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Opinión

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México, dudas, discursos e incertidumbre

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Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano Espinosa Rafful

El destino, me temo, no es cruel, ni benévolo: es indiferente. Jorge Luis Borges

La economía se tambalea sin tempestades, no hay supuestamente a la vista asomos de recesión, o al menos esa impresión causa, lo que son hechos irrefutables son la carestía de la vida, los incrementos abruptos a los productos básicos, esos de consumo diarios y los inevitables combustibles, imparables.

Costo-beneficio solíamos asegurar a la compra de un bien o servicio, ahora el panorama es de incertidumbre total para el segundo cuatrimestre de un año de sobresaltos al vacío, notable el desempleo y la aparición de más y más “emprendedores”, realmente vendedores ambulantes para lograr el mínimo de dinero para sus satisfactores elementales.

El discurso se ha desgastado de una manera brutal, no es creíble lo que nos aseguran los políticos en cualquier espacio público, entrevista o participación en la comodidad de sus atenciones, lo superfluo sigue rondando las ambiciones desmedidas y ese poder para hacer y deshacer a su paso, sin sanciones ni reprimendas.

Dudas, inagotables dudas tenemos hacia ya no digamos el 2027, sino la sucesión presidencial del 2030, quienes podrían enlistarse sin estar “machados” o “tiznados”, cuando no han superado siquiera los propósitos de los cargos de elección popular y las responsabilidades asumidas en estados, municipios y primera línea de un gabinete que se releva, sin más esperanza que la palabra desgastada.

México está gobernado por un movimiento que no se atreven a llamarlo partido, ayer domingo hasta Alfonso Durazo Montaño fue muy cuidadoso, porque ha transitado en casi todos los institutos políticos, de mencionar a MORENA, como si en ello pudiera develar parte de lo que viene, porque Luisa María Alcalde no lo hizo mal y quien llega; Ariadna Montiel es parte del pasado inmediato que sigue latente desde Palenque, desde ese Chiapas de 1994 que no deja de ser preocupación y olvido.

Han sido días complicados por los señalamientos de los Estados Unidos, hacia una decena de fieles acompañantes de López Obrador desde hace muchos años, en muchos sentidos hay daños y no hay contenciones, acusaciones con o sin pruebas, dan testimonio que algo no está bien al interior de lo que se está moviendo para ganar las intermedias con Claudia Sheinbaum como responsable visible.

Las noticias de aquí y de allá suelen ser negativas y hasta vengativas, el país se  divide más, se quiebra, se parte en opiniones del pasado y se notan los problemas de todo tipo, económicos, políticos y sociales, en el marco de un mundial de futbol en la mediocridad de las desatenciones. 

Energéticos por las nubes, una guerra concluida entrecomillada, quienes aspiran y suspiran por el poder, no están ni siquiera mirando de reojo la realidad de quienes deambulan sin destino cierto, y los programas sociales cada vez son más que un dolor de cabeza para las alicaídas finanzas en el endeudamiento público, que debe también importarnos como ciudadanos de a pie.

Aguas revueltas, tempestades por nosotros, no por los Estados Unidos y el irreverente Trump, no resolvimos a tiempo el problema, el grito era casi unánime y preferimos solo observar y escucharlo “no estás solo”, y se quedarán solos ante las evidencias del cinismo de la complicidad y los daños mayores de corrupción, como el caso García Luna, sospechosamente en silencio hoy. 

ENTRE LÍNEAS

Y como en política nada sucede por causalidad, no es el simplismo de una fotografía, donde no alcanzó el presídium el hijo del mesías tabasqueño, sino el mensaje alejado de quienes, sin pudor alguno, continúan con la retórica de las suertes del engaño y la simulación por el poder político, aunque sea sentado a un costado del escenario y literalmente hasta atrás. 

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