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¿Categoría 1.5 de seguridad aérea?

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
Una de las preguntas que se hace la industria aérea nacional es por qué nuestra aviación, a pesar de haber sido durante años un ejemplo a nivel América Latina en muchos órdenes, hoy se encuentra en un bache después de haber sido degradada 2 veces (en 2010 y en 2021) a Categoría 2 por parte de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos y permanecer estacionados en Categoría 1.5 hasta nuevo aviso.
La Agencia Federal de Aviación (AFAC), que tiene 8 años de existir como Agencia con relativa independencia (es órgano desconcentrado de la Administración Pública Federal y depende de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes), ha tenido en este lapso 4 directores generales, tres de ellos militares en retiro que, al llegar directamente de la Secretaría de la Defensa, responden más a sus vínculos y formación militar que a la aviación civil, a la cual llegan a conocer ya cuando son nombrados.
No es un problema ideológico, es un tema de pragmatismo: en otros países, las instancias de aviación civil tienen servicio de carrera, es decir, sus miembros se forman ahí, van creciendo y aprendiendo a ser autoridad desde que ingresan y conocen los vericuetos de la industria, que parecen fáciles pero que en realidad son una especialidad con muchos vericuetos que, quien no los entiende, desprecia y por lo tanto suele meterse en problemas hasta que es demasiado tarde.
El costo no es barato: la seguridad operacional que no se cuida termina con vidas humanas y daña infraestructuras muy caras, al tiempo que va degradando la reputación del país señalado. No es aceptable que, en el índice de seguridad operacional de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), México aparezca en varios rubros por debajo de Botsuana o de Ghana, los cuales tienen una aviación civil mucho menos desarrollada que la nuestra y muchos menos pasajeros domésticos e internacionales qué atender.
A esta valoración de la auditoría de seguridad de OACI se suma la situación con la FAA y con el Departamento de Transporte también de EU (DOT). La primera decidió prorrogar hasta diciembre su veredicto final de la reciente auditoría hasta diciembre, fecha en que se sabrá si vamos o no a Categoría 2 otra vez.
El DOT, por su parte, aunque levantó la sanción de las rutas del AICM y el AIFA hacia Estados Unidos, mantiene vigentes otras sanciones que restringen las operaciones de aerolíneas mexicanas hacia EU, hasta que haya acuerdos y el bilateral se restaure adecuadamente.
En ese tenor es que debe leerse la decisión de abrir el AICM nuevamente a operadoras exclusivas de carga, la restitución de slots a aerolíneas estadounidenses y la ampliación del presupuesto (hasta ahora a nivel declarativo) para la AFAC. Pero falta mucho aún por hacer: lo primero sería regresarle a AFAC su estatus de aviación civil, crear las condiciones para profundizar en la formación de los profesionales de AFAC, pagarles mejor, hacer servicio civil de carrera, etc., sin olvidar la promesa sempiterna de los funcionarios públicos: la política de Estado en materia de transporte aéreo.
No necesitamos que vengan los auditores externos a decirnos cuán mal andamos, bastaría con aplicarse a cumplir los compromisos internacionales que ha firmado México. No es mucho, ¿o si?

