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Opinión

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¿Sabe el alcalde de Álvaro Obregón lo que pasa en San Ángel?

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Lucía Melgar | Transmutaciones

Lucía Melgar

En estos días patrios, celebrar la independencia y el sentido de pertenencia a la comunidad conlleva a menudo la exaltación de la riqueza y diversidad de la cocina y las artesanías mexicanas. Éstas en particular parecen gozar de cabal salud en un sexenio tan volcado a lo autóctono y popular que la presidenta adorna sus elegantes vestidos con bordados exquisitos, y la jefa de gobierno luce múltiples vestidos coloridos, aretes y accesorios que sugieren gran afición al trabajo artesanal. Este uso simbólico del arte indígena actual no basta desde luego para borrar la falta de políticas públicas efectivas para la población indígena del país, ni la hostilidad hacia quienes se oponen a megaproyectos y despojos. Tampoco puede borrar la arbitrariedad de autoridades municipales que, en vez de valorar el trabajo de comunidades y familias artesanas, y de darle un poco de coherencia al mensaje implícito de Sheinbaum y Brugada – “este trabajo es valioso”- hostigan a artesanas/os auténticas/os que trabajan por su cuenta, mientras facilitan la venta de prendas chafas y copias chinas en “ferias” con patrocinio oficial, o permiten la proliferación de puestos sucios y desordenados por calles y avenidas, a la vez que promueven la gentrificación a la espera del Plan General de Desarrollo, cuya aprobación ya sueñan asegurada.

Tal es desafortunadamente la situación en San Ángel, zona patrimonial de gran atractivo turístico, donde vecinas/os y artesanas/os hemos convivido en armonía durante años o décadas, bajo distintos gobiernos, y nos hemos beneficiado mutuamente. Nosotras/os, con la riqueza estética y diversidad cultural que aportan familias y mujeres (sobre todo) de distintas zonas del país; ellas, con la venta a un público local admirativo y a numerosos turistas nacionales y extranjeros que respetan su trabajo, lo compran con gusto para llevar hermosos regalos a familiares y amistades. Más de un turista va expresamente a la plaza de San Jacinto y sus alrededores porque ahí, además de admirar el entorno, encuentran productos originales, de excelente calidad y buen precio, en un ambiente pacífico y amistoso (con excepción de patrullas escandalosas y choferes de valet parking prepotentes).

Todo iba bien, hasta hace unos meses, cuando, inexplicablemente, se desató la extorsión.

Si antes algún “inspector” pedía su “cuota” a algunos artesanos para dejarlos exponer su mercancía y vender en paz, como siempre, sin molestar a nadie ni invadir las aceras ni dejar basura, de unos meses para acá, empleados de la alcaldía han exigido sumas exorbitantes por otorgar “permisos” y “dejar trabajar” a quienes ya forman parte del barrio. A algunas artesanas, que vienen de lejos a exponer su trabajo, les han pedido 40,000 pesos, a otras 90,000 o 100,000 pesos. Aseguran estos “servidores públicos” que es orden de la alcaldía y, de hecho, hay quienes han ido a pagar a la Dirección Jurídica y de Gobierno. No le pagan al director sino a algún empleado. Desde luego, no hay recibos; sí, la promesa de tramitar un permiso permanente pero revocable. Este, según personas que han hecho el trámite, implica después un pago mensual de 300 o 400 pesos. ¿Quién permite o promueve esta extorsión institucional(izada)?

Con tal de mantener a su familia o a familias artesanas cuyo trabajo distribuyen, más de una persona se ha endeudado con algún banco. Otras se han ido. Otras resisten. Los permisos no son inmediatos, pueden tardar semanas. Lo que sí es inmediato, para quienes no pagan, es el hostigamiento del o los inspectores que pretenden reubicarlas/os a lugares menos visibles, o las/os obligan a irse; incluso les han confiscado su mercancía.

¿El pretexto? La supuesta oposición de los vecinos a la presencia de artesanas/os en San Ángel los sábados y domingos. Quien así se adjudica la voz vecinal prefiere “olvidar” que hace unas semanas vecinos/as de la zona firmamos una carta en apoyo a los/as artesanos/as.

¿Sabe el alcalde de Álvaro Obregón lo que pasa en San Ángel?

Lucía Melgar

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).

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