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Dos carriles

Ezra Shabot | Línea directa
La discusión sobre el retorno y rápida petición de licencia de Rocha Moya a la gubernatura ha girado en torno a si esta decisión fue tomada unilateralmente por el gobernador, o si hubo un cierto consenso para llevar a cabo una acción tan comprometedora. Una hipótesis probable es la existencia de dos carriles de comunicación política que en ocasiones se cruzan, pero que poseen una autonomía de movimiento que en ciertos casos provocan choques de enorme magnitud como éste.
Un carril es en el que transita la presidenta Sheinbaum, y en donde concurren los gobernadores morenistas, y los liderazgos de diputados y senadores del partido, mientras en el otro aparece López Obrador, su familia, una parte importante del morenismo tabasqueño, y por supuesto el propio Rocha Moya y sus secuaces sinaloenses. En ciertos momentos Claudia corre por el carril obradorista en un intento por evitar una confrontación directa con el líder supremo del movimiento, pero de inmediato regresa a la comodidad del carril propio.
La reaparición de Rocha Moya sin previo aviso, significa que en algún punto los dos carriles se han cruzado y los vehículos donde transitan ambos bloques han colisionado de manera importante, dejando atrapada a la presidenta entre ambos aparatos. En el fondo se trata de la misma contradicción irresoluble existente desde el inicio de la administración Sheinbaum: un poder compartido que tiene prioridades distintas, a pesar de coincidir en un objetivo común que es garantizar la permanencia indefinida de Morena en la presidencia de la República.
El diferendo entre Claudia y AMLO se centra en cuál es el grado de complicidad mutua que se tienen que guardar para no hundir el barco de la 4T. Los escándalos de corrupción asociada a la interdependencia de la clase gobernante con el crimen organizado, son los principales factores que conducen a un posible rompimiento entre las dos vías. La presión norteamericana agudiza el conflicto entre la presidenta y el ex presidente, y la reaparición pública de Rocha Moya como gobernador de Sinaloa llevó las cosas al límite.
El golpe bajo proveniente del carril Palenque-Tabasco-Sinaloa, aunado a la cancelación de la visa a Andy por parte de Washington, ha roto el equilibrio del tráfico vehicular entre ambos carriles. Rocha Moya e Insunza no se manejan solos, ni pretenden desafiar a Claudia por sentirse superiores en términos de su peso político. Lo hacen porque el mensaje proveniente de La Chingada es el de resistirse a pagar por los platos rotos de un movimiento que operó de esa manera por instrucciones del caudillo, quien hoy se siente traicionado por su pupila.
El problema del autoritarismo es que carece de instrumentos eficaces y capaces de resolver problemas de este tipo por la vía legal. Se trata de un juego de fuerza bruta entre el poder de hoy y el de ayer, y en donde el costo termina siendo pagado por todos. El choque entre los dos carriles es un hecho. La licencia de Rocha es un triunfo de Claudia.

