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¿Qué nos falta por ver en el 2026?

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OpiniónEl Economista

Sin duda la guerra en Medio Oriente ha sido el factor más desequilibrante en los mercados globales. Contra expectativas que parecían muy optimistas, lo inesperado de su escalamiento y la afectación en el mercado de energía, el evento sacudió momentáneamente a los mercados. Sin embargo, éste no ha sido el único factor.

En los cinco meses posteriores al desencuentro que inició en marzo y el momento de fuerte aversión al riesgo que se generó, hemos presenciado el desencanto con relación a una salida fácil, la persistencia de inflación en niveles elevados, el cambio político en Japón y la devaluación, la intervención del yen, la crisis y posterior cambio de gobierno en Reino Unido, la sorda escalada del conflicto en Ucrania, la intensificación de la apuesta por la inteligencia artificial (IA), el resurgimiento de la beligerancia comercial de Estados Unidos y la imposición de un renovado esquema de tarifas, el fuerte crecimiento de la deuda pública en Estados Unidos, la fuerte alza de las tasas de largo plazo, así como el intento de intervención del Departamento del Tesoro en los mercados de deuda.

Todos estos factores parecen haber afectado poco a los mercados, en especial a las bolsas. Sin embargo, han aportado vaivenes relevantes en los rendimientos de muchas clases de activos en donde la volatilidad ha sido mucho mayor que la que reflejan los índices que la miden en el mercado de acciones.

Entrando a septiembre y en la etapa de cierre de año, me parece sensato revisitar las afirmaciones que hacía en esta columna (“Cómo pinta la nueva normalidad”, El Economista 8 de abril 2026) (“Nacho en la nueva normalidad” El Economista 12 de mayo de 2026). Los escenarios que en ese momento le describí en su mayoría se han cumplido, aunque en con distintas magnitudes. Veamos:

A) Los niveles de crecimiento en Estados Unidos permanecerán elevados.

Los niveles de crecimiento en EU mantienen una base sólida. La actividad económica continúa mostrando resiliencia. Tras expandirse 2% en el primer trimestre, el PIB real creció a una tasa trimestral anualizada (TTA) de 1.5% entre abril y junio, según el segundo estimado oficial. Este desempeño continúa respaldado por la solidez del consumo privado y la fortaleza del gasto de capital de las empresas, particularmente en infraestructura de IA y centros de datos. El PIB adelantado que calcula la Fed de Atlanta señala un sólido repunte de casi 5% en términos anualizados durante el tercer trimestre.

Por su parte, el mercado laboral se mantiene estable. La tasa de desempleo se ha estabilizado en el rango de 4.2 – 4.4 por ciento. Por el momento, el desempleo no parece representar un freno para la actividad económica.

B) La inflación difícilmente tenderá a la baja.

El Índice de Precios al Consumidor (CPI) registró trayectoria gradual de desaceleración al avanzar 0.1% m/m durante julio, tras la caída de 0.4% m/m observada en junio. Por su parte, la inflación subyacente (que excluye alimentos y energía) mostró una variación mensual de 0.2% m/m, alineada plenamente con las expectativas del mercado

Se espera estabilidad durante agosto. Sin embargo, las presiones permanecen debido a los efectos climáticos en productos agropecuarios, la nueva imposición de tarifas y la persistente incertidumbre con respecto al precio del petróleo. Es probable que la inflación manifieste pocos cambios con respecto a su situación actual.

C) Regresar a la expectativa de una baja en las tasas de interés como se descontaba en los mercados al cierre del año pasado luce complejo.

Esta afirmación resultó ser muy equivocada. Las tasas de interés de los bonos del Tesoro, en especial los de largo plazo, han presentado un alza muy fuerte desde mayo. Al día de ayer, la tasa del bono del Tesoro a 10 años cotizó en 4.80%, mientras que el de un plazo a dos años ha llegado a un nivel de 4.40. El mercado refleja, en parte, un aumento en la prima de riesgo ante renovadas preocupaciones en torno a la inflación, derivadas del alza en los precios del petróleo; así como por el elevado déficit fiscal norteamericano y por la postura dura manifestada por el presidente de la Fed con relación a reducir la tasa de inflación hacia su objetivo de 2 por ciento.

D) El dólar quizás no pierda terreno como en el 2025.

El dólar mantiene una estructura de debilidad, el repunte frente al yen fue frenado por la intervención de las autoridades tanto japonesas como norteamericanas. Frente a la mayoría de las monedas tanto desarrolladas como emergentes hay una devaluación marginal del dólar.

En estos momentos el debate fuerte es sobre las tasas de interés. La postura de la Fed es incierta ante la política de no ofrecer una guía prospectiva por parte de su nuevo presidente. Hemos pasado de un mercado que descontaba varias bajas a la tasa de referencia a uno que debate si habrá una o varias alzas a partir de este mismo mes.

Los elevados niveles que han alcanzado las tasas de mediano y largo plazos no han afectado aun el desempeño de las bolsas; aunque si juzgamos a partir de los últimos tres días, hay motivos para preocuparse por el desempeño en las siguientes semanas.

En el recuento de eventos relevantes que describí, cuatro meses parecen un largo tiempo para que sigan sucediendo factores que pueden afectar la trayectoria de las cosas. Se vienen la decisión de la Fed, las elecciones de medio término en EU y presidenciales en Brasil, los conflictos bélicos no se solucionan, el pleito con Canadá que parece ir en serio, al igual que la intención del Tesoro norteamericano de intervenir para evitar escaladas mayores en las tasas o un fortalecimiento del dólar. Los inversionistas no van a tener mucho tiempo para relajarse.

*Rodolfo Campuzano Meza es director general de INVEX Operadora de Fondos de Inversión.

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