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Como si estuviera en la boleta

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OpiniónEl Economista

Sergio Silva

El 25 de octubre, durante un mitin en Michigan, Donald Trump pidió a sus seguidores que imaginaran que él también estaba en la boleta electoral. Le preocupaba que, sin su candidatura, muchos republicanos se quedaran en casa. A juzgar por los resultados del martes, parece que quienes le tomaron la palabra fueron sus adversarios.

Las elecciones intermedias suelen movilizar a muchos menos estadounidenses que las presidenciales. En los cinco ciclos comprendidos entre 2004 y 2022, la votación de los candidatos demócratas a la Cámara de Representantes cayó, en promedio, 27% respecto de la elección presidencial inmediatamente anterior; la republicana disminuyó 25%. Sin una elección presidencial en juego, millones de electores dejan de acudir a las urnas.

Esta vez, sin embargo, el retroceso demócrata fue mucho menor. En 2024, sus candidatos a la Cámara recibieron 70.6 millones de votos. Con el escrutinio todavía incompleto, el miércoles acumulaban alrededor de 66 millones: apenas 6% menos. Una votación cercana a la de un año presidencial y superior incluso a los más de 60 millones que consiguieron en la extraordinaria elección intermedia de 2018. Los cálculos de esta elección se basan en datos preliminares disponibles la mañana del miércoles y cambiarán conforme avance el conteo.

El fenómeno tuvo consecuencias que alcanzaron territorios poco habituales para los demócratas. Según las proyecciones disponibles, arrebataron a los republicanos siete escaños del Senado: Maine, Carolina del Norte, Ohio, Iowa, Kansas, Texas y Carolina del Sur. En los tres últimos estados no habían ganado una elección al Senado en décadas. La victoria desbordó los estados competidos y penetró en territorios que parecían sólidamente republicanos.

¿Acudieron a votar muchos más simpatizantes demócratas de lo habitual o hubo republicanos que cambiaron de bando? Los resultados agregados no permiten distinguirlo. Nos dicen cuántos votos recibió cada partido, pero no quiénes cambiaron de preferencia, quiénes se abstuvieron ni quiénes votaron por primera vez. Un ejercicio aritmético ayuda a dimensionar la diferencia, aunque no resuelve esas preguntas.

Si la votación republicana hubiera disminuido el habitual 25% respecto de 2024, habría rondado los 55.8 millones. Hasta la mañana del miércoles, sus candidatos habían recibido poco más de 51 millones. Su votación estaba, por tanto, varios millones por debajo de ese punto de referencia.

Los demócratas mostraban el comportamiento contrario. Una reducción de 27% respecto de 2024 los habría situado en unos 51.5 millones de votos. Los aproximadamente 66 millones contabilizados superaban esa referencia en unos 14.5 millones.

Podemos imaginar, por ejemplo, que 4.6 millones de antiguos votantes republicanos hubieran pasado al campo demócrata. Aun descontando esa transferencia hipotética, la votación demócrata seguiría casi diez millones por encima de la referencia histórica. Pero ese supuesto no establece un máximo de cambios de partido: podrían haber sido más, o menos, y coexistir con movimientos en sentido contrario.

El ejercicio permite observar una distancia extraordinaria respecto del comportamiento histórico; no identificar a los electores que la produjeron. Para distinguir entre movilización, abstención y cambio de voto harán falta estudios posteriores. Por ahora, los resultados son compatibles con una interpretación políticamente poderosa: Trump pudo haber sido una razón para salir a votar incluso entre quienes querían castigarlo.

Carolina del Sur ofrece una ilustración particularmente interesante. En sus siete distritos, los candidatos demócratas a la Cámara pasaron de unos 964 mil votos en 2024 a 977 mil en 2026. Los republicanos cayeron de 1.48 millones a 1.03 millones.

La regularidad resulta llamativa: los republicanos perdieron entre 28% y 34% de sus votos en cada distrito, mientras los demócratas aumentaron su votación en cinco y retrocedieron ligeramente en dos. Es decir, incluso donde conservaron una ventaja considerable, los republicanos enfrentaron a unos adversarios que prácticamente reprodujeron su votación de un año presidencial.

Para entender el contraste conviene regresar a 2016. Hillary Clinton obtuvo casi los mismos 65.9 millones de votos que Barack Obama en 2012, pero unos 3.6 millones menos que Obama en 2008. La distribución de esos apoyos fue decisiva: perdió Michigan, Pensilvania y Wisconsin. Trump, por su parte, recibió unos 63 millones de votos, alrededor de dos millones más que Mitt Romney en 2012.

Después, la votación de Trump creció de manera considerable: alcanzó 74.2 millones en 2020 y 77.3 millones en 2024. Su capacidad para atraer votantes convivió con una movilización igualmente extraordinaria de sus adversarios: Joe Biden obtuvo 81.3 millones en 2020, el récord de una candidatura presidencial estadounidense. Trump movilizó votantes tanto a favor como en contra de forma masiva en los últimos 10 años.

Sin embargo, los resultados de 2026 sugieren que esa relación cambió profundamente. Trump sigue siendo una poderosa razón para salir a votar, pero pareciera que ya sólo funciona para movilizar la votación en su contra. Esa interpretación no basta para explicar cada una de las contiendas de este martes, aunque ayuda a entender el alcance nacional del resultado.

Tampoco garantiza tranquilidad a los demócratas de cara a 2028. Trump no podrá volver a competir por la presidencia y quien consiga la candidatura demócrata tendrá que resolver un problema que esta elección deja abierto: cómo lograr que millones de personas dispuestas a votar contra Trump lo hagan también a favor de alguien más. Los republicanos, por su parte, deberán decidir qué conservar y qué abandonar de la coalición que él construyó.

Estamos ante una elección histórica. El problema es que todas lo son, al menos hasta la siguiente. La metáfora del tsunami es más adecuada de lo que parece: una ola enorme que transforma por completo el paisaje, pero que no cambia permanentemente el nivel del mar. El agua inevitablemente se retira. La pregunta es cuánto habrá cambiado el paisaje político cuando eso ocurra.

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