sólo a esa muestra y no a todos los libros publicados en esos años y en todas las plataformas. Y más importante: fueron detectados por una IA, no por criterio humano. ¿Irónico? Una IA "acusando" a otra IA.
Hice algunas pruebas en Pangram para comprobar qué tan confiable podría ser. Primero, subí 3 textos míos. A todos les asignó un 70% de contenido generado por IA. Interesante… Los escribí hace más de 10 años, cuando la Inteligencia Artificial ni pintaba en nuestras vidas... o no como ahora. Subí después un extracto de “El Principito”: 66% está creado por IA, me dijo. ¿Una estrofa del Himno Nacional Mexicano? 45% hecho por IA, según Pangram…
Esta herramienta, por cierto, al igual que muchos de los "detectores de IA", ofrece por un pago módico la posibilidad de "humanizar" tus textos para no ser detectado por una IA. Otra paradoja: la IA que acusa, también te ayuda a engañar a otras IA.
Por ahora, para saber si un libro fue escrito por una Inteligencia Artificial tenemos que conformarnos con la palabra y buena fe del autor: si confiesa haberla usado en sus textos y en qué medida. Mientras haya quien junte pruebas, refute las acusaciones… y los lectores sigan su camino.
Seguro, entre las nuevas profesiones que surgirán, no tarda en aparecer el "forense de los textos y libros creados con IA". ¡Me apunto para dedicarme a ello!
¿Yo uso detectores de IA para validar los textos de mis clientes y alumnos? Al principio sí, hasta que descubrí que muchos parecen estar más interesados en cobrarme por “humanizar” los textos, que en detectar posibles problemas éticos o de derechos de autor.
¿Cómo identifico, entonces, un texto hecho con IA? Como dije antes, muchas veces la propia escritura se delata. Pero la observación humana sigue siendo mi mejor herramienta: “Cuéntame cómo se te ocurrió escribir esto”. “Dame un párrafo nuevo para completar aquí”, “¿Sabías que si el texto fue generado por IA, no podrás registrarlo como obra humana y yo no podré publicarlo bajo esas condiciones?” La mayoría termina confesando, con una sonrisa nerviosa: “Sólo lo hice como idea”
Más dilemas
Amazon, por su parte, no censura estos libros. La plataforma sólo pide declarar si se usó IA (textos, imágenes y traducciones), pero no exige mencionar qué herramientas se usaron ni en qué medida.
Y eso me plantea otro dilema que tendremos que aprender a solucionar los editores: ¿juzgaremos igual a quien sólo le pida sugerencias o ideas de escritura a Gemini, por ejemplo, que a alguien que genere al 100% un libro con Claude, para venderlo masivamente en sus redes sociales?
No es el único problema que se tiene que resolver. En 2023, la escritora Jane Friedman denunció que aparecieron en Amazon libros atribuidos a su nombre, ¡pero ella no los había escrito! Porque ya no se trata sólo de un tema ético o literario: hablamos de suplantación de identidad, reputación y derechos de autor.
¿Qué dice la ley de todo esto?
En México sí existe un respaldo jurídico. En 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación confirmó que las obras creadas autónomamente por una IA (imágenes, avatares, textos, música, etc) no son registrables ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor), es decir, no gozan de protección de derechos como obras humanas.
Todo esto me deja muchas reflexiones que seguiré abordando por aquí. ¿Qué responsabilidades nuevas asumimos ahora los que nos dedicamos a la escritura ante la cada vez más popular IA? ¿Qué será permitido y qué no? Pero, sobre todo, ¿qué tanto están dispuestos los lectores a consumir contenidos creados con Inteligencia Artificial?

