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Campeche, los signos de interrogación política

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
No hagas el bien si no tienes la fuerza para soportar la ingratitud. Confucio
Maquillaje a granel cada semana, en los martes de más de lo mismo, en uno de los peores gobiernos, en esas necesarias mediciones, entre lo que teníamos de perspectiva, por los años luchando contra sus propios demonios, en la ambición donde Campeche nunca ha sido favorecido por el desarrollo integral en la península.
Llegó la hora afirmaba en 1976 José López Portillo en su campaña política en Ciudad del Carmen, para alcanzar la presidencia de México 1976-1982; pero los intereses mezquinos de la mayoría de los gobiernos estatales, con sus notables excepciones, han dejado abandono y lastimosas quejas, recurrentes las más, por la corrupción sobre todo de los servidores públicos.
En el actual sexenio que está en su recta final, poco se puede afirmar a favor de quien marque diferencia, tenemos números rojos en inversión pública, cierre de comercios, alto grado de violencia nunca vista, aunque se presuma con datos sesgados que ocupamos un buen lugar, quizá por el número de habitantes por kilómetro cuadrado.
No hay esperanza de que esto mejore en lo que les queda a los “intrusos”, llegados de estados del país, con un desconocimiento total de Campeche, nunca se acercaron a la gente, menos a sus problemáticas, se han dedicado a dilapidar el presupuesto público, con un odio hacia lo campechano, al nativo, al que defiende su negocio por pequeño que sea.
En el descargo de responsabilidades, los conservadores, que los hay porque son los que siguen manteniendo el estatus de lo económico como prioridad, con asignaciones de trabajos de millones a sus empresas, aseguran que le llegó tarde la gubernatura a Layda Sansores, un ejemplo de constancia, pero que se rodeó de lo que traía en Álvaro Obregón, con esos distractores que ya no se come nadie.
Quizá nos cuesta entender los intereses que se mueven alrededor de los actuales tiempos electorales, los cuales están siendo adelantados por todos los actores, de un pobre y pequeño reparto.
Los nombres se repiten, hasta los apellidos de quienes ya gobernaron en el pasado reciente, ahora van sus hijos por posiciones de privilegio, mientras los problemas no se resuelven, son parte del panorama enrarecido, sumándose el sobrino nada incómodo, a quien pocos le creen, arropado hace unos días por el partido del trabajo, un inexistente ente en la entidad campechana, que quiere lucrar con un espacio en la boleta electoral.
Cambios previsibles en el gabinete este martes, Víctor Manuel Sarmiento Maldonado, nuevo secretario de gobierno, este sí de carrera magisterial y política, pero la mayoría están ocupados en “agarrarse”, literalmente hablando, de lo que esté a su alcance, para la supervivencia política, único reducto para no caer en la desgracia de no tener ni para pagarse un café en el “plaza”.
La lista de los abandonos recurrentes es considerable, ahora súmenle el nombramiento de Manuel Zavala Salazar, quien toma el lugar del hijo de López Obrador en la cartera de secretario de Organización, que mete ruido como suelen decir los campechanos de la capital, a las designaciones de las candidaturas en Campeche, un nativo contrario al gobierno laydista, donde habrá seguramente sorpresas por las “encuestas”.
Entre líneas
Y para rematar, en la ociosidad de ocupar cargos quienes no terminan por aclarar su situaciones patrimoniales y penales, el encargado de la economía en Campeche, Jorge Lavalle Maury, lo más que ha logrado es que se abra una tiendita en el aeropuerto de Ciudad del Carmen, para vender artesanías en un desierto lugar con dos vuelos diarios.

