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IBM: un Gigante que mueve los hilos de la Inteligencia Artificial

Nelly Acosta Vázquez | IA: Integrados y Apocalípticos
En los años 90, nadie se preguntaba si era mejor una PC o una Mac... El debate se centraba en si era IBM. Sí, seguro lectores más jóvenes tomen esto como algo insólito o inverosímil. ¿Alguien menor de 30 años sabrá de la existencia de esta empresa?
Hoy quiero rescatar la historia del llamado "Gigante Azul", como se le conocía a IBM por el color de su logo y por el enorme peso que llegó a tener en la industria tecnológica, que tras dominar rankings de ventas de computadoras e impresoras, "desapareció" del radar para convertirse en una de las grandes firmas que mueve los hilos de la Inteligencia Artificial y que está presente en montones de servicios que usamos todos los días. Un gigante que sigue gigante, pero que ahora opera de forma invisible.
Sus “pininos” se dieron a conocer mucho antes del auge de ChatGPT. En 1997, la supercomputadora Deep Blue, de IBM, logró vencer al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov... Lo hizo utilizando Inteligencia Artificial, y sí, todos le aplaudieron. Años después, en 2011, la computadora Watson ganó el concurso televisivo Jeopardy! Sí, también con IA. Y sí, volvió a sorprender... Pero después de esto, la empresa desapareció de los titulares. O al menos eso parecía.
Mientras el mundo dirigía la mirada hacia las redes sociales, los teléfonos inteligentes y, más tarde, la IA generativa, el Gigante se retiró a cocinar otros proyectos tecnológicos y científicos fuera del foco público. Así, lanzó en 2023 su plataforma de IA, conocida con el nombre de "watsonx", alimentado por su laboratorio de Cambridge (en EU) en colaboración con instituciones como MIT y Harvard.
Y no, no llegó tarde... operó desde otro escenario.
El cerebro de un gigante
Para entender el papel de IBM en el mapa de la IA, podríamos compararlo con Nvidia. Ambas son empresas de infraestructura que operan tras bambalinas. Mientras Nvidia aporta el músculo físico de la Inteligencia Artificial (los chips) y es sumamente popular, IBM aporta el cerebro (software, integración empresarial y la computación cuántica), desde el anonimato. Sin ambas empresas, quizás la IA no podría operar como la conocemos hoy.
IBM no compite por tener el chat más popular, sino por vender su tecnología a gobiernos, bancos, hospitales y grandes multinacionales. La próxima vez que visites un hospital, sé observador: quizás veas alguna terminal con su logo... y detrás de éste, su tecnología.
Hay más ejemplos. IBM calcula que su IA es utilizada por más de 100 millones de usuarios: 70% de los bancos del mundo la utilizan para procesar operaciones o respaldar sistemas de atención al cliente. ¿Ves Wimbledon, el Abierto de Tenis de EU o los Masters de Golf? Los resúmenes automatizados, las narraciones y las estadísticas en tiempo real operan con su tecnología. Y hasta las compañías automotrices (como General Motors) y las farmacéuticas la usan para automatizar flujos de trabajo internos y dar soporte al cliente.
¿Por qué no la vemos? IBM le apostó a la consultoría tecnológica, servicios y software empresariales, servicios en la nube, y sobre todo, a la investigación científica y la computación cuántica… cuyos avances están, incluso, en la IA de otras marcas.
¿Cómo se gestó este cerebro?
La transformación de IBM no habría sido posible sin su apuesta por la Investigación Aplicada. En 2025 destinó 8,300 millones de dólares en ello, cifra que equivale a financiar tres misiones a Marte o al PIB de Mónaco.
También mantiene un laboratorio industrial de gran prestigio, el IBM Research, que ha generado más de 110,000 publicaciones científicas y que cuenta con un historial de seis Premios Nobel, siete Premios Turing y decenas de reconocimientos científicos.
Y sí, desde ahí se ha ido modelando su IA.
Actualmente, IBM Research suma 3,000 investigadores distribuidos en varios laboratorios internacionales y su red IBM Quantum Network reúne a más de 250 empresas Fortune 500, universidades, laboratorios nacionales y startups que desarrollan soluciones sobre su infraestructura cuántica.
De hecho, esta es otra de sus grandes apuestas. Su tecnología está sustentada por sus avances en la computación cuántica (tecnología que busca resolver problemas imposibles para las computadoras actuales y que podría redefinir el futuro de la Inteligencia Artificial). Aquí, probablemente sea el líder mundial, junto con Google, pues opera una gran flota de computadoras cuánticas y mantiene una red internacional de cientos de empresas, universidades y laboratorios que desarrollan aplicaciones sobre su plataforma. Este año, anunció una inversión superior a 10,000 millones de dólares para acelerar su desarrollo para 2029.
Por supuesto, se trata de una apuesta millonaria. El mercado global enfocado en los servicios empresariales de IBM se estima en miles de millones de dólares, que crece cada año 20%. Firmas como Gartner, la reconocen en varias categorías de software para la Inteligencia Artificial (gestión de datos, gobierno, desarrollo de apps de IA y aprendizaje automático).
¿Por qué hablar de una empresa que desapareció del radar?
Creo que nos resulta muy natural validar una tecnología por el ruido mediático o sus gadgets, pero pocas veces consideramos que buena parte de la innovación se gesta fuera de los reflectores.
Yo conocí a IBM como periodista durante sus años de mayor exposición mediática. Cubrirla era inevitable y un tanto complicado: estaba presente en prácticamente todos los ámbitos.
Quizá esa sea la lección más interesante del Gigante Azul: en tecnología, el protagonista no siempre es quien acapara la conversación, sino quien construye, casi en silencio, el escenario donde otros actúan.
Me pregunto, si dentro de 100 años, alguna de las empresas que hoy dominan la conversación sobre Inteligencia Artificial habrá logrado reinventarse tantas veces como lo ha hecho IBM.

