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Asignaciones directas, tiempo de cambios

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
La pobreza y la ignorancia son nuestros peores enemigos y a nosotros nos toca resolver el problema de la ignorancia. José Vasconcelos
Nada es cierto hasta que tenemos enfrente ya no el discurso que es promesa interminable sin cumplimiento, sino ese que se estrella sin aviso previo, nos hace perder la confianza, esa que escapa de la realidad, aun cuando la duda se entreteje con una esperanza silenciosa y cegadora.
Ante la sospecha de corrupción ahora habrá auditorías en la UNAM, noticia que no debe permitirse quedar en el limbo de las ociosidades, el prestigio de la Universidad y el juego perverso por una posible caída del actual rector, pone en jaque al aparato burocrático que permitió la asignación directa para el examen.
Ahora a tapar el pozo de las lamentaciones, la secretaria general ha sido renunciada, sin mediar investigación de por medio, dándonos la razón cuando deducimos siempre que un solo servidor público no es autónomo para la toma de esas decisiones, asignar millones de pesos a un contrato, donde la transparencia ha pasado a un tercer nivel de desconfianza.
Lo mismo ha venido sucediendo en el Instituto Politécnico Nacional, violentado su acervo en el canal once, después de dos meses de ocupación por “porros”, que destruyen sin castigo material histórico de trabajos de todo tipo, esa memoria que no estará más, y que también debe llegarse al fondo de los hechos, buscar y castigar con penas duras a los responsables, ni uno ni otro deben quedar impunes.
Desafortunadamente los ejemplos marginales en el anterior sexenio y algunos eventos no aislados de sexenios priistas y panistas, han sido cubiertos con el manto de la soberbiar, la inacción y el dejar hacer, dejar pasar; que no debiera ser, ahí donde la sociedad en su conjunto pierde toda posibilidad de mirar la luz al final del túnel.
Son los acontecimientos exhibidos en los noticiarios o medios impresos, donde se consigna la posible corrupción, la danza de los dineros llevados por intereses perversos, que dañan no solo a las instituciones, que lejos de castigar justifican, que cerca de resarcir el daño gigantesco, unos meses de investigación y llega el olvido, con otras cajas chinas al diseño para la memoria corta.
Leonardo Lomelí Vanegas está en esa cuerda floja de la duda para siempre, el control de daños con la renuncia de la segunda de abordo no debe ser suficiente, la Auditoría Superior de la Federación deben involucrarse y dar resultados con reparaciones de un gran daño a la credibilidad de la UNAM.
También Arturo Reyes Sandoval en el Politécnico como rector, debe dar cuenta de los años desastrosos en esta institución educativa, que tendrá que replantearse con su relevo este año, no solo retos en materia de equipamiento y diseño de carreras con miras al futuro tecnológico que nos sigue rebasando por la derecha y por la izquierda, sino limpiar la pésima imagen de la duda y desconcierto por la galopante corrupción entre asignaciones directas y enriquecimientos inexplicables.
Seamos serios como país, como ciudadanos, como servidores públicos, es servir a la patria, aunque se lea cursi, es servir en esa austeridad que no debe ser solo discurso hueco y simplón, sino, además, despejar dudas que no hay ni fracaso ni socialismo.
Pero además que la ignorancia no sea pretexto, y menos las comparaciones entre el pasado reciente y lo que está siendo parte de una gran encrucijada que debe resolverse por encima de la mesa y no a oscuras como estamos ahora mismo en estos temas educativos.
ENTRE LÍNEAS
Violencia selectiva en algunos estados del país, los creadores de contenido ahora no solo en la mira de la maldad, sino en ese ajuste de cuentas con sombrero o con gorra, exhibiendo en algunos casos lo vulnerable que somos, no solo por las enfermedades que no tienen ni aviso previo, ni fecha de aparición, resolver y atenderse a tiempo es prioridad.

