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El extraño retorno de Rocha Moya

Marisol Ochoa | Columna invitada
El regreso a funciones como gobernador de Rocha Moya después de 112 doce días, con “la frente limpia y en alto” el 22 de agosto, tuvo que recular en 34 horas. Bajo señalamientos directos de miembros de su movimiento, y desvinculación por parte de la Secretaría de Gobernación y la Presidencia de la República, el efímero gobernador, después de un día otra vez con licencia, reconoció que el movimiento es más grande que cualquier interés individual: “Sinaloa, la nación y el movimiento están por encima de una decisión personal”.
Lamentable situación por donde lo queramos ver, evidenciando una contradicción e inconsistencia política de fondo y forma. Durante estos meses, la postura del gobierno federal se ha mantenido en varios frentes. Por una parte, reiteran la defensa de la soberanía nacional, la exigencia de pruebas sólidas al gobierno de Estados Unidos, por otra parte, se desvinculan del regreso “por decisión personal” de Rocha Moya, y frente a una presión política, Rocha Moya vuelve a solicitar licencia, entonces ¿Dónde quedó la defensa de la exigencia de pruebas a Estados Unidos? ¿El regreso de Rocha Moya fue un acto de insubordinación para retar a la autoridad presidencial?
El gobernador regresó “aparentemente” por su cuenta, recupera su fuero, la dirigencia de Morena se deslinda, insisten en que su regreso fue una decisión unilateral. Algunos miembros del congreso en ambas cámaras lo tacharon de imprudente e irresponsable, y la presidencia de la República informó primero que se enteró de su regreso por un tuit y posteriormente lanza un llamado a que el movimiento es más grande que los intereses de una persona.
Es difícil creer que aquí nadie sabía nada y que el regreso del ahora gobernador en funciones se hubiese dado unilateralmente, pero supongamos que así fue. Algunas hipótesis pueden ser consideradas al respecto sobre la premura de su regreso a funciones y la solicitud de licencia: detenciones estratégicas en últimos días y colaboraciones de testigos en el caso con los Estados Unidos que pudieran generar tensiones en el proceso de investigación. La otra, reforzar su protección política y jurídica a partir de recuperar el fuero, o quizá, que esto se debió a una muy mala lectura política y falta de cálculo sobre el apoyo y costo del movimiento para apoyarlo.
Pero más allá de las “sorpresas”, los deslindes y las exigencias, ¿qué implicaciones tiene para la relación entre México y Estados Unidos las acciones de los últimos dos días en torno a Rocha Moya?
Las cartas están en la mesa. Por ahora el gobierno de Estados Unidos ha guardado silencio, pero tendrá que actuar con rapidez para probar sus acusaciones en tiempo y forma, si no, sus acusaciones quedarán en una suerte de reclamos, que vulnerarán la credibilidad sobre el compromiso de combatir y desmantelar redes de contubernio criminal. Por otra parte, el gobierno mexicano, pondrá a prueba a sus instituciones para llevar a cabo investigaciones que muestren capacidad, confianza y colaboración sin protecciones especiales, mostrando avances reales que se estén llevando en territorio nacional. Decir “no hay pruebas” sin evidencia, debilita la confianza en la agenda bilateral.
Los últimos dos días en torno al caso Rocha Moya nos muestran algo más profundo sobre el riesgo de gobernabilidad, costos electorales y una relación que puede friccionarse aún más con consecuencias más complejas para México en materia económica y de seguridad. La reacción estratégica del movimiento nos lo deja más claro aún. La suerte está echada. Ambos países tendrán que asumir su posición, por la vía legal, la diplomacia o las negociaciones silenciosas. Lo único seguro, es que, para estas alturas, sabemos que las intervenciones enfocadas en privilegiar detenciones de criminales, mermar capacidades económicas delictivas exclusivamente, o privilegiar objetivos específicos, son poco eficientes, si no se desarticulan redes de contubernio. Los grupos criminales históricamente operan y se expanden porque tiene protección jurídica, política y de seguridad, así de simple.

