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Opinión

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El alto costo de la diplomacia clientelista de Trump

Una diplomacia eficaz depende de la credibilidad, la coherencia y una clara alineación con los intereses nacionales. La diplomacia paralela, personalizada, opaca y corrupta del gobierno estadounidense carece de todo esto y hará que Estados Unidos sea menos respetado y menos confiable.

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GINEBRA—En la mayoría de las democracias, un líder que delega la diplomacia de alto riesgo a familiares y socios comerciales provocaría indignación. Sin embargo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apenas ha recibido críticas por hacerlo, y muchos restan importancia a su diplomacia clientelista calificándola de mera “heterodoxia”. Las consecuencias a largo plazo serán graves.

En lugar de confiar en el secretario de Estado y en el cuerpo diplomático profesional, Trump ha puesto la diplomacia crucial en gran medida en manos de su yerno, Jared Kushner, y de su socio empresarial, el magnate inmobiliario de Manhattan Steve Witkoff. Kushner fue asesor principal en la primera administración de Trump, responsable de ayudar a negociar los Acuerdos de Abraham entre Israel y cuatro Estados árabes, y ahora es, al igual que Witkoff, enviado especial para la paz.

Juntos, Kushner y Witkoff han encabezado las negociaciones sobre Ucrania, Gaza e Irán. Sin embargo, ninguno de los dos tenía experiencia diplomática antes de que Trump les encargara resolver algunos de los retos de política exterior más espinosos y de mayor riesgo de nuestro tiempo, y ambos tienen evidentes conflictos de intereses.

Empecemos por Witkoff. El año pasado, Pakistán firmó un controvertido acuerdo de inversión con World Liberty Financial, una empresa de criptomonedas cuyo director ejecutivo es el hijo de Witkoff, Zach, y en la que las familias Trump y Witkoff tienen una participación mayoritaria. En enero, una filial de WLF cerró otro acuerdo con Pakistán, esta vez para introducir la moneda estable de la empresa para su uso en transacciones transfronterizas.

Pero Pakistán también ha sido el escenario y, en cierta medida, el mediador de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Cuando los actores negocian resultados geopolíticos y persiguen oportunidades de negocio en el mismo ámbito, la diplomacia empieza a parecerse a un mercado: el acceso, la influencia y el beneficio están estrechamente entrelazados.

En cuanto a Kushner, tras abandonar la primera administración de Trump, creó una empresa de capital privado, Affinity Partners, y recibió miles de millones de dólares de las monarquías del Golfo, incluidos unos 2,000 millones de dólares del fondo soberano de Arabia Saudí. En otras palabras, Kushner depende del capital saudí. Sin embargo, ahora se espera que negocie una distensión con Irán, incluso cuando, según se informa, el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman insta a Trump a continuar la guerra.

Y no se trata solo de Irán. La propuesta de Kushner de una “Nueva Gaza”, presentada en Davos el pasado mes de enero, ha sido ampliamente criticada como “diplomacia inmobiliaria”, ya que, en la práctica, reconvierte la reconstrucción en una empresa comercial al tiempo que ignora las cuestiones de soberanía y derechos.

Los conflictos de intereses de Kushner y Witkoff, junto con su falta de credenciales en política exterior, explican por qué Trump no ha tratado de nombrarlos para cargos diplomáticos oficiales. Los enviados especiales evitan las audiencias de confirmación del Senado, así como los requisitos de divulgación, las normas éticas y la supervisión del Congreso que obligan a los diplomáticos profesionales. Kushner y Witkoff pueden así ejercer influencia sin transparencia y negociar en nombre de EU sin rendir cuentas.

Por supuesto, Kushner y Witkoff no son, ni mucho menos, las únicas figuras que sacan provecho de su proximidad a Trump. Aliados y donantes destacados, como Larry Ellison, de Oracle, han obtenido grandes beneficios de su inversión en la empresa TikTok, de propiedad mayoritariamente estadounidense, que Trump obligó de hecho a crear a la empresa matriz china, supuestamente por motivos de seguridad nacional.

