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Opinión

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Fascinante viaje a la Sierra Gorda de Querétaro

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Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio

Gabriel Quadri de la Torre

La Sierra Gorda de Querétaro, biogeográfica y culturalmente, es parte de la Huasteca y de la Sierra Madre Oriental. Tuve el honor de promover y lograr su decreto como Reserva de la Biósfera en 1997. Es una región de biodiversidad extraordinaria, que además integra un excepcional patrimonio histórico y cultural. Refleja fielmente los procesos de cambio socioeconómico que han vivido el país y el propio estado de Querétaro, y, penosamente, también, el desmantelamiento institucional de los últimos años. La Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda abarca casi 385 mil hectáreas, equivalentes a la tercera parte de todo el territorio del estado de Querétaro con una variación altitudinal de los 200 a los 3,200 metros sobre el nivel del mar. Ostenta matorrales xerófilos, magníficos bosques de pinos y encinos, espectaculares bosques de niebla o bosques mesófilos, sombríos e hipnóticos bosques de juníperos, selvas bajas, medianas y altas, bosques de galería con enormes sabinos y hayas (Platanus, parientes las hayas de los Champs Élysées), y seductores ríos y cascadas de color turquesa. La Sierra Gorda posee también numerosos y profundos sótanos (producto del colapso de cavernas de material calcáreo), donde anidan vencejos, pericos, guacamayas y murciélagos. La Sierra Gorda siempre ha sido una región relativamente aislada y poco accesible, dada su intrincada topografía. Estuvo habitada por tribus chichimecas y por huastecos (misteriosamente emparentados con los mayas) que dejaron su impronta en centros ceremoniales y en toponimias típicamente huastecas (Tének) como Tancoyol o Tancama, similares a otras voces huastecas como Tamuín, Tampaón, Tampico, Tamasopo, Tamazunchale.

En el México novohispano la Sierra Gorda fue evangelizada y civilizada especialmente en el siglo XVII por franciscanos, de la mano del gran San Junípero Serra, quien emprendió una tarea titánica de educación y construcción de soberbias misiones. Estas fueron importantes centros misioneros y educativos dando origen a los principales pueblos de la sierra en Jalpan, Landa, Concá, Tilaco y Tancoyol (“Pueblos Mágicos”), otorgando una clara personalidad cultural y arquitectónica a la región. La huella de esta prodigiosa gesta civilizatoria de la Iglesia se vive aún en pueblos y comunidades de la Sierra Gorda. Junípero Serra partió años después a replicar su hazaña en la Alta California. La riqueza biológica de la Sierra Gorda es abrumadora, con miles de especies de plantas y cientos de especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y mariposas. Coexisten osos negros con las cinco especies de felinos registradas en México: jaguares, pumas, ocelotes, jaguarundis, tigrillos y linces. La riqueza de la Sierra Gorda se realza con la adyacente Huasteca Potosina de impresionantes selvas tropicales perennifolias razonablemente bien conservadas, montañas espectaculares, sótanos de vértigo y hermosos ríos color turquesa, donde hay que destacar en Xilitla los alucinantes jardines de Edward James enclavados en la selva. La Sierra Gorda de Querétaro se nota próspera, y con cero pobreza extrema, relativamente ordenada y segura, y con carreteras dignas y bien mantenidas. La emigración y las remesas han dejado por doquier enormes casas estilo norteamericano kitsch, muchas de ellas en obra negra o abandonadas; los pueblos se perciben solitarios. La emigración y la prosperidad explican en buena parte el extraordinario grado de conservación de ecosistemas y paisajes (teoría de la Transición Forestal). Y la restauración y mantenimiento del patrimonio histórico novohispano – notablemente las Misiones – pueden atribuirse al gobierno del Estado de Querétaro, ante la incuria y negligencia del INAH. La Huasteca Potosina se ve más pobre y caótica, con carreteras secundarias destrozadas, eso sí, enmarcadas por un paisaje casi ininterrumpido de exuberante bosque tropical. El contraste entre Querétaro y San Luis Potosí no podría ser más llamativo; la misma región, con dos circunstancias socioeconómicas y de desarrollo distintas; es un caso para Jared Diamond o Acemoglu y Robinson (¿por qué unos son pobres y otros relativamente prósperos?). No obstante, se unifican con el huapango, que sigue vivo y vibrante en fiestas y kioscos de los pueblos huastecos queretanos y potosinos. Es decepcionante el abandono total de la Reserva de la Biósfera de la Sierra Gorda por parte de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y de la Profepa; la Semarnat es inexistente (por cortesía de la 4T). El manejo de la Reserva, la conservación y el turismo ecológico están en manos de organizaciones civiles, empresarios locales y del gobierno del estado de Querétaro; el de San Luis Potosí, es invisible. El turismo es sin duda la vocación más productiva tanto para la Sierra Gorda como para buena parte de la Huasteca Potosina; y ofrece opciones económicas desligadas de la explotación de la tierra. Sin embargo, no existe un contexto institucional y de políticas que lo promueva de manera coherente y sostenible. Salvo un muy buen hotel hacienda en Concá, no hay alojamientos boutique de gama alta ni restaurantes de calidad (la oferta crea su propia demanda). Por cierto, la 4T destruyó el exitoso programa de “Pueblos Mágicos”. De cualquier manera, la Sierra Gorda es un destino fascinante.

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Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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