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Detrás del Frente Democrático

Alberto Aguirre | Signos Vitales
Malamente, vendrán los señalamientos por los abajofirmantes —muchos, “ex” protagonistas de la escena política mexicana—, más que por el contenido del manifiesto formulado por los fundadores del Frente Amplio Democrático.
Al igual que hace tres años, un variopinto sector de la intelectualidad mexicana conjugó esfuerzos con exfuncionarios federales, exdirigentes partidistas y líderes de organizaciones sociales para llamar a la oposición a Morena a sumar esfuerzos. Esa vez, para defender a los órganos autónomos —el INE, el Inai, el IFT y la SCJN— y frenar al autoritarismo cuatroteísta.
La coalición electoral del 2024 quedó incompleta, con la negativa (¿o traición?) de Movimiento Ciudadano. Y el desencanto por la imposición de Xóchitl Gálvez como candidata presidencial dio al traste con esos esfuerzos.
El capítulo 2026 de estos ánimos aliancistas tiene un objetivo de corto plazo: frenar la intentona oficialista de reformar las reglas del juego electoral. Y generar un contrapeso ante los “afanes dictatoriales” que han emergido con el traspaso del poder.
¿La misión del FAD? “Evitar que prospere cualquier iniciativa político-electoral regresiva en cualquiera de sus etapas legislativas”. El correlato: cuando la economía nacional está estancada, la inversión no llega, Pemex se desfonda y el crimen controla buena parte del territorio nacional, la iniciativa presidencial de reforma electoral resulta un despropósito.
“¿Quién cuida a la democracia, cuando el poder se concentra?”, era una de las preguntas disparadoras que concitaron al grupo fundacional de este nuevo Frente Amplio. Las deliberaciones tomaron su rumbo definitivo en el verano del año pasado, refiere uno de ellos, después del “bochornoso espectáculo” de la elección de los nuevos integrantes del Poder Judicial.
A finales del 2025 circuló la invitación para una primera reunión plenaria. La cita quedó programada para el jueves 22 de enero, en la Hacienda de Los Morales. Tan vale la pena esta causa que antiguos rivales, como Rosario Robles y Jesús Ortega Martínez, pudieron compartir la misma mesa. Entre las asistentes a dicho cónclave estuvieron: María del Carmen Alanís, Lorena Beauregard de los Santos, Laura Carrera, Ana Lilia Cepeda, Angélica de la Peña, Cecilia Soto y Ana Francisca Velasco.
La lista quedó completada por Demetrio Sodi, José Elías Romero Apis, Marco Antonio Baños, José Ramón Cosío, Jacobo Dayán, Rubén Aguilar, Ricardo Sodi Cuéllar, Javier Martín Reyes, Germán Fernández, Edmundo Jacobo y Rafael Estrada Michel.
Allí se acordó la creación del Frente y las líneas de acción, suscritas por un expresidente, tres excandidatos presidenciales, tres exgobernadores, cuatro exdirigentes partidistas, tres expresidentes del INE, una expresidenta del Tribunal Electoral, dos exministros de la SCJN, cuatro exconsejeros electorales, tres excomisionadas del Inai, dos exmagistrados electorales, tres exsecretarios de Estado y más de una veintena de exlegisladores federales y exdiplomáticos…
Dirán que es la Marea Rosa +, que muchos de los abajofirmantes había participado en las versiones anteriores del frente amplio. Los amagos del presidente de la comisión presidencial para la reforma electoral, Pablo Gómez, han sido el detonante para su movilización.
Dirán que no movilizan ni a sus primos, que carecen de representación territorial, que son chilangos, intelectuales de café. Y tal vez tengan razón, pero apenas es una primera muestra de una organización plural, donde lo interesante es que hubo consenso en un objetivo común.

