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Por qué ser humano es ahora el activo más valioso para un artista
El rechazo a la IA está transformando el mercado del arte; los datos indican que es el mejor momento en décadas para tomar el pincel.

Camilla Ridgers | Columna invitada
Desde 2022, las herramientas de IA han generado más de 30,000 millones de imágenes, una cifra aproximadamente equivalente a todo lo que la humanidad retrató durante los primeros 150 años de existencia de la cámara fotográfica. En la actualidad se crean otros 80 millones cada día. El resultado es un momento histórico inédito en el que las imágenes superan en número a los ojos disponibles para contemplarlas. En el mercado del arte, las consecuencias ya son visibles y las nociones básicas de economía nos dicen qué pasará después. Cuando la oferta se vuelve infinita, la escasez migra. Y justo ahora, la escasez ha migrado hacia la mano humana.
La prueba de ello llegó a la casa de subastas Phillips en Nueva York la primavera pasada. La firma logró vender el 100% de las obras, duplicando con creces la cifra total de la subasta equivalente del año anterior: alcanzó los 115.2 millones de dólares, frente a los 52 millones de 2025. De los tres récords establecidos esa noche, la puja más destacada no tuvo como protagonista a un Warhol, un Basquiat ni a ningún nombre consagrado con una procedencia enciclopédica, sino a un pintor de Montana en sus treinta. La obra de Joseph Yaeger titulada "There is a light, and it always goes out" 2021 (Hay una luz y siempre se apaga) —que representa una mano sosteniendo un cerillo encendido, realizada en acuarela sobre lino— desató una guerra de ofertas entre siete interesados y se vendió por 477,300 dólares, casi seis veces su valor estimado. La escasez había encontrado su precio.
La mano humana ha regresado como la propuesta de mayor potencial comercial en el mercado del arte contemporáneo. Una encuesta realizada por Artsy en 2026 a más de 300 profesionales de galerías reveló que solo el 15% de estas recibía consultas de coleccionistas sobre arte generado por IA, y que incluso en esos casos rara vez se concretaba la compra. El mercado está cambiando de rumbo y lo hace, con notable claridad, hacia obras que poseen el peso inconfundible de la visión humana.
¿Contra qué estamos reaccionando? Contra años extraordinarios en los que las imágenes generadas por IA pasaron de ser una novedad a estar omnipresentes en apenas 18 meses. En mayo de este año asistí a la presentación del nuevo libro de Trevor Paglen, "How to See Like a Machine: Images After AI" (Cómo ver como una máquina: imágenes después de la IA), en la Tate Modern. La tesis de Paglen es que vivimos lo que él denomina el momento postindexical. Antiguamente, las fotografías constituían una prueba de la existencia de una imagen, ya que la luz rebotaba en un objeto real y quedaba grabada en la película fotográfica. Esa cadena de causalidad confería a las imágenes su valor y su veracidad. La IA generativa ha roto esa cadena. Hoy en día, las imágenes no hacen referencia a nada ni remiten a ningún origen concreto; son, en palabras de Paglen, imágenes creadas por máquinas para máquinas. Según el informe "Art Basel and UBS Global Art Market Report 2026" (Informe sobre el mercado del arte de Art Basel y UBS 2026), las obras de los “Grandes Maestros” —las creaciones de carácter indiscutiblemente humano por excelencia— experimentaron un crecimiento del 30% en 2025. El mercado está revelando en qué confía.
La “pérdida del origen” ya no es una mera idea filosófica. Investigadores del MIT han demostrado que es posible medirla. El 18 de agosto, un estudio publicado en “Nature Communications” bautizó este fenómeno como “deterioro de la atribución” (attribution decay). Cuanto mayor es el conjunto de datos de entrenamiento de un modelo, más difícil resulta rastrear el origen de un resultado hasta una imagen o un artista concretos. El autor principal, Zheng Dai, puso a prueba esta hipótesis eliminando datos de entrenamiento y observando si el resultado variaba. En uno de los experimentos, un modelo entrenado con obras de 744 artistas generó prácticamente la misma imagen incluso tras excluir a cualquiera de ellos. Si la eliminación de un elemento no altera el resultado, dicho elemento no puede identificarse como la causa. Así pues, a medida que la IA dificulta la localización de la autoría, las obras de arte cuyo creador es identificable adquieren mayor valor. ¿Significa esto que la huella visible de la mano humana se convierte, por sí misma, en una forma de procedencia?
Pero la razón más profunda es más antigua que cualquier estadística de encuestas: el valor proviene de la escasez. Durante un instante breve y electrizante, las imágenes generadas por IA resultaban insólitas y extrañas; constituían un lenguaje visual nunca antes visto. Aquel momento duró aproximadamente 18 meses. Walter Benjamin sostiene que lo que otorga autoridad a una obra de arte es su “aura”: su existencia única en un lugar y un tiempo determinados, ese “aquí y ahora” insustituible. La reproducción mecánica, advierte, erosionaría dicha aura. La IA generativa no solo la ha erosionado, sino que ha convertido el concepto mismo de “original” en algo filosóficamente redundante. El informe “Hiscox Art and AI” (Informe de Arte e IA de Hiscox) lo puso en cifras: el 60% de los coleccionistas se preocupa ahora por la autenticidad de las obras creadas con IA, y el 45% teme que su valor se desplome tras la compra. La lógica, en términos del mundo del arte, es clara: cuando algo se vuelve infinito, pierde su valor. La calidad no tiene nada que ver; el valor depende de la escasez.
El arte nunca fue una competencia de destreza técnica. La cámara zanjó ese debate hace mucho tiempo. Lo que los artistas ofrecen es experiencia: una forma de ver y sentir el mundo. Una máquina puede aprender a imitar la apariencia del arte, pero no puede conocer la soledad, el deseo, el duelo o el asombro. Y a medida que el mundo digital se llena de imágenes generadas de la nada y para nadie, esas realidades obstinadamente humanas podrían convertirse en el medio más escaso de todos.
Versión original del texto "Why Being Human Is Now the Most Valuable Thing an Artist Can Be" por Camilla Ridgers.



