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Banxico entre la tentación del recorte y la obligación de la estabilidad

Irasema Andrés Dagnini | Sextante financiero
La próxima semana el Banco de México (Banxico) celebrará su reunión de política monetaria y todo apunta a que reducirá la tasa de referencia en 25 puntos base, lo que ubicaría la Objetivo en 6.50%. Uno de sus subgobernadores ya dejó entrever esa inclinación, bajo el argumento de que la economía necesita oxígeno. Sin embargo, el contexto actual obliga a cuestionar si es el momento adecuado.
La crisis en Medio Oriente, con el cierre parcial del Estrecho de Ormuz y la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, después de 60 años, ha elevado la volatilidad en el mercado energético y colocando el precio del petróleo por encima de 100 dólares por barril, generando presiones inflacionarias globales adicionales. Aunque el gobierno mexicano mantiene controlados los precios de gasolina y diésel, el impacto externo es innegable: los costos de transporte y producción se encarecen y la inflación importada se convierte en un riesgo latente.
Banxico tiene un mandato claro: preservar la estabilidad de precios. La promoción del crecimiento económico corresponde al gobierno, no al banco central. Un recorte apresurado podría enviar señales equivocadas al mercado, debilitando la credibilidad de la institución en un momento en que la disciplina monetaria es más necesaria que nunca.
Por cierto, el crecimiento económico no va bien, el INEGI dio a conocer la semana pasada que el PIB del primer trimestre de 2026 se contrajo 0.8% frente al trimestre previo, la caída más fuerte desde 2020. En términos anuales, la actividad apenas creció 0.2%, lo cual refleja un entorno de debilidad interna; consumo estancado, inversión privada contenida por la incertidumbre del T-MEC y un gasto público que no logra compensar la falta de dinamismo.
La contracción del PIB contrasta con la fortaleza del peso, que al cierre de abril se ubicó en 17.50 por dólar. La estabilidad cambiaria responde más a los flujos comerciales y financieros derivados del T-MEC que a la salud interna de la economía. Un peso fuerte no necesariamente significa un país fuerte.
Respecto al comercio internacional, la balanza comercial mostró un repunte en marzo y un superávit histórico de 5,932 millones de dólares (mdd), revirtiendo el déficit de febrero. Las exportaciones crecieron 27.7% interanual, impulsadas por electrónicos y metales, mientras las importaciones subieron 24.3%. Este dinamismo refleja la integración con Estados Unidos y la resiliencia de ciertos sectores manufactureros.
Sin embargo, depender de la demanda externa no es suficiente. La economía mexicana necesita motores internos sólidos, y ahí es donde la política fiscal y de inversión pública deben jugar un papel más activo. Banxico no puede ni debe cargar con esa responsabilidad.
Contexto internacional
En Estados Unidos, el PIB creció 2% anualizado en el primer trimestre, apoyado en gasto público. La Reserva Federal mantuvo su tasa en 3.50–3.75%, aunque con fuerte disidencia interna. La inflación PCE se ubicó en 3.5% interanual, lo que refleja que el combate a la inflación aún no está ganado.
En la Eurozona, el crecimiento fue apenas 0.1% trimestral, con inflación en 3%. El Banco Central Europeo decidió mantener tasas, pero anticipó posibles alzas en junio. La división entre halcones y palomas es evidente en ambos lados del Atlántico.
En Asia, China mostró resiliencia manufacturera y Japón una recuperación parcial, ambos ajustando su estrategia energética ante el cierre de Ormuz. La geopolítica energética se ha convertido en el factor determinante de la inflación global.
En este entorno, un recorte de tasas por parte de Banxico podría interpretarse como una señal de complacencia. La institución ha construido su reputación sobre la disciplina y la prudencia. Ceder a la presión de estimular la actividad económica, cuando su mandato es la estabilidad de precios, sería un error estratégico.
La credibilidad de un banco central no se mide en el corto plazo, sino en su capacidad de resistir presiones políticas y coyunturales. La inflación puede parecer controlada gracias a los precios administrados de combustibles, pero el riesgo externo es real.
México enfrenta una paradoja: un peso fuerte y una balanza comercial dinámica, pero un PIB en contracción y un entorno global inflacionario. La tentación de recortar tasas es comprensible, pero peligrosa. Banxico debe recordar que su obligación es preservar la estabilidad de precios, no suplir las funciones del gobierno.
La próxima semana será una prueba de fuego para la autonomía y credibilidad del banco central. En tiempos de crisis, la prudencia no es debilidad, es fortaleza.