Además, los hijos de Trump, Eric y Donald Jr., se han incorporado recientemente a una empresa de drones, Powerus, y están intentando vender interceptores de drones a los Estados del Golfo para repeler los ataques de Irán, que toma represalias por la guerra de su padre. Foundation Future Industries, una startup de robótica en la que Eric es asesor jefe de estrategia, se ha adjudicado recientemente un contrato del Pentágono por valor de 24 millones de dólares.

Ahora están surgiendo informes sobre un posible uso de información privilegiada en torno a la guerra con Irán, con grandes apuestas realizadas justo antes de las declaraciones públicas de Trump que mueven los mercados. Sin embargo, el público estadounidense, ya sea porque se ha insensibilizado ante el incumplimiento de las normas por parte de Trump o simplemente porque es incapaz de seguir el ritmo y la magnitud de las violaciones, apenas reacciona ante tales noticias. Los escándalos que habrían derribado a cualquier administración estadounidense anterior —o al menos habrían provocado una investigación urgente— se han convertido en algo rutinario bajo el mandato de Trump.

Con un Partido Republicano que se pliega a todos los caprichos de Trump y justifica todos sus delitos —mientras controla ambas cámaras del Congreso—, se ha instalado una especie de resignación. Pero a medida que la indignación se desvanece, también lo hace el poder moderador de las normas políticas. Como resultado, los abusos se vuelven cada vez más flagrantes y atroces, y la confianza se erosiona. Incluso si los compinches de Trump lograran alcanzar un acuerdo de paz, este suscitaría sospechas, ya que cada concesión plantearía preguntas sobre quién se beneficia realmente —y quién sale perjudicado—.

Esto socava no solo acuerdos específicos, sino también el liderazgo global de Estados Unidos en un sentido más amplio. Ahora que la política exterior estadounidense se guía por la lealtad personal, las redes informales y el beneficio privado, cualquier credibilidad que tuviera Estados Unidos como socio fiable, negociador de buena fe y defensor del Estado de derecho ha quedado diezmada. Nada de esto se recuperará fácilmente.

Mientras tanto, si los gobiernos extranjeros quieren influir en la política estadounidense o asegurarse la cooperación geopolítica del país, deben hacer que a Trump le salga a cuenta. En ningún sitio es esto más evidente que en la llamada “Junta de la Paz” de Trump —una supuesta alternativa a las Naciones Unidas en la que un puesto permanente tiene un precio de 1000 mdd—. Se trata menos de una institución multilateral que de una franquicia geopolítica de “paga para jugar”, pero algunos países parecen dispuestos a soltar la pasta para mantenerse en el buen concepto del presidente estadounidense.

Otros que buscan influir en la política estadounidense se dirigen al complejo Mar-a-Lago de Trump en Florida, que este utiliza cada vez más para compromisos diplomáticos oficiales. Y, por supuesto, están aquellos que acuden allí para participar en los negocios de interés propio, cerrando acuerdos comerciales con el círculo íntimo de Trump. Mientras tanto, las guerras siguen causando estragos, con consecuencias humanas y económicas de gran alcance.

Los defensores de Trump argumentan que los actores no convencionales pueden lograr avances donde los procesos convencionales han fracasado. Pero la diplomacia no es meramente una cuestión de cerrar acuerdos; depende de la credibilidad, la coherencia y una clara alineación con los intereses nacionales. La diplomacia en la sombra, personalizada, opaca y venal que llevan a cabo Kushner y Witkoff no puede ofrecer nada de eso. Lo que puede y va a hacer es garantizar que Estados Unidos sea menos respetado, menos fiable y menos eficaz en la escena mundial.

El autor

Brahma Chellaney, profesor emérito de Estudios Estratégicos en el Centro de Investigación Política con sede en Nueva Delhi y miembro de la Academia Robert Bosch de Berlín, es autor de Water, Peace, and War: Confronting the Global Water Crisis (Rowman & Littlefield, 2013).

Copyright: Project Syndicate, 1995 - 2026

www.project- syndicate.org

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