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Opinión

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Édgar Ramírez y Aún es de noche en Caracas: cine desde la herida

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Foto: Especial

Gabriela Gorab

Hablar de Venezuela hoy no es un ejercicio de memoria, sino de una herida abierta.

En el marco del Summit Decididas 2026 en Proyectos Públicos, el panel Anhelo y supervivencia: Venezuela a través del arte, la memoria y el exilio abrió un espacio de conversación profunda sobre una herida que no cierra y que, lejos de silenciarse, exige ser nombrada. La entrevista, conducida por Gabriela Warkentin, reunió al actor y productor Édgar Ramírez y a la periodista y escritora Karina Sainz Borgo, autora de La hija de la española.

Desde el inicio, la conversación se situó en un territorio incómodo pero necesario: hablar de lo que duele. Para Sainz Borgo, la herida del exilio venezolano no desaparece ni se clausura. No se trata de superarla, sino de permitir que siga hablando. En su experiencia como narradora, la literatura se convierte en un espacio donde esa herida no se maquilla ni se absuelve, sino que se expone con todas sus contradicciones.

Al referirse a la adaptación cinematográfica de su novela —Aún es de noche en Caracas, producida por Ramírez— subrayó cómo el cine logró llevar la historia a un terreno aún más político, donde víctima y victimario quedan atrapados en un mismo foso, incapaces de construir algo nuevo sin antes mirar el daño de frente. Más que una adaptación, la película se convierte en un dispositivo para entender el colapso venezolano desde la intimidad, donde lo político atraviesa lo cotidiano.

La idea de “trabajar la herida” tomó una dimensión existencial en la voz de Ramírez. Para él, no se trata de cerrarla, sino de reintegrarla a la vida presente. El proceso venezolano —recordó— no ocurrió de manera súbita ni aislada, sino frente a los ojos del mundo, y su incomprensión ha profundizado el dolor. El exilio forzado interrumpe el desarrollo de la identidad: ya no se trata solo de preguntarse dónde se está, sino quién se es ahora.

En ese contexto, el arte aparece como un acompañamiento. El cine y la literatura no curan la herida, pero permiten transitarla. Ofrecen un lenguaje para nombrar el desarraigo, para comprender esa “muerte en vida” que implica dejar un país sin haberlo elegido.

La identidad, dijo Ramírez, se ve forzada a expandirse, a reconstruirse en medio de la interrupción.

México ocupó un lugar central en la conversación, no solo como territorio de acogida, sino como espacio histórico de refugio y creación. Tanto Sainz Borgo como Ramírez expresaron una gratitud profunda hacia un país que ha sabido albergar a generaciones enteras de exiliados y poner su talento al servicio de historias que no necesariamente le pertenecen.

Que Aún es de noche en Caracas se haya filmado mayoritariamente en México convierte a la película en un gesto de solidaridad cultural y en un ejemplo de colaboración latinoamericana.

La conversación cerró con una idea compartida: los países no desaparecen, se transforman.

En la diáspora, Venezuela sigue creciendo en cada uno de quienes la llevan consigo. Tal vez trabajar la herida no sea cerrarla, sino impedir que el mundo la declare inexistente.

A continuación, comparto la sinopsis del filme y la declaración de las directoras, publicadas por la Biennale di Venezia.

Sinopsis del film

En una Caracas al borde del derrumbe, Adelaida, de 38 años, acaba de enterrar a su madre y queda completamente sola. Mientras en las calles las protestas son sofocadas con violencia, su vida también se desmorona: al volver a casa, descubre que su departamento ha sido tomado por mujeres afines al régimen.

Sin alternativas, se esconde en el apartamento vecino, donde encuentra el cadáver de quien vivía allí. Atrapada en un encierro cada vez más opresivo y obligada a convivir con un hombre en quien no confía, Adelaida se precipita en una espiral de miedo, sospecha y amenaza constante. En ese límite extremo, entiende que para seguir con vida tendrá que renunciar a sí misma y asumir otra identidad: la de “La hija de la española”.

Declaración de las directoras

Mariana Rondón y Marité Ugás encontraron en la novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo una resonancia profunda, especialmente en el personaje de Adelaida Falcón, marcado por el desplazamiento, la pérdida de identidad y la violencia de sobrevivir en un país que deja de reconocer a los suyos.

Ambas se reconocen dentro de una de las mayores diásporas del continente: más de ocho millones de venezolanos forzados a abandonar su país, despojados no solo de un territorio, sino también de un sentido de pertenencia e incluso de su identidad.

Desde esa experiencia, su aproximación cinematográfica se construye desde lo íntimo. La película sigue a una mujer que lo pierde todo, incluso la noción de sí misma. Lejos de los grandes gestos épicos, el relato se sostiene en actos mínimos de resistencia frente al colapso.

Para Rondón y Ugás, Aún es de noche en Caracas no solo da cuenta del éxodo venezolano, sino que propone una reflexión universal sobre el derecho a existir. La historia pone en evidencia uno de los conflictos más urgentes del presente: el exilio, el desarraigo y la fractura dolorosa con una tierra que, aun siendo propia, termina por expulsar.

Aún es de noche en Caracas está disponible en Netflix desde el 27 de marzo.

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Gabriela Gorab

Licenciada en Artes por la Bond University, de Australia, cuenta con un programa de Emprendimiento por el MIT. Es socia de El Lion que Ruge Films, una compañía independiente de producción cinematográfica. Colabora y es consejera en diversos medios con temas relacionados al arte, la cultura y la innovación. Curadora y Co-Fundadora de Artists’ Container.

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